Se me aparece la Virgen

Recordáis de cuando os conté de cómo un día se me había aparecido Dios?

https://montxomon61.wordpress.com/2014/10/30/dios-me-visito-una-noche/

Pues hace unos meses que se me aparece la Virgen María. Si. Ya. Ya se que dicho así, lo primero que me vais a decir es que al final he perdido la razón, etc, etc.. pero, seguid leyendo. Por favor.

Os cuento.. Hace poco más de un mes, andaba por casa de marujeo -plegando calcetines, doblando toallas, pasando el aspirador, fregando platos…- cuando en mitad del comedor, estalló un gran resplandor aterciopelado en azul pastel y blanco anuncio de detergente. Los perros se pusieron a ladrar como locos. Lo primero que pensé es que la gata había calculado mal en un salto y.. había tirado la pantalla plana de la televisión. De mala gana acudí desde la cocina mientras con un trapo verde loro, me secaba las manos encontrándome el siguiente percal:

De pie, junto a la mesa, una fulgurante figura alargada con la cabeza medio cubierta por un tocado azul pastel, una túnica del mismo color y unas sandalias sin tacón, me encontré con una tipa delgada y con buenas tetas. Cuando conseguí que los perros dejaran de ladrar, se presentó como la Virgen María -Ella se presentó como tal y.. tampoco era cosa contradecirla-. Como no acostumbramos a recibir muchas visitas le seguí un poco la corriente -aunque como están haciendo obras en el tejado, pensé que se me había colado una hippie.

Cuando le pregunté que por dónde había entrado, me contesto con voz suave que si por favor podía subir el termostato de la calefacción porque tenía frio. Le comenté -respetuosamente- que no quería líos. Que mi mujer estaba currando y que si se enteraba de que otra mujer con semejantes pechos había estado en casa, iba a tener problemas.. pero, que si además, se enteraba de que había subido la calefacción, lo más seguro es que me echara de casa. Le ofrecí una manta de tejido Polar con la que se cubrió. -de esta manera, mataba dos pájaros de un tiro. Nanay de calefacción y se acabó el fijarme en sus tetas- Ya puestos, le ofrecí un café con leche y, poco a poco fuimos entablando conversación.

Al poco rato desapareció. Decidí que era mejor no decirle nada -en ese momento- a mi mujer. Total.. no me iba a creer!! Sin embargo, al día siguiente a la misma hora volvió a aparecer. Ella misma se fue al trastero a cogerse la manta y se sentó en el sofá. Los perros ya ni ladraron y la gata se le puso a ronronear tras subírsele en el regazo, motivo por el cual pensé que esto debía ser algo “normal”. Si algunas familias tienen fantasmas.. por qué no iba a tener yo a la Virgen María? No?

Así estuvimos la primera semana. Ella venía sobre las once de la mañana y se quedaba hasta la hora de comer. Como los fines de semana trabajo, el viernes decidí contárselo a mi mujer. No me hizo ni caso. Me preguntó que qué medicamentos estaba tomando y que tal vez estaba abusando de ellos con la excusa de lo de la artrosis de la rodilla.. Yo, me defendí, diciéndole que ya la vería ella un día, seguramente durante el fin de semana. Por supuesto no se presentó ni el sábado ni el domingo, quedando yo como un idiota a los ojos de mi esposa. Al lunes siguiente, a la misma hora, ya la estaba esperando con la escoba en la mano -previamente había escondido la manta- para cantarle la caña por haberme dejado en mal lugar.. Se excusó con no se qué hostias de que iban a encarcelar a su hijo por no se que líos de echarle agua al vino y otro asunto referente a un jaleo con unos peces -en mal estado por el calor- con los que iba a dar de comer en el desierto.. a una multitud. Como ya sabemos cómo acaba el cuento me dio mucha pena verla llorar, le ofrecí se sentara en el sofá y le tendí un vaso de vino. Media botella después, ya ni quería la manta. Puntual como la semana anterior, poco antes de que volviera mi mujer desapareció.

Así llevamos varias semanas. A la tercera semana, con delicadeza, eso si, le dejé caer que si no tenía nada que hacer? Que yo si tenía mucha plancha -esto literal- y que no podía estar todas las mañanas pendiente de ella. Que lo mejor sería organizarnos. Por ejemplo, que se me apareciera los lunes, miércoles y viernes, -más horas si quería- pero que me dejara el resto de los días libres, ya que además de no dejarme hacer nada tampoco tenía intimidad. No me contestó.

La cuarta semana le puse las peras a cuarto. Si no iba respetar unos horarios de aparición, por lo menos que me echara una mano con las tareas de casa. Aquí tuvimos la primera bronca. Se puso muy digna y me dijo que Ella no lavaba nada, que bastante había frotado en el rio -hasta me recordó la letra de un villancico navideño que lo atestiguaba- Se largó con la manta y el martes no apareció. Aquí he de admitir que igual me pasé de borde.. el miércoles tampoco vino -motivo por el que aproveché para sacudir las alfombras- Ya pensaba en ir a alguna iglesia a pedirle al cura el número de wathssap del cielo para ¿disculparme? cuando el viernes, puntual, ahí estaba. Se disculpó por llevarse la manta -se la había llevado a su hijo a la cárcel- me pidió una copa de vino y se sentó a acurrucar a la gata.

Ahora, es la quinta semana que lleva en casa. Ha aprendido a hacer macarrones con tomate, me riñe de cuando en cuando, cuando con el culo la aparto un poco en la cocina. Mira que llegan a estorbar las personas cuando no saben hacer nada!!

Hoy es domingo,  estoy de guardia en la fábrica y hasta mañana no salgo.

De esta semana no pasa, o aprende distinguir coladas de color de las de ropa blanca, o le digo que por lo menos traiga el vino…

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