La vida es compleja.

La vida es compleja. Por eso cada instante que no vivimos es parte de otra vida.

No recuerdo si lo escuché tal cual o si escuché algo parecido y a fuerza de darle vueltas, finalmente la metabolicé así.

En cualquier caso.. yo siempre me refiero a “mis vidas” en lugar de mi vida pasada porque las delimito en función de etapas diferenciadas por las distintas relaciones que he tenido. Estas, generalmente se resumen en cinco:

+ Infancia, casa paterna, estudios, adolescencia, etc..

+ Gen. Mi primer matrimonio. Hija.

+ María. Esta es la etapa de mi vida entre parejas. Bar. Desfases, fiestas.

+ I. Tercera pareja estable? Drogas y bajada a los infiernos.

+ Ann. Resurgimiento Ave Fénix. Actualidad.

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– Vuelve a la premisa.

– …? No estabas durmiendo?

– Va. No empecemos. Vamos a desarrollar este tema en paz..

– Ok. – La vida es compleja. Por eso cada instante que no vivimos es parte de otra vida.

– De verdad lo crees así? A qué te refieres -en concreto- con lo de “cada instante que no vivimos”. No los vivimos todos?

– La frase no es mía. Solo la desarrollo. Ahora bien, supongo que se puede referir a los momentos inútiles del día a día. A los intrascendentales.

– …?

– Por ejemplo, a cuando estamos tumbados en la cama. Sin dormir. Tan sólo perdiendo el tiempo. Ganduleando, hay muchos ejemplos. A esos momentos que no producen nada.

– Discrepo. Todos los momentos son útiles. Tal vez te parezca que estar tumbado en la cama sin hacer nada, no sea productivo, sin embargo.. -por ejemplo en nuestro caso-, podemos estar reflexionando sobre tal o cual actuación. Comparándola con alguna anteriormente acaecida en lo que nosotros llamamos “otras vidas”, de esta forma, podemos comparar y solucionar actitudes, que antaño (con otras parejas) resultaron desastrosas y tras meditarlas, sin actuar en caliente, afrontarlas de otra manera. Tenemos varios ejemplos -ya sabes- que lo podrían corroborar.

– A eso se le llama madurar.

– Vale. Pero el momento de meditar para madurar se ha de hacer en algún sitio. Da igual que sea tumbado en la cama, que sentado en un sillón delante de la tv. Nosotros -tu más, con tus fobias sobre los anuncios televisivos- por ejemplo, utilizamos esos “intermedios” para desconectar y meditar. No es, de hecho, una pérdida de tiempo en si, estar delante del televisor si no prestas atención al mismo? El ejemplo, creo, es similar.

– Puede que tengas razón. De hecho, estas conversaciones escritas -a dos- serían otro claro ejemplo de..

– Exacto.

– Espera. Volvamos a la frase. Siguiendo lo que dices.. acaba de razonar la frase. Si lo que no vivimos es parte de otra vida, a mi me parece que si como dices, los momentos de reflexión son los que nos hacen madurar, se podría establecer que los momentos que estamos ausentes de ésta, la vida actual, bien podrían pertenecer a las anteriores. Esto es..si ante la encrucijada -por ejemplo- de una disputa con nuestra actual pareja, para poder ofrecer la respuesta adecuada y concluir la bronca de manera satisfactoria, nos vamos a meditar sobre lo que hicimos -y erramos- en una relación anterior. Es lógico pensar que ese momento lo estamos viviendo en alguna vida anterior.

– Tu crees que esto interesa a alguien?

– …!! – No me ayudas con tus continuas interrupciones. Lo sabes, verdad?

– Verdad. Pero qué más da? Esto lo podemos discutir -por ejemplo- tumbados en la cama. No hace falta aburrir a quién quiera que sean quienes nos lean.

– No puedo con tus comidas de coco metafísicas.

– Ya  La vida es compleja.

– Pues eso..  Por eso cada instante que no vivimos es parte de otra vida.

