Frases célebres? (Rosi, como no te cabe por delante te la meto por detrás!!)

Corría el verano de 1990. Entonces trabajaba en un supermercado de costa. En Miami-playa, Tarragona. (España)

Rosi, mujer menuda, era una treintañera, soltera, muy fiestera, y con mucho carácter. Su hacer y su peso -en el trabajo- le confería cierta autoridad, que le permitía ejercer como jefa de cajas sin que nadie le hubiera otorgado dicho cargo. Por aquel entonces tenía bajo control cuatro cajas con la suya. Allí trabajábamos, contando todas las secciones una veintena de personas que se ampliaba a treinta en el ecuador de la temporada de verano. -se abría desde marzo hasta octubre-

Asumía responsabilidades ajenas, sin que Andrés, el propietario, la contrariara, -para qué, debía pensar él, bastante tenía con discutir con Roberto cada día-

https://montxomon61.wordpress.com/2014/12/03/una-pareja-de-idiotas/

Carmen, mucho más amable y educada, más joven e instruida, con novio formal a la antigua.. estaba a cargo de Recepción. En Recepción, además de gestionar y anunciar por megafonía a vendedores y repartidores, se vendía tabaco, postales y sellos, libros y revistas, etc..

El supermercado, era una tienda grande. Unos mil metros cuadrados de sala, más trescientos de almacén en el sótano. -yo trabajaba entonces como encargado de compras y almacén- aquel sótano era mi reino.. para acceder a él, además de una pequeña e incomoda escalera, se utilizaba un monta-cargas. En pleno verano, prácticamente colapsado todo el día.

Juan, era el repartidor de Cervezas Damm de aquella localidad. Era un buen tipo. Joven, no tendría los ventiocho aun cumplidos. Alto. Recio. No mal parecido. Y.. debido a su trabajo de carga y descarga, muy fibrado, con buenos bíceps y poderosas piernas. Vamos, que se lo rifaban.. todas aquellas gatas, cada vez que asomaba por ahí.

Juan, a pesar de ser Autónomo con sus repartos, era un tipo tosco. Parco en palabras y, desde luego, con pocas luces dada su falta de estudios primarios.

La Sección de bebidas, cercana a la zona de cajas, ocupaba una tercera parte de la tienda, -en aquellos años, los turistas (alemanes en particular), no le hacían ascos a deleitarse en vacaciones con grandes ingestas de alcohol-, de ésta, casi la mitad estaba nutrida por decenas de tipos, clases, marcas y formatos de cervezas. Lager, tostada, pilsen, negra, de trigo, de importación, por países, con y sin alcohol.. de todo.

Por supuesto, las cervezas españolas tiraban más, -por precio, básicamente- motivo por el cual, Juan acostumbraba a venir un par de veces por semana. Nos hacía el favor de recargar de cajas de sus cervezas, el espacio adjudicado a su marca, prácticamente a su libre albedrío. Luego contábamos y hacíamos números.

En julio y agosto, debido principalmente a la aglomeración de clientes, no se permitía la entrada de mercancías por la puerta principal, en temporada baja, las normas eran mucho más laxas. Sin embargo, dada la ayuda que Juan nos proporcionaba, con él hacíamos excepción, siempre y cuando lo comunicara previamente en recepción o a la jefa de cajas y, tuviera el buen tino de no atropellar a nadie con su carro..

El día de autos, -poneos en situación- Un lunes de resaca, se encontraba Rosi contando monedas de cambio, absorta de cualquier comentario ajeno para no descontarse. Un servidor, hablando con un proveedor por fuera del mostrador de Recepción. Carmen, colocando cajetillas de tabaco en sus mínimos departamentos, de espaldas al público.

De repente, raudo y con prisa, tirando de un carro vacío, recién descargado, aparece Juan. Con la mano libre acciona el micrófono de Recepción y dice:

– ROSI, COMO NO TE CABE POR DELANTE, TE LA METO POR DETRÁS!!

Y, continúa su camino, desapareciendo por la puerta principal en dirección a su camión.

Os juro que el momento de silencio que se formó en la tienda se podía cortar con un cuchillo.

Mi proveedor calló, abrió mucho los ojos y murmuró:

– Qué ha dicho este tío?

Carmen, se arrugó tras el mostrador, muerta de risa. Mientras las cajetillas de tabaco se deslizaban desde sus manos al suelo.

Loli, -una de las eventuales de temporada alta y, la cajera más cercana a la salida- comenzó a atragantarse y a toser tras sus joviales carcajadas.

Yo, desviando la mirada de mi contertulio, en dirección a Rosi, pude comprobar cómo un rubor perlado, cálido y fulgurante subía por sus mejillas, mientras una lúbrica y muy breve sonrisa surcaba sus labios. Se puso seria un momento. Dejó de contar, cerró de un golpe el cajón de su registradora y, veloz, desapareció en dirección al office.

Cuando volvió a salir Juan con su carro vacío, repitiendo la operación de descarga, Carmen ya había escondido el micrófono bajo el mostrador, Loli seguía hipando de risa, con sus húmedos ojos brillantes..

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