Hacerse mayor?

Recuerdo cuando crio la necesidad, casi imperante, de hacerme mayor.
Creo que casi todos los crios soñamos alguna vez con eso, hacernos mayores, pretender crecer para poder disfrutar de unos privilegios que aun no nos toca vivir. Acceder a un cine, cuya programación estaba restringida para mayores de.. seria un ejemplo sencillo de comprender,  sin embargo tengo más, muchos más.
Ahora mismo no recuerdo ninguno lo suficientemente importante como para describirlo en ejemplo, sin embargo se que tenia tantos como motivos para hablar de ello.
Entre mis doce y catorce estuve interno en un colegio, realicé los cursos de séptimo y octavo de EGB.
Fueron años terribles. Los recuerdos de aquellos años los tuve bien guardados en algún rincón de mi cerebro durante décadas.
Tan sólo se me ocurrió desempolvarlos hace ahora cuatro años,  preguntándole a mi madre, el por qué tomaron en casa la determinación de internarme en aquel colegio. No saqué trigo limpio. Mi madre, nerviosa, no supo aclararme nada nuevo, tampoco yo elegí bien mis palabras, mi esposa y mi hermana zanjaron el asunto y yo concluí,  que si pretender respuestas a la única persona (todavía viva), iba a suponerle dolor, mejor era que lo volviera a empaquetar y guardar.
Sin embargo, las dudas que durante años acribillaron mi cerebro, me han conducido a exponerlo aquí,  en este blog. Por lo menos podré guardar el paquete aquí y permitir a mi cerebro aumentar algunos milímetros su capacidad de memoria.. (risas..)

En séptimo sufrí el acoso de otro interno. Le tenía miedo, no por lo que me pudiera hacer, pegar o similar.. si no más bien por el pánico/vergüenza que me producían las amenazas de aquel chaval. Era de una barriada muy problemática de Barcelona, mi ciudad natal, y sus continuas amenazas sobre con cuántos otros pandilleros me iban a esperar, tal vez seguir al bajar del autobús que nos llevaba, no siempre, de vuelta a casa los fines de semana, intuir que tal vez pudieran llegar a conocer a mis hermanas menores, imaginando siempre lo peor que pudiera acontecer me traía de cabeza.
En los recreos y tiempo libre de clase, comedor, dormitorio, etc.. Domingo (asi se  llamaba el chaval que me martirizaba), proponía diversas apuestas tipo:
– A que no te atreves a beber agua de un charco?
Apuestas que yo definitivamente perdía por ser imposibles de realizar sin humillarme ante él,  lo cual iba generandome una deuda para con él cada vez más imposible de pagar.. con lo cual, mi temor hacia él se fue consolidando.

Perdí mucho rendimiento a nivel escolar, tampoco me integré en acontecimientos deportivos, me pasaba los ratos libres escudriñando escondites o realizando tareas absurdas que me quitaran de en medio.. recuerdo haber ido a rezar unos minutos al salir al recreo durante meses. Eso me despistaba a los ojos de aquel durante el tiempo necesario como para que se buscase otra ocupación al no dar conmigo.
Lo de los rezos en la capilla no funcionó.  No me aportaba seguridad y, en mi fuero interno me daba cuenta de que me estaba convirtiendo en un gili de esos que apreciaban los curas del colegio. Esto es, un alumno integrado en un centro religioso.

Dejé de solicitar el permiso para bajar los fines de semana,  tampoco mi padre parecía muy desconsolado ante esta actitud mía (pero este capítulo lo dejaré para más adelante), pensé que si no bajaba, las posibilidades de Domingo de hacer daño eran mínimas. Por lo que comencé otra etapa de soledad sin dar explicaciones a nadie. Lo cual me confirió aun más ese carácter tímido y solitario que se forjó en mi adolescencia.

Podría explicar con más detalle las mil maneras de sufrimiento que conseguí almacenar, más hoy en dia, ya se conoce mucho mejor este problema denominado como moobing escolar, como para que yo ahora me explaye..

Tan sólo quiero decir algo que tengo clavado en el corazón, ahora que ya soy adulto comprendo que no es tan importante,  sin embargo, exponerlo aquí,  vomitarlo, creo que es necesario.

En las semanas previas a mi cumpleaños (febrero), se destaparon mis problemas con Domingo, la dirección del colegio tomó cartas en el asunto, pero la conclusión y recomendación del psicologo escolar determinó que Domingo tenia un carácter que no iba a cambiar de actitud, por lo que se recomendaba un control más exhaustivo de los chicos internos pero nada más.
El recuerdo más doloroso que tengo de aquellas visicitudes, fue cuando en un aparte familiar, rodeado por padre,madre y hermanas, mi progenitor me dijo:
– Bueno, ya me dirás qué quieres que te regalemos para tu cumpleaños…
Aquí,  yo callado, sin abrir boca, escuché a mi padre acabar su frase..
… porque cambiarte de colegio no es una opción.

Aquellas palabras, cuyo significado se traducía en el frío terrorifico de saber que aun leyéndome el pensamiento,  no podría contar con él,  fue como un chasquido dentro de mi. Mi padre me dejaba tirado frente a Domingo.
No recuerdo cómo acabó séptimo. En octavo sólo eramos siete internos que cursabamos octavo (el último curso que allí se estudiaba), Domingo no estaba.
Siete chicos mayores para repartirnos las diferentes tareas del colegio de curas.
Aquello prometía.

En lo sucesivo no mostré mi miedo nunca más. Cuando lo pasé,  me lo guardé para mi. Y a lo largo de los años hice mía aquella frase que reza:
– Lo que no me mata, me hace más fuerte.

Sólo cuando fui padre volvieron mis temores.. pero eso ya no lo vivi en primera persona. E intenté estar.

Un comentario sobre “Hacerse mayor?

  1. Las palabras de mi padre en referencia a lo del regalo y el cambio de colegio, creo que fueron una salida poco airosa por su parte.
    No conseguian consolar a un niño aterrado.
    Tal vez su intención fue buena, tal vez su propósito fuera el de endurecerme para que me enfrentara a la vida. A mi vida. Cosa que funcionó. Pero tambien hubo otros muchos detalles en aquel episodio, que todavía no controlo demasiado (y que es obvio que nunca podré aclarar), detalles que a mis ojos, hicieron mucho daño, un día si eso me explayo con detenimiento.
    Que pintaba Pilar, mi profesora de Historia, siempre alrededor, cuando, en lugar de bajar yo a Barcelona, acudían ellos, los cinco, a comer conmigo los domingos?
    Por qué se fraguó aquella amistad con ella, que hacía que compartiera continuamente comidas en restaurantes en aquellos breves momentos de unidad familiar?
    No comprendían, mis padres, que eso sólo me traía problemas con los otros alumnos?
    En fin, lo dicho.. para otro día más.

    En cualquier caso, la proposición de mi padre estuvo mal.

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