Imaginación?

Hace unas semanas, en un curso de escritura creativa, surgió el tema de la imaginación -fundamental para los que gustamos de escribir. Entre el círculo de alumnos surgieron algunas voces que se quejaban acerca de la falta de imaginación para meterse dentro de la escena que quisieran relatar. A pesar de que la mayoría no tenemos problemas para conseguirlo, -tan sólo hay que centrarse en algún hecho común e intrascendente e irle dando forma, dejándose llevar-, nos pusieron deberes al respecto.
Os dejo resúmenes de los tres más descriptivos.

1° Imaginad un limón.
Para este primer ejemplo es necesaria la integración del público -nos explicaba-
Primero, dirigiéndose al público, tenéis que cerrar los ojos e imaginar un limón, todo amarillo y turgente él. Con sus puntas verdeando. Lo visualizais? Bien, ahora, aspirar su aroma. Huele bien, verdad? Vale, ahora Imaginad que lo cortais por la mitad con un cuchillo. Cogeis una mitad y a volvería a oler. El aroma, delicioso, aunque más ácido, lo podéis sentir en profundidad de sentidos. Incluso, seguro vuestras glándulas salivares están segregando.. Ahora, con la punta de la lengua, probad su sabor. Ácido. Sin duda. Pero todos habéis arrugado el gesto.

2° Ejemplo. Un pañal.
Volved a cerrar los ojos e imaginad. Cuando sostenemos en nuestros brazos a nuestros hijos bebés, rara vez dejamos sentir ese gozo que se percibe de quererlo estrujar. Incluso todos parecemos desarrollar un instinto antropófago que nos lleva a comérnoslo, incluso nos permitimos “morder” suavemente los rollizos bracitos o muslos de nuestro bebé. Nuestra sensación de felicidad rara vez es más placentera. Bien, ahora, mientras lo balanceamos entre nuestros brazos, nos damos cuenta de que su pañal pesa más y lo comprobamos. El gesto? El mismo de antes.

3° Ejemplo.
Dependiendo de vuestros gustos sexuales, cerrad los ojos igual y poneos en situación.
Vuestras parejas están tumbados/as en un lecho, tiramos de sus pantalones piernas abajo. Nos permitimos deleitarnos con detenimiento, centímetro a centímetro, siguiendo piernas arriba un recorrido en vaivén para nuestros labios ávidos que van dejando un imperceptible hilo de baba hasta llegar a -en mi caso- su húmeda meta. Tras aspirar con mimo la cálida humedad de la mínima y tibia tela, procedo a intentar acometerla con la punta de la lengua…

Abrid los ojos!!

Eso es imaginación.
Todos/as podemos sentirla. Tan sólo depende de nosotros/as mismos/as, encontrar el valor para transmitirla.

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