Nada cambia (si uno no quiere)

Domingo, media mañana.

El bullicio frente a la puerta del estadio resultaba singular.
Los perros intranquilos por el ambiente reinante se mostraban alterados, atentos.

Multitud de corredores pululan por alrededor.
Ropas deportivas, brillantes y ceñidas sobre nalgas torneadas de tanto correr.
Familias enteras salen del espacio deportivo..

Ha acontecido una carrera popular, no me he parado siquiera a preguntar sobre qué pretendían reivindicar.
Racimos de hijos e hijas cuelgan de brazos paternales.

A lo lejos, el tañido a muertos de las campanas de la iglesia, contrasta singularmente el momento.

He apretado el paso, no fuera a ser me quitaran la mesa de la terraza.

Más tarde les vuelvo a ver sudorosos, lasos, las facciones estreñidas por el esfuerzo realizado.
Van pasando con la mirada absorta en mis perros, el husky siempre resulta un reclamo a los ojos de los niños..

En el plato, dos gruesas tostadas con tomate y aceite, cubiertas una con bacon y lomo con queso fundido la otra, esperan a ser engullidas mientras apuro tranquilo el sorbo de fría cerveza. Con la mirada tornada siento las suyas huidizas clavadas ante el insalubre almuerzo.
Sonrio.

Leo la noticia de que José Manuel Lara, el genio de los Premios Planeta ha muerto. 68 años. Cáncer.

Creo que su frase más jocosa decia:

– No alcanzas a ser nadie en la vida si no puedes levantarte a las once.

Vuelvo a sonreir, yo ya estoy viviendo esas palabras. Soy afortunado?

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