Escrito en el PAULANER, 1-nov-1995

Este relato era parte de una carta a Brigitte.
Brigitte era una rubia francesa con la que salí de manera itinerante en los años que siguieron a mi primera separación matrimonial. No sentíamos un amor al uso, pero si cierta atracción sexual que pocas veces llegó a término. Como en realidad nuestros caracteres no se soportaban, resultaba difícil hacer durar veladas que acabasen sin discutir, con portazo o ahogando penas en algún licor..

En esas separaciones consecutivas, nos carteabamos de provincia a provincia contándonos desventuras, líos, romances, problemas o borracheras. A lo largo de un par de años jugamos al gato y al ratón. Que yo andaba por Barcelona,  ella estaba en Almería. Que yo bajaba hacia Andalucía,  ella visitaba a su madre en Orly. Cuando yo trabajaba en Madrid, su hijo se había ido a pescar con su padre a Cabo Verde. Las cartas se perdían o no llegaban.. luego, un día,  aparecían dos, con remites distintos. Al final nos olvidamos el uno de la otra.

Sin embargo, este borrador de una carta lo guardé en la mochila del tiempo perdido.
No recuerdo que me llevó a hacerlo, pero siempre supe que andaba por ahí.
Hoy, rebuscando unos contratos para la Agencia Tributaria, he topado con estas lineas:

Tal y como cito en el título, fue escrito el uno de noviembre de mil novecientos noventa y cinco en una fría mesa de una taberna alemana. El PAULANER, sito en la calle Galileo, Barcelona.

… la rubia de enfrente me mira sin parar, sabe que la miro. Se arregla el pelo, se yergue y saca pecho. No ha podido evitar en el gesto, el endurecimiento de sus pezones al rozar el gelido borde de la mesa de marmol, el respingo la ha delatado.
Sonrio.
Se ha dado cuenta, sigo sonriendo, ahora con más descaro. Aunque de manera simpática, sin desentonar.
Se ha ruborizado al darse cuenta de que me he dado cuenta.
Mientras continúa hablando con su pareja, a intervalos me observa con disimulo. Aguanto la mirada. Desafiante. Su boca se abre, un breve hilo de baba permite brillar una dentadura perfecta, el rubor de sus mejillas, intenso, cálido.. y no puedo reprimir lanzar un beso al vacío.
Coño! Se levanta el ¿novio? Suspiro… se encamina hacia los lavabos.
Se cruza con la amiga, una regordeta carabina que con ambos en la mesa estaba sentada. No había reparado en ella. Pues estaba sentada de espaldas a mi.

Vuelve a sentarse en su sitio, interrumpiendo nuestras miradas, la rubia cuchichea.. su amiga se inclina sobre la mesa, escucha atenta, hace un rápido gesto por volverse que mi rubia ambición aborta con mano rápida.
De pronto, la nueva explota en carcajadas. Las dos rien hasta que los lagrimales estallan convulsos.

Se que en breve, la amiga se girará. Estoy preparado. Mi copa llena y a punto.. disfruto con la espera.
Ahí está! Se gira y yo levanto mi copa para brindar con su mirada. Se ruboriza y extravía la mirada encogiendo su rostro entre las manos.
Es ahora cuando mi rubia amiga, rompe a reir en carcajadas.

¡Ojo! Vuelve el meón. Pregunta por las risas sin obtener respuesta. Mira desconcertado alrededor y se sienta.

Vacío mi copa de un sorbo. A su salud. A su ignorancia. A su deseo cuando acaricie esos frios senos esta noche en algún frío portal.

Beberé otra a su salud con el suspiro pendiente de no besar otros pechos de otra rubia ausente.

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