– Capullo!!

Hipocresía, costumbres y perros.

– Que pesados son mis canes! (tienen que oler todos los árboles?)

Es imposible permanecer impávido ante estas situaciones diarias. Tres, cuatro veces al día, llevo a mis perros a pasear. Tengo un macho y una hembra. Ambos -como todos los chuchos- se ensimisman en oler árboles y micciones varias, en cada uno de sus paseos. A lo largo de los mismos con ellos y a fuerza de observarlos, he llegado a delimitar una suerte de lugares donde parece, están más dispuestos a orinar. (esto, lejos de ser baladí, acostumbra a ser útil para los momentos en que necesito que orinen por premura, prisas, días lluviosos, etc).

Los porqués de éstas -a nuestros ojos- asquerosas actividades, son harto conocidas por todos. Motivo por el que no incidiré en ello. Aun así..siempre que, -paciente-, espero a que hagan sus cosas, no puedo por menos que pensar en la siguiente conversación sobre la situación:

– Tienes que oler todos los árboles? No estás muy mayor ya para seguir olisqueando allá dónde meó la Golden?

(mi perro, concentrado en sus olisqueos, permanece completamente ausente a mis diatribas)

Tras estas absurdas preguntas que le repito sin parar, en voz baja aunque audible, incluso a veces, delante de alguna dueña de otros canes, que solícita se apremia a entrar en la conversación con un:

– Déjalos. Es su instinto. “Ellos” se conocen así.

No puedo dejar de sonreir, asintiendo de manera bobalicona ante la parrafada de turno que la sugerente tetuda acaba de proclamar en amistosa disculpa, cuando mi can -tras dejar de oler el árbol- se gira hacia mi y parece estar contestándonos a ambos con un:

– Te digo yo a cuantas “olfaterías” tu si no estuviese mal visto entre los humanos?

Obviamente, no dejo de reflexionar sobre el tema y, mentalmente, comparar las situaciones.

Imaginarme “olisqueando” en acoso a más de una hembra en sus zonas más íntimas me produce desazón. No podemos comparar los instintos animales con los civilizados, sin embargo… Si no estuviera mal visto socialmente? dejaríamos de hacerlo?

Sobre perros y vecinos.

Bajo en el ascensor.

Hablando con los perros.

Se para a mitad de camino. Se abre la puerta y -sin poder reaccionar al perfume que se desprende a través de un prominente escote, invadiendo nuestra mínima intimidad-, me doy de bruces con una vecina de proporciones hermosas. La del segundo, que tras la pechera, se abre camino en el pequeño cubículo entre mis canes y yo con paso firme.

Habla, -no se bien qué-.

Yo sigo con mi dialécticas perrunas y con dificultades respiratorias ante el insistente perfume bajo mi barbilla.

Imposible desviar la mirada. De sus tetas a sus ojos. Las primeras – que las puedo casi morder, en mi conversación canina- se me clavan en el pecho ante la estrechez del ascensor. Los segundos, los intento evitar. De esta manera evito una frugal conversación banal.

Siguen sus palabras surgiendo de su boca.

Y ya no se qué contestar -ni dónde esconderme-, de repente, pienso en una araña a punto de comerse a un mosquito.

Se abre la puerta. Liberado.

Las correas de mis canes saliendo a galope, vuelven a crear una suerte de roces, pequeños golpes e incluso un coscorrón de cabezas, no deseados.

Vuelvo a sentir su pegajoso perfume en mi garganta. Apuro el paso mientras la nausea galopa.

Toso -intentando un disimulo-.

Qué pensará? -Acierto a preguntarme mientras huyo miserablemente.

Esa sensación…

Aprovechando que hablo de drogas.

A propósito de drogas..

Para los consumidores avanzados de estimulantes mentales psicoactivos.

Una de las mejores experiencias, cuando te sube el ciego… ese momento justo en que lo sabemos. Ese momento que definimos como: AHORA. Justo en ese momento os metéis a revolver en “Configuración” en el móvil.

De verdad, sin desperdicio.

Sobre viajes astrales.

Últimamente, al despertar, siento como si me hubiera desprendido de mi cuerpo hacia algún viaje astral.

Y necesito algunos instantes de más para volver a reunirnos -mi cuerpo conmigo- y conseguir levantarme.

Es una sensación parecida a como si le costase volver… -aun no comprendo si lo hace a conciencia, como si (mi mente) prefiriera permanecer desligada al cuerpo- …para reanudar el cambio de karma.

Cuando me drogaba.. -los estimulantes que mecían mi cerebro- me permitían comprender con más facilidad las distintas órbitas que conformaban las norias.

Qué placer cuando chocaban dos norias!!

…sin embargo.. ahora es como si se hubieran vuelto perezosas por volver.

(lo cual me permite, espacios inconexos de realidad. Espacios en los que mi pensamiento dormido, mi cerebro, en suma, aun no ha llegado cuando mi cuerpo ya parece haber despertado)

Sobre la torpeza.

No se si el resto de la humanidad acostumbra a caerse. Supongo que todos, en algún momento, sufrimos un tropezón, un traspiés, un resbalón, vamos, alguna de esas ilustres torpezas que provocan que demos con los huesos por el suelo.

Yo, debido a la cojera, acostumbro a tropezar alguna vez -por lo menos- cada dos semanas. Esto conlleva una serie de movimientos espasmódicos con los brazos, haciendo extrañas palmadas osciladoras en el aire, como si volase. Lo mejor del momento es cuando una vez repuesto, miro -no sin cierto disimulo- a mi alrededor. Para calcular el tanto por ciento de ridículo que puedo sentir, en función de las caras de sorpresa que haya en el perímetro cercano..

Como además, lo normal es que pendientes de mi mano derecha, vayan los dos canes que siempre llevo en mis paseos, la estampa que debo imprimir al gesto, debe ser, todavía más absurda si cabe.

En alguna ocasión, no consiguiendo controlar el equilibrio, he acabado en el suelo. Dicho esto:

Aun me levanto -no sin cierta comicidad en mis movimientos- bastante raudo, cuando esporádicamente tropiezo y caigo.

Palmas doloridas, rodillas desolladas.. y si voy con mi mujer, encima me riñe.

Claro!! Se asusta en primera instancia. Y el incómodo sobresalto saca su.. cómo os diría? Su talento vírico-cariñoso?

Me recuerda a cuando crio -tras ser avisado varias veces por mi madre sobre no hacer tal o cual cosa- Tras hacerla una vez más y, por ejemplo, caerme, hacerme daño, etc.. acostumbraba a darme una zurra “para que aprendiera”. Siempre pensé -desde mi pequeño cerebro de niño pequeño- que era una gran injusticia que me pegaran tras hacerme daño, en lugar de reconfortarme con un mimo, que pensaba sería lo más acertado.

Supongo que la primera tensión liberada tras el susto por el posible daño que me haga, es el mismo que se libera en mi esposa ahora como lo hacía mi madre antes.

Recuerdos madre.

– Ay, maña. Que no sabes hacer nada!!

Esta frase, que yo utilizo con mis mascotas, para cuando les pido actos imposibles para ellos…

– Tráeme el mando de la tv, .. una cerveza de la nevera, coge el teléfono que tengo las manos mojadas, ve a buscar pan a la tienda de abajo..

… en fin, una suerte de acciones totalmente absurdas para su entendimiento, pero que en el día a día -como hablo más con mis perros y mi gata, casi, que con mi esposa- al final acabo “riñéndoles” por su ineptitud con la frase de marras.

– Ay maño, que tonto eres.

– Ay maña, que no sabes hacer nada..

Esta frase, insisto, me recuerda a la forma de hablar de mi madre -nacida en Zaragoza- cuando nos apartaba, al vernos torpes ante alguna acción.