I (1)

Vamos a ver..

I fue mi tercera pareja estable. Conviví con ella -y sus hijos- durante casi cinco años.

Abro esta categoría -por fin- pues a pesar de llevar separados casi diez años, justo hoy he comprendido una frase suya. Ha sido como un flash. No recuerdo qué he escuchado y, por una asociación de ideas, he dado con la comprensión de esa frase. Ha sido como una Revelación. ZAS!! Y se me han abierto los ojos.

Hablar de I me es complejo, muy complejo. Pues me conlleva a remover muchas ascuas. Coincide con los años en que estuve enganchado a la cocaína. Y hablar de eso es muy duro. Como tengo muchas lagunas, me limitaré a explicar “anécdotas”, “vivencias”, “episodios”, “aventuras”.. seguramente sin una cronología coherente, ya habrá tiempo de ordenarlas algún día.

En fin, ahí va.

I siempre se quejó de que su marido -el anterior a mi, aunque en realidad el único, pues conmigo no llegó a serlo legalmente-, (a partir de ahora le llamaré Jota), se había tirado a todas las tías que había conocido. Aquella que le gustaba, caía. Daba igual que fuera amiga de él, de ella, común o no. Como imaginaréis, eso la traía por el camino de la amargura. Ella, I, tampoco se quedó atrás. Eran los tiempos de comunas, de los hipies, de vivir en la Ibiza de los setenta, en fin.. se cumplían muchas premisas para que ambos participaran del “amor libre”.

I, desde pequeña, fue la feuchilla del grupo. Jota, era el chico más guapo, divertido, simpático, ojos verdes.. cómo se las ingeniaron para, desde muy jóvenes, convertirse en pareja, es algo que mejor dejaremos para ellos -tampoco voy a desvelaros todo- En esta primera entrega os contaré de cómo I le había estado enviando dinero a Jota, durante los catorce meses en que éste había cumplido con su Servicio Militar. Ella ya trabajaba, él no. Le destinaron a un cuartel de la isla de Mallorca. Ella vivía en la península -motivo por el cual, aparte del hecho de trabajar ella, les impedía verse lo que hubieran deseado. Jota, fiel a su determinante forma de vida, se dedicó a cepillarse a todas las prostitutas -o no- que pudo pagarse -a través de lo que ella le enviaba-. Como comprenderéis, la relación entre ellos, -él nunca le mintió acerca de sus infidelidades- debió de ser dura de cojones.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s