Con más delantal que falda

Te he dejado hacer -cómo iba a evitarlo?- apoyada en el botellero de detrás de la barra.

Tu minifalda…

Su. Su minifalda, quiero decir, -aparte de babosear mi lujuria, nada nos une- era de color amarillo, el delantal de color negro mucho más largo dejaba ver sus rodillas apenas. Cuando se giraba, el culo respingón marcaba los glúteos bien formados bajo la mínima tela amarilla.

Mientras hablaba con los clientes se apoyaba -su pubis se apoyaba- en el canto del botellero de puertas correderas. Los discretos y rítmicos envites pélvicos le permitían un roce contra el duro metal confiriéndola un placer oculto a la clientela. Desde mi posición, en el córner de la barra, podía seguir sus casi imperceptibles movimientos reflejados en la cristalera del ventanal trasero.

A los pocos minutos, mientras escuchaba boquiabierta al cliente de turno.. por un mínimo instante nuestras miradas se han cruzado. Ella, rápida, se ha dado cuenta de hacia dónde miraba y, tras lanzarme una mirada ¿reprobadora? ha continuado hasta permitirse la descomposición de sus facciones transmutándose a las de una colgada corrida.

Mientras sentía que algo revivía allá abajo, entre mis piernas, me he permitido un guiño cómplice.

– Cuando puedas me cobras.. -he conseguido articular-

– Ya te vale. -me ha contestado- Podías haber esperado un poco más..

Instruyendo a la escritura desde el bar

Cerveza en mano, apoyado en la barra de mi bar preferido, comentaba sobre cuanto me gusta escribir sobre lo que me acontece. Entre los parroquianos, varios fueron los que convinieron en que ellos no serían capaces de mostrar “su vida” al público, -esto me produce bastante risa, pues la mayoría ya lo hacen en redes sociales tipo Facebook…-

Así y todo les propongo un ejemplo. Les pregunto que cuánto tiempo al día dedican a tener fantasías? la mayoría me miran en plan macho reprimido de los que no pueden hablar de masturbación en público.. por lo que decido cambiar un poco el aspecto de mi pregunta al tiempo que, lanzándome al vacío y sin red, expreso un buen ejemplo de imaginación.

– Cuando venía hacia aquí, -comencé a decirles- he imaginado que cada nueve pasos que daba mientras arrastraba a los perros, podía elegir quién iba a morirse primero, nueve pasos más, el segundo, nueve más, el tercero.. De esta manera, conseguía ir eliminando (mentalmente siempre causa menos remordimientos) a todo aquel -o aquella- que puntualmente se lo merecieran..

La carcajada general se ha unificado en brindis alzando copas y botellas cuando alguien al fondo a elegido a nuestro querido Presidente de Gobierno. Tras las risotadas, una chica se ha puesto a llorar y entre hipos y mocos nos ha expuesto que ella muchas veces piensa en como matar -que no morir- a un familiar directo suyo. Luego -dice- se siente muy culpable, pero que no lo puede evitar.. cada vez que discute con su padre, mentalmente piensa en cómo se deshace de él.

Han bajado las voces. las copas y botellas han dejado de brindar. Hasta la máquina tragaperras ha enmudecido su irritante reclamo.

Alguien le ha ofrecido un pañuelo.

Otro tunante -rápido en el cambio de tema- nos ha explicado que a veces sueña con que monta una escuela para perros. Ojo! Para educarlos. No para adiestrarlos. En sus sueños, los imagina sentados como humanos en pupitres de madera, levantando un cuarto delantero para, por turnos, ir a orinar..

La parricida potencial, -sin dejar de llorar de nuevo- nos explica que tras la muerte del padre, se ve obligada a conservar el negocio familiar y ponerse al frente de la granja de vacas lecheras.

– Odio el olor de las vacas a que huele mi padre.

La escucho decir, -mientras- apuro de un sorbo mi cerveza y mis ojos se pierden en si tal vez la cazadora que porta será de piel de vacuno…

Premios

El otro día me dieron un premio.

(en realidad me nominaron para uno)

Supongo que con buena intención, me invitaron al acercamiento entre personas -autores- de esto que denominamos Blog´s. En la invitación, alguien, de manera muy educada, me transmitía que me había nominado para no se qué premio por mi forma de escribir o de transmitir. Para la aceptación del mismo, debía re-escribir el artículo, nominar a otros quince Bloguer´s y publicarlo. No recuerdo si había alguna clausula más. No le di mucha cancha..

