El verano es una noche sin reloj..

El verano es una noche sin reloj y un patio sin colegio.

Esta frase, ya de por si recurrente ahora, -que ya parece que el calorcito se asienta- la encontré impresa en el bote de azúcar de mi casa. Aunque no la haya visto hasta ayer, siempre estuvo ahí.
Cuánta inopia nos envuelve en el día a día.

Sentado, en la terraza del bar, -escribiendo-leyendo-escuchando música- (luego reirá alguna sobre el tópico de que los hombres sólo podemos hacer una cosa al tiempo..)
El nostálgico y acechante chirrido de un columpio se incrusta en el cerebro haciéndose sitio entre las otras tres proezas, para afianzar la nostalgia.

Por último, al volver a casa. La insistente mirada de soslayo al buzón -mientras el dejavù me lleva al coronel de García Márquez- me reafirma sobre lo obsoleto que este cajoncillo ha quedado en nuestras vidas. Hoy en día, lo importante llega de forma electrónica.
Los sentimientos -cada vez de forma más ininteligible plasmada en ordinario papel- tienden a desaparecer por la prisa de la premura inquisitiva del Whatsap.

Lo dicho, con qué llenaremos los buzones?
Yo recuerdo, de crio, como nos servían para guardar las llaves de casa entre hermanos y novias..

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