El techo de mi casa, el seguro y el pintor.

Para contar esta aventurilla, (ya habréis llegado a la conclusión,  los que me leéis,  que todo lo aquí contado, es de primera mano), me tengo que remontar a unos siete años atrás. De cuando vinimos a vivir aquí. El propietario de la casa se puso muy pesado recalcando que el inmueble poseía un seguro que cubría cualquier problema que pudiera surgir. Yo nunca he dado mucho crédito a estas afirmaciones,  siempre son cosas que se dicen por quedar bien. Pero el insistió mucho.. luego ya nos dimos cuenta de que era un paternalista frustrado por la enfermedad de su mujer que hablaba por los codos sin llegar a concluir..

La verdad es que cuando hemos tenido problemas con la caldera, siempre se a hecho cargo sin coste para nosotros.
Luego, cuando nos rebajaron el alquiler hicimos un mutuo acuerdo por pagar a medias determinados arreglos.

Vivo en un quinto que es ático. Sobre mi sólo hay un pequeño techo de chapa inclinado sobre el forjado de hormigón. El edificio es de construcción económica,  por lo que cuando en verano pega el sol, es un horno y en invierno, nevera. Por lo demás está bien. Bien iluminado,  espacioso, me gusta. En peores sitios he vivido.

Sin embargo, la deficiente construcción de dicho tejado nos ha dado numerosos problemas con goteras.
Como ya he dicho antes, en peores plazas he toreado, como tampoco somos de esos exigentes intransigentes.. vamos conformandonos con lo que hay.
Somos currantes. Ni clase media ni baja. Supervivientes de hoy en día; de los que como no perdimos el puesto de trabajo durante esta crisis, podemos sentirnos afortunados.

Con las primeras goteras, nos explicaron que éstas se producían porque el remate de la tela asfáltica con el casetón del ascensor, estaba mal pegado y cuando la lluvia daba de lado, ayudada por el viento, se colaba. Vino el perito del seguro, hizo fotos, vamos, esas cosas..
Subieron,  miraron y lo arreglaron. Cuando se secó el techo de la cocina, vino un paleta, lo picó, lo saneó y lo arregló. Luego, vino el pintor, y lo pintó. Junto al resto del techo de la cocina.

A los tres días volvió a llover, y volvió a caer agua a chorros por el mismo sitio.

Recuerdo, cómo me cabree y llamé entonces al propietario. Que bronca le pegué entonces por la labor que entre unos y otros habían hecho.
(si por aquel entonces hubiera sabido lo que el futuro me deparaba, sin duda me hubiera ahorrado el berrinche)
El dueño de la casa se deshizo en disculpas y argumentó que ya miraría de solucionar el problema a la brevedad.
Dada es su pericia a la hora de gestionar, que cada vez le llamo menos. En realidad ya no le he llamado nunca más. Para qué?
En su lugar hablé con el administrador de fincas,  que a su manera, arregló el problema. Otras dos semanas picando en el tejado. Comodisimo para alguien que, como yo, que trabaja de noche, intenta dormir de día.
Volvió el perito, volvió el paleta. Volvió el pintor.

Y, si.. volvió a llover, y volvió a bajar agua por la pared.

El presidente de la comunidad, fue sustituido por otro, curiosamente un Guardia Civil retirado, que vino un día a casa para explicarme que todos los áticos de la finca (son siete escaleras por seis viviendas por planta), tenían el mismo problema de goteras y que no tenian presupuesto para cambiar los techos. Que andaban liados en juicios con la constructora y que en breve? esperaban sacar los cuarenta y dos mil euros del coste de la obra.

Sinceridad benemérita -pensé para mi.
Así y todo, volvieron a mirar todos otra vez por el tejado. Entonces se dieron cuenta de que en el edificio gemelo al mío,  éste contaba con un desagüe de más en el canalón de pluviales del tejado, se pusieron a revolver y concluyeron que los que montaron el tejado de chapa “se olvidaron” de colocarlo. Tras intensivas busquedas en planos, se dieron cuenta de que el bajante estaba construido aunque anegado, y, casualmente estaba junto a un pilar que discurría paralelo y cubierto en una de las habitaciones de casa. Qué casualidad.

