Añoranza de los gritos de casa

– Mamá! No hay papel en el water pequeño!

He querido empezar con esta frase en primer lugar, porque a todos, por norma general,  nos retrotrae a la infancia. Bien sea a la nuestra, bien a la de nuestros hijos.
A mi en concreto, que la escuché el otro día en casa de unos vecinos, mientras les dábamos el pésame por el reciente fallecimiento de un familiar, además de sacarnos una sonrisa que rompió el frágil momento, me hizo pensar en cómo estos asuntos de intendencia familiar apenas habían cambiado nada en décadas. Igual lo único diferente, radicaba en que cuando hace cincuenta años era yo quien gritaba, la mayoría de las casas sólo poseían un lavabo y un water incorporado, por lo demás, todo parece seguir igual.

Por mi edad, hace ya tiempo que perdí el contacto con niños pequeños,  si que es cierto que aún deambula por casa de forma itinerante una hija. Ella dice que vive con su novio. Pero, qué queréis que os diga? Uno vive donde duerme. Y si la mayoría de los días,  (de las noches en este caso), duermes en otra casa, en el cómputo anual, se podría decir que vive más tiempo todavía con nosotros.
En fin, que ya no tengo trato con niños pequeños.

Hace un par de semanas, je, je, je.. (me río ahora de lo torpe que estuve), llamó a la puerta el hijo pequeño de Tony,  el vecino de enfrente. Al chaval, que apenas debe contar diez años, le faltaban las medias de hockey, y precisaba de un móvil para llamar a su madre. Sus padres están separados. El niño, apremiante en su demanda aunque ojeroso por llorar, transmitía un halo de fragilidad que no recordaba. Su madre no contestó,  su padre tampoco. Estaba a punto de invitarle a merendar como única ayuda, cuando apareció nuestra hija por la puerta que, rápida, le prestó unos calcetines suyos de futbol, al tiempo que a través de Google, se enteraba del número de teléfono de donde la madre trabajaba. Llamó y lo vino a buscar. Todo arreglado.
Todo? Miedo me da pensar en la bronca que le debió pegar, tal vez, a su ex, más tarde, por dejar al crio solo en casa.
O no? A su edad, yo ya corría por el barrio de mi Barcelona natal.
Lo dicho, que he perdido el trato con niños.

Además,  a veces me observó a mi mismo, reflejado en los escaparates, hablando con mis perros, sobre qué dirección tomar o hacia que sitio les apetece ir tal o cual día.
La imagen de viejo chiflado que debo dar a los transeúntes con que me cruzo debe de ser de pena.

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