Recuerdo haberme sorprendido al ver mi nombre -el de mi blog- en la primera posición de los quince que componían la lista de los galardonados. He de decir que ese detalle me cautivó. De forma zalamera sentí por un instante de cómo alguien había pensado en mi para reconocer mi ¿obra?.. enseguida caí en la cuenta de que no conocía de nada a la persona que me agasajaba, -perdóname si me lees en un futuro- tampoco recordaba que hubiese comentado alguna vez alguna de las parrafadas inconexas que forman mi blog. Ni tan siquiera un píxelado electrón gastado en un “me gusta”. Nada. Tan sólo su nombre en el chivatito del Sistema para ¿recordarme? que había sido elegido. El elegido. -y en primera posición!!-

Podría deciros que me quitó el sueño y que el desvelo me inspiró esta historia  -qué menos que un reconocimiento al mérito ajeno-. Pues no. Mentiría.

La única realidad, pienso yo, es que este tipo de “reconocimientos”, “premios”, “memes” o como quieran llamarse en cada momento, sólo sirven para realizar interminables cadenas gracias a las cuales, las empresas anunciantes “fichan” nuestros gustos y/o posibilidades de compra para, sin ningún descaro, bombardearnos con publicidad.

Para concluir, comunicar a los posibles futuros “mecenas” que se lean el: “Sobre mi” Todos tenemos uno. En ellos intentamos dar una mínima versión de cómo nos gusta de ser recordados. En el mío, dejo muy claro sobre cuanto me repatean las aventuras endogámicas entre amistades virtuales.

El del taxi

Recordaba esta mañana -hablando con mi mujer- sobre un episodio concreto.

Recuerdo una noche en Salou, Tarragona. Andaba entonces de jefe de sala de la discoteca Amadeus. Mi cometido, siempre dentro del ramo de la seguridad, era que con habilidad y buen talante, conseguir que los problemas se solucionaran sin daños colaterales. Sin añadir problemas. Sin crear más tensión añadida.

No contaré aquí -no ahora- sobre los distintos tipos de clientes que allí se reunían. Tan sólo una pequeña anécdota:

Desde la barra principal me avisaron sobre un señor, mediana edad, que habiendo bebido mucho se estaba poniendo pesado en exceso. Con tranquilidad y discreción, me lo llevé hacia una zona reservada. Le invité a otra copa y, con tranquilidad le expliqué que su comportamiento estaba causando alerta alrededor suyo. No se avino mucho en principio pero conseguí convencerle de que saliera a tomar un poco el aire y que así se sentiría mejor. Por supuesto, se podía llevar la copa fuera. Una vez en la calle y tras tomar un rato el aire, convinimos en que sería mejor que no condujera su automóvil y que se fuera en un taxi.

Me acerqué a avisarle a uno -teníamos una parada adjunta- y le ayudé a embarcarlo. El taxista arrancó y me olvidé del asunto.

Media hora más tarde, el portero solicitó mi presencia en la entrada y tras acudir me encontré de nuevo en la puerta al borracho, apoyado en el capó y al taxista. Este último argumentaba que teníamos que pagarle la carrera.

Perplejo, además de preguntarle qué hacían de nuevo ahí, le increpé sobre cómo pretendía cobrarme -a la dirección del local- cuando en realidad no se lo había llevado.

El taxista, ya muy alterado me refirió la siguiente conversación que había tenido con el borracho durante diez minutos a lo largo de la breve carrera.

– Mire, cada vez que le pregunto a dónde quiere que lo lleve? El borracho me contesta que a su casa. Acto seguido le pregunto que dónde vive y me contesta que a vd. qué le importa.

Como llevaban con esta breve conversación en bucle infinito había decidido volverlo a traer y cobrarnos el servicio a nosotros.

Como la conversación entre el taxista y yo, prometía volver a entrar en otro absurdo bucle pues, pretendía cobrar un servicio que en realidad no había hecho.. decidí decirle al portero que le pagara al taxista y que no le permitiera -de nuevo- el acceso al cliente, al local. En esta ocasión, tuvimos suerte y el cliente decidió irse a dormir a su coche.

Una decisión difícil

El temblor de la lumbre del fuego en la chimenea, aportaba una luz mortecina, débil, temblorosa. El reflejo de los objetos iluminados del comedor, les hacía oscilar al tiempo que el crepitar de la chimenea devoraba los rescoldos al rojo vivo.

Los vi levantarse, moverse pasillo arriba y abajo. En movimientos acordes, repetidos hasta la saciedad. Cada tarde, acompasados, suaves, movimientos precisos, aunque sin energía, él, tras coger la cartera, se colocaba el abrigo. Ella, tras el breve pero inevitable viaje al cuarto de baño, se calzaba unas deportivas. Un poco de perfume, ruido de armario, el suave siseo de la bufanda deslizándose por el cuello, una chaqueta elegida al azar..

