Martes 27-enero

Hoy comienzo una nueva sección en esto.
Pretendo que forme parte de mi día a día,  dando pie a que quien puntualmente, quiera leerme comprenda mejor el cariz de lo que escribo.

Lo dicho, martes 27 de enero.

Amaneció un día gris en mi querida Costa Brava.
Demasiado nublado como para que el sol calentará la tierra de cerca.
La nieve en las cumbres más al norte del Pirineo cada vez se ve con más claridad por su extensa blancura monte abajo.
El día se presentaba frio a las nueve de la mañana.
Motivo por el cual, tras volver del lavabo, decidí meterme de nuevo en la cama.

No he explicado en mi defensa, que solo trabajo los fines de semana y festivos, en maratonianas jornadas de doce o catorce horas, permitiendome trabajar unas treintena larga de las cuarenta y ocho que conforman el fin de semana, si a esto se le suma que las pocas horas que duermo, lo hago con el teléfono de guardia debajo de la almohada.. que menos que permitirme un laxo descontrol horario, por lo menos al comienzo de cada semana normal.

Lo dicho, me volví a permitir dejarme engullir por las todavía tibias sábanas hasta que un sueño lento consiguió que cerrará los ojos -y de paso la boca-

Sobre las doce no había mejorado mucho lo que veía desde mi ventana, aun así,  recordando que mi esposa volvería de currar a las dos, y .. que torpe de mi, le prometí fregar los platos de la noche anterior, he decidido levantarme.

Ayer leí un artículo en una revista médica que recomendaba alternar el agua caliente de la ducha con agua fría. Repetir la operación dos o tres veces, en espacio de treinta segundos por ronda. Esto tiene la virtud de tonificar los músculos,  quitar el stres y llegar al trabajo fresco y relajado.
Me meto en la ducha, me enjabono, me aclaro y cierro el grifo del agua caliente.

Mecaguendiosmecago. .!!
Su puta madre! Que frio más horroroso!
A ver por que no puedo leer prensa deportiva como la mayoría de hombres de mi país,  en  lugar de llenarme la cabeza de pájaros con revistas que no se de quien coño son?
Me he secado bien. Calcetines, calzoncillo,  y me he vuelto a meter en la cama. La gata me miraba con cara de:
– Ya estás jodiendo como cada mañana? No puedes irte a otro sitio?
No le he hecho caso, con cuidado he movido un pie hasta conseguir apartarla sobre una esquina del edredón.

A los diez minutos, los ladridos de aviso de mis perros, seguidos de un portazo, me han hecho comprender que nuestra hija volvía de la universidad. Desde lejos he gritado un “Buenosdias” mientras saltaba, por fin, de la cama.

Tras comprobar frente al espejo del recibidor que podía salir a la calle sin causar demasiado daño, he cogido las correas y atado a los canes.
Seguía más nublado que desde casa.
Decepción. Una chaqueta más no me habría sobrado..

Al volver, mi mujer ya estaba en casa. Nos hemos saludado con el beso de rigor e intercambiado frases cariñosas.
– Hola cariño, cómo te ha ido en el trabajo?
– No ibas a fregar los platos?

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