Una decisión difícil

El temblor de la lumbre del fuego en la chimenea, aportaba una luz mortecina, débil, temblorosa. El reflejo de los objetos iluminados del comedor, les hacía oscilar al tiempo que el crepitar de la chimenea devoraba los rescoldos al rojo vivo.

Los vi levantarse, moverse pasillo arriba y abajo. En movimientos acordes, repetidos hasta la saciedad. Cada tarde, acompasados, suaves, movimientos precisos, aunque sin energía, él, tras coger la cartera, se colocaba el abrigo. Ella, tras el breve pero inevitable viaje al cuarto de baño, se calzaba unas deportivas. Un poco de perfume, ruido de armario, el suave siseo de la bufanda deslizándose por el cuello, una chaqueta elegida al azar..

Me doy una vuelta sobre mi mismo. Estiro las patas. Esbozo un rugido complaciente. La gata, -esa estúpida indolente- me observa desde lo alto de la mesa.

– Ya te pillaré un día, ya. -me escucho pensar mientras mi dueño busca una correa-

Ya están ahí. Los dos. Como dos colegiales solícitos, sonrientes, ataviados de invierno en las calles.

– Míralo, hasta se ha puesto la txapela -vuelvo a escucharme mientras el rumor del fuego ahoga mi ladrido-

Con lo bien que se está aquí tumbado. Todas las tardes de domingo la misma gaita..

Preparados, listos… ahora!!

– Vienes de paseo Kas?

Es ella quien me lo ha pedido, si llega a ser él.. hubiera remoloneado más. lo dicho: Una decisión difícil.

2 comentarios sobre “Una decisión difícil

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