Me doy una vuelta sobre mi mismo. Estiro las patas. Esbozo un rugido complaciente. La gata, -esa estúpida indolente- me observa desde lo alto de la mesa.

– Ya te pillaré un día, ya. -me escucho pensar mientras mi dueño busca una correa-

Ya están ahí. Los dos. Como dos colegiales solícitos, sonrientes, ataviados de invierno en las calles.

– Míralo, hasta se ha puesto la txapela -vuelvo a escucharme mientras el rumor del fuego ahoga mi ladrido-

Con lo bien que se está aquí tumbado. Todas las tardes de domingo la misma gaita..

Preparados, listos… ahora!!

– Vienes de paseo Kas?

Es ella quien me lo ha pedido, si llega a ser él.. hubiera remoloneado más. lo dicho: Una decisión difícil.

Mi otro yo y yo mismo (2)

– Viste? Las 13:21. y el informático sin venir. Cuantos rulos has hecho?
– Casi cinco cajones. por sesenta… casi trescientos. Luego me fui a triturar.
– Lo se, estaba contigo.. lo recuerdas? Me recuerdas? Soy ese que te mira desde detrás de tus ojos en el espejo del ascensor cuando re-huyes la mirada.
– No dramatices, o..
– O qué?
– … no se. Tal vez le cuente a tu mujer que le diste morcillas a los perros..
– Capullo. Me adoran!!
– Vas a llamar a la vieja? Si no.. igual lo hago yo mientras bañas a los perros.
– Mira. Ese si es un buen trato. Y matamos dos pájaros de un tiro.
– Matar, matar.. no se de quién eres hijo tu.. seguro que mi hemisferio es el de la parte materna. Voy a llamar a mamá. No me fio de ti…

– Las 17.35.

– Ya?

– Y.. claro. No recuerdas que nos viene la niña a buscar. para ahorrarte la caminata. Estás viejo. Cabrón.

– Oye!! Sin insultar. Me caguen tu..

– Madre? No la llamaste. Tampoco a la vieja.

– Acabé los rulos mientras tu escribías. Ah.. y me comí los macarrones.

– En cuanto lleguemos a casa llamamos, vale?

– Que siii. Y, si se pone el primo?

– Pues le cuentas. A ti es al que le encanta hablar y hablar y hablar.

– En cuanto llegue, dejo los perros y me bajo al bar. Dos birras no me las quita ni dios.

– A ver si así coges inspiración. Por que si crees que estos te van a leer estas chorradas, vas listo.

– Todos tenemos páginas en blanco.

– Ya. A mi no me jodes. Hace ya un par de semanas que quieres sacar lo de Benásque y no sabes cómo. Cual vas a contar? La de la rusa y la Viagra o cuando te dio por lo de los coños? Tenemos que contarles lo de la rusa.

Mi otro yo y yo mismo (1)

– Las 7:49

– Ya. Nos hemos relajado mucho hoy, no?

– Deberías dejar el ordenador. Levantarte y hacer la ronda. Ya hemos visto esta mañana que se dejaron mucho sin hacer. Los toros sin poner a cargar. La extracción del horno de la 2 enchufada. Hay que hacer otros quinientos rulos -como cada semana..-

– Espera. He de llamar a la tía, se pondrá contenta.

– Tu crees? Desde que murió el primo en octubre, sólo la has llamado en Navidad -curiosamente pasadas las Fiestas-.

– Ya. No se qué decirle. tampoco al primo. Me felicitó -en febrero- y quise devolverle la felicitación, más no encontré palabras para acercarme a su duelo.

– Mientras, creo que la no comunicación nos aleja más si cabe, también he de llamar a mamá.

– Que mayor se nos está haciendo.

– No cambies de tema. Llama a las dos. Baña a los perros -hoy hace sol- Deja el ordenador. Haz los rulos. Deja de hablar solo..

– Hablo contigo.

– Estás enfermo. No solo hablas sólo, también escribes diálogos sobre ello. Llama!!

– Me duele la rodilla.

– Ya. Esa es tu excusa? Recuerda que también es la mía. Yo sigo. Y sigo, y sigo.. y no me cuentes más lo del piscis. Que si yo nado en una dirección y tu en la contraria. Si quieres, puedes nadar en mi dirección.

– Ha de venir el informático..

– Ya llamará. Y si no que se joda. Tenía que haber llegado hace una hora!!

– …

– Que no. Dale a “publicar” y en marcha.

– Que asco das..