Janis

El otro día, escuchando el tema “Mercedes Benz” de Janis Joplin me vino a la memoria uno se esos episodios que tengo ya enterrado -podríamos decir- en el disco duro de la memoria.

Janis, es el nombre con que bauticé a un rollete de una noche de verano allá por 1998 o 1999.

Entonces trabajaba en la construcción, pero como aquel hijo puta de jefe que teníamos nos pagaba tarde y mal, siempre devolviéndonos los “pagarés” del banco de turno, alternaba el trabajo de colocar ladrillos con el de poner copas en un chiringuito de playa, convirtiendo mi día a día en un espasmo sin fin. Una jornada “normal” comprendía: De 8h a 13h y de 14h a 18h en la obra y de 21h a 4 y pico.. tras la barra. Dormir? Pues no recuerdo bien.. a ratos, entre horas, tras atragantarme comiendo deprisa.. en fin, que andaba agotado física y mentalmente.

En septiembre, cuando la marabunta de veraneantes de agosto vuelven a sus respectivas ciudades a continuar con sus prisas.. llegaban los turistas tranquilos, los que opinan que la mejor manera de hacer vacaciones es relajadamente. Sin aglomeraciones.

Bien es verdad que ya no pica el sol como uno o dos meses antes, pero..

En una de esas noches de verano, apareció una turista, creo que dijo ser madrileña, acompañada de un tipo que, sin ser el novio formal, si parecía aparentarlo con sus continuos escarceos amorosos a la vista de cualquiera que durante aquellas ya frescas noches de septiembre se acercara a tomar una copa a la luz de la luna.  Estuvieron por allí una semana corta, de esas de cinco días cuatro noches de hotel -que a fin de cuentas, si por las noches tiraban de chiringo y de día dormían al tibio sol, sin duda les debieron parecer nueve jornadas en realidad- sea como fuere, al segundo día, él ya parecía estar más borracho de noche que sobrio de día. Mientras, ella, se deleitaba en escuchar el rumor de las olas conjugado con la música chill-out  del garito, con los ojos bien abiertos -seguramente debido al hachís- y así pasaban los días.

Una noche, acudieron al chiri con las maletas -deduje pues, que esa era la última y por ende, que ya no tenían casa- A los dos whisky´s y tres caladas, sus ojos bromearon inequívocamente respecto de sus futuras intenciones. Entabló conversación conmigo ignorando al intrépido bebedor, y como el fresco de la noche ya no permitía muchos clientes , le pude dedicar más tiempo del que en condiciones normales le hubiera podido ofrecer. Del chill-out pasamos a algo más ligero y en menos de lo que dura una copa ya me estaba ofreciendo poner un cd de Janis Joplin que tenían en el coche.

La mala bebida de él quiso jugar un paso a nuestro favor, permitiendo que cuando el displicente muchacho marchara a buscar el cd en cuestión, ya no volvió más. Ella, contrariada, se acercó hasta el coche para ver qué había sido de su no novio. Volvió y me contó que él estaba durmiendo en el coche y que no encontraba el cd. Le contesté que no había problema, en casa tenía yo algunos de la común cantante y, si conseguía cerrar pronto, podría ir a buscarlos, para en íntima actuación, escucharlos bajo las estrellas.

A estas alturas del relato ya imaginareis cual va a ser el desenlace. Intentaré no defraudar. No mucho, al menos.

Por supuesto, nos las arreglamos para echar a los pocos noctámbulos que quedaban e incluso me echó una mano a recoger lo más indispensable mientras crecía en nuestras miradas un inusual y cálido in crescendo deseo. No os aburriré con eso del amor a primera vista de una noche de verano, no.. aquello que se fraguaba mientas nos rozábamos al recoger una silla o al -aparta un poco- que lleno la nevera, un ósculo robado, un roce de melena sobre cuello desnudo o incluso el sentir sus pezones erguidos al frío de la noche en mi espalda, albergaba tan solo una sesión de sexo desenfrenado.

Mi único temor radicaba en no tropezar con María -mi por entonces pareja ¿estable?- Sabía que tarde o temprano pasaría a “recogerme”. No he explicado que ella entraba currar en un restaurante próximo sobre las ocho de la mañana. Como yo llevaba todo el verano, casi empalmando horarios, me era más cómodo quedarme a siestear en el chiringo de la playa antes de ir a la obra, que ir a casa, acostarme, levantarme, etc, etc..

Como os digo, cerramos el chiringo, permitiéndonos crecer sin mesura el calor del deseo. Cogí la moto y sin casco para ella, decidimos jugarnosla por callejones estériles  de miradas abyectas. A las cinco largas conseguíamos esquivar a municipales y sargento, y.. glamouroso de mi, con un sorpresivo as en la manga tan bien guardado como jugado, la llevé al piso piloto del edificio que estábamos construyendo.

Lo siguiente, ya podéis imaginar..  A destacar? Lo rico que me pareció su muy precalentado sexo cuando arrodillado entre sus piernas abiertas lamí y relamí absorviendo los jugos que de allí manaron, mientras sus gemidos se confundían con los de una Joplin imaginada -que no escuchada- Tampoco puedo contar mucho más…

Feliz entre sus piernas, me dormí, agotado como andaba.

Y.. aunque satisfecha -supongo que a medias- desapareció sin portazo. Nunca más supe de ella, ni siquiera llegué a conocer su nombre. Tan sólo cuando volví al chiringo a la noche siguiente, bajo el mostrador, por la parte exterior de la barra, allá donde su sabroso caldo se había fraguado, encontré un cd de Janis Joplin con un breve Post-it pegado.

Gracias por los tres. Un beso.

12 comentarios sobre “Janis

    1. Jeje.. Entiendo que por tú forma de relatar prefieras más detalles.
      Sin embargo, yo me encuentro ante una diatriba difícilmente dura de superar.
      Cómo expresar sin resultar vulgar.
      Sí lo hace una escritora, el escrito rezuma erotismo y atrae, atrapa.
      Sí lo escribe un escritor.. rápidamente puedo entrar en el saco de los viejos verdes. Y sucumbir ahí.
      Comprenderás que insinue sin decir, que ofrezca sin insultar.
      Mis escritos son de primera persona.
      Preferiría que quién me lea no salga huyendo antes de conocerme. Ya habrá tiempo para subir el tono.

      Le gusta a 3 personas

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