Perdona que te lleve la contraria… (mi otro yo y yo mismo 4)

– Perdona que te lleve la contraria..

– …?

– Si. Verás. Ayer les contaste sobre lo de que te duermes -nos dormimos, quiero decir, ya sabes..- Les hablabas de eso que ronda por tu hemisferio de nuestra cabeza. Las micro-muertes en sueños.  https://montxomon61.wordpress.com/2015/04/18/a-veces-me-duermo/ Pues yo discrepo.

– Tu siempre discrepas. De todo. Hablar contigo es como hablar con la pared. Todo razonamiento en el que pueda participar lo conviertes en frontón. Todas las ideas, todos los pensamientos, los devuelves con mayor fuerza.

– No es cierto. Muchas veces conseguimos no discutir.. no siempre perdura esta.. nuestra bipolaridad.

– