Barrios prohibidos?

A veces, nuestras rutinas, nos hacen caminar por las mismas calles una y otra vez, sin atrevernos a entrar en alguna otra…
(de esas que al principio lucen una señal vertical blanca coronada con un rectángulo rojo sobre fondo azul)
… el malogrado dibujo, nos anuncia visualmente, NO HAY SALIDA.
Los cíclicos paseos descartan nuestro paso por ellas.
Pocas veces osamos intuir que tal vez nos estemos perdiendo un edificio digno de ver, una enredadera que cubre una fachada victoriana, o un descampado arremolinado de chabolas con huertos llenos de colores y vida.

Hace unos días,  el deambular de mi paso sereno hacia ninguna parte, concentrado tan sólo en vé a saber que mentira radiofónica,  me permitió seguir a mis perros por una calle que a su entrada lucia una de estas ultrajantes señales..
De repente, tras una fila de coches aparcados con el criterio de un niño que juega con ellos en la alfombra de su habitación,  topé con una hilera de pequeños huertos. No eran muy grandes. Apenas cinco metros de ancho por unos treinta a lo largo, la sucesión de casetas prefabricadas una tras otra, puerta caseta, puerta caseta, puerta caseta.. le conferían el aspecto de una especie de maqueta de urbanización en miniatura.
Mi primera sensación,  atónito,  fue mirar a ambos lados de la calle “sin salida” y pensar:
– Cuándo habían montado esto al lado de mi casa?
– Cómo no me había enterado de que estaban a tan sólo trescientos metros..?
– Seria una nueva oportunidad del Ayuntamiento para gente parada?
– Cómo se…
Las cañas de las tomateras fuera de estación,  el ladrido de Rufus, un cachorro de cruce desconocido, con el que mis canes se olisquean todos los días en otro sitio, el saludo franco de un vecino.. me retrotrajo de mis devaneos elocubrantes, al tiempo que veía también barbacoas improvisadas, malas hierbas amontonadas y una serie de inequívocas señales de que igual había décadas de trabajo acumulando generaciones, en aquellas pequeñas parcelas de tierra mil veces removida.
Disfruté de los colores que alternaban el gris endémico de la urbe que lo englobaba, del olor a tierra húmeda, respirar un poco de aire menos denso y entablar alguna conversación sin el ZUMMMM ZUMMMM de los vehículos que raudos parecen volar en todas direcciones de mi día a día durante un breve espacio de tiempo que me pareció eterno..

No os voy a contar nada que no sepáis.  Ni siquiera una moraleja mordaz recurrente.. pero, dado que es domingo y luce buen tiempo, os aconsejo que cuando veáis una señal de NO HAY SALIDA, lo repenseis un poco antes de pasar de largo.
Pasad un buen fin de semana.

(escrito en Facebook marzo 2013)

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