Por descontado, accedí convencido, a que la primera solución (y la más económica), era que picaran el techo de la habitación en cuestión, la de mi hija. Tensión, razonable.. pero tensión.

Comenzaron las obras, acabaron las obras, vino el perito,  el paleta, el ayudante, el capataz, el picoleto, y por fin el pintor. Un trasiego de gente todos los días, pasillo arriba pasillo abajo dejando polvo y mierda a cada paso y los perros ladrando cada vez que sonaba el timbre.. una semana fantástica.

Coincidió de cuando encontramos un  piso más barato y al dueño del nuestro, para fidelizarnos, se le ocurrió bajarnos el alquiler a la mitad. No nos cambiamos.
No nos podemos quejar, pensamos.

Como aquello tragaba bien, ya no se acumulaba agua y por tanto, como no se desbordaba la canaleta,  no había humedad. Suerte. Por fin. Dos años habia durado el Via Crucis, como nos quedaban 19 meses de contrato a… la mitad del alquiler. ? Casi un kilico de los de antes. Valía la pena transigir.

En el invierno siguiente,  salió la primera mancha en el comedor. También caía agua por la junta de la chimenea de la caldera, hice fotos, un vídeo y lo comuniqué al administrador, al picoleto y al propietario (a este último vía wassap, ya dije antes que juré no volver a hablar con él? )
El primero envió al perito, el picolo no acudió, (más tarde lo pillé en un parking y de nuestra conversación se podría extraer poco a futuro..), el propietario contestó, muy solícito, por si la caldera habia sufrido daños? Envió un tecnico de la empresa suministradora de gas que, sin tan siquiera mirarla me extendió una factura de ciento ocho euros, que yo me negué a pagar.
Total.. a la caldera no le pasaba nada. Tan sólo tuve que fregotear y escurrir el agua de lluvia que se había deslizado a través de ella.
Se fue, renegando.
A los dos o tres días,  llamó el propietario para preguntar por qué me había negado a pagar la factura. Le expliqué que no había hecho nada, ni tan sólo mirarla. Y, que además,  entendía que esas cosas las cubría el seguro. Bien el de la comunidad.. bien el tan renombrado suyo. Colgó.
Más tarde volvió el perito del administrador, para fotografiar por donde entraba el agua hacia la caldera. Éste se mostró muy sorprendido ante mis explicaciones y cuando le cedí el vídeo wassap de cómo bajaba el agua por la misma, conociendo además el historial de la finca, no dudó en contarme que no me preocupara, que “ésto” lo tenemos ganado.

En Semana Santa cayó otro aguacero de tres pares. Salió la segunda mancha de humedad en el comedor y se agrandó la primera.
Ya imaginais.. llamada, perito, picoleto, propietario,  todos en procesión por casa, sólo les faltaba el cucurucho de penitente en la cabeza y las túnicas moradas. Los perros ladrando.
Ante tal despropósito continuo les dije que ya estaba harto y que cuando se secase el techo, ya nos pondríamos en contacto con los oficios para sanear y pintar.

Llegó el verano, llamó el pintor, como nosotros teníamos el balcón lleno de plantas entonces, y no queriamos trasiegos de ojos ajenos, escurrimos el bulto hasta septiembre o primeros de octubre, acordamos fecha con el pintor y concretamos que el veinte de noviembre nos pintaría el comedor.
El diecinueve se murió mi primo, esto ya os lo contaré otro rato, que también tiene miga..
Llamé al pintor y, entre excusas y lloros con mocos, le conté lo que había.  Nos ibamos de entierro a otra provincia y había que posponer la pintada.
Me contestó que vale, que ya lo haría más adelante, cuando tuviera un hueco..
Este fin de semana, con el temporal de viento, ha aparecido una nueva gotera. Las otras crecen. La primera ya parece un gigantesco huevo frito, con puntillas y todo.

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