I (2)

Mi relación con I comenzó rara.

Yo regentaba un garito de costa, ella apareció una noche -a primera vista la confundí con Lola, una amante anterior en el tiempo de una vida anterior- (ya hablaré de Lola cuando toque). Lo dicho, me recordaba a Lola. Y en primera instancia, cuándo me preguntó si tenía cerveza negra? Me paré unos segundos de más -intentando reconocerla- antes de servírsela.

Acto seguido, me preguntó si podía llevarse la botella? Mi contestación, -Por supuesto, mientras no la abandones en la arena de la playa-.  me confesaría, meses más tarde, fue lo que hizo que se enamorase de mi. Había venido de vacaciones con una amiga. Ambas venían en plan Thelma&Loisse. I, llevaba el papel de Susan Sarandon. No contaré ahora sus muchos problemas, pero su difícil vida la obligaba a unas vacaciones desesperadas. Si se podía permitir disfrutar, gozar, reír -por fin- morir en el intento no le importaba mucho.

Enseguida conectamos. Yo estaba estancado en aquella localidad. Ella necesitaba hablar. Yo escuchar. Por entonces, salía de manera itinerante con María. Ya os hablé de María hace días, cuando publiqué JANIS.

https://montxomon61.wordpress.com/2015/02/21/janis/

I se convirtió en mi musa. Mi bar se hizo suyo. Las dos semanas que duraron sus vacaciones yo fui su cicerón en aquellas tierras. María se volvió loca de celos. En aquella época, yo ya tonteaba con demasiada frecuencia con demasiadas sustancias (coca, spit, hachís, MDMA, menos caballo..de todo). Las sesiones de sexo eran apoteósicas. Los bajones también, -pero si durante quince días empalmabas unos días con otros.. ésta no aparecía-. Luego, cuando ella y su amiga se fueron de vuelta a su ciudad, mil doscientos kms nos separaron.

Tras su marcha, yo volví a mis rutinas. Sexo -principalmente con María-, drogas y rock&roll.

Al par de meses, en mi periodo vacacional, visité a I en su localidad. Poco a poco, entablamos una relación a distancia -ya iré contando..- A mil doscientos kms de distancia durante un largo año.

Ella, con Jota y con sus hijos, yo -soltero entre comillas-

Como los dos éramos adultos, nos prometimos amor y el bonito comienzo de un proyecto de relación, dejándonos la “libertad” de tal y como vivíamos.. echarnos alguna cana al aire mientras durase el alejamiento forzoso. Yo no iba a cerrar el bar de repente ni ella se iba a divorciar, etc.. de la noche a la mañana.

Mucho más tarde me confesaría que ella no se había acostado con nadie -incluyendo su marido del que ya se estaba separando prácticamente antes de conocerme, pero que seguía viviendo (él) en la misma casa por tratarse de un enfermo terminal- Me confesó, que lo de echar una cana de cuando en cuando, lo había dicho porque dadas la circunstancias no me podía pedir lo contrario a pesar de que ella hubiera preferido que yo hubiese estado más por la labor.

La realidad fue que durante aquel año de no vernos -nos vimos en cuatro ocasiones, puentes festivos largos, etc- yo le pagué con la misma moneda con que anteriormente había hecho su marido cuando estuvo en el servicio militar. Acostándome con todas las que se pusieron a tiro -dicho sea de paso, una larga colección, dadas las características de mi trabajo-

Ni que decir que la despechada María, -que continuamente vivía junto a mi bar, incluso dentro- cada vez que I vino de fin de semana, hizo por explicarle con pelos y señales, lo que hacía conmigo cada vez que I se volvía a su tierra.

Esto, con la cabeza embotada por combinaciones de alcohol y drogas, fue un infierno.

Al cabo de un año largo, cerré el bar y me fui a vivir con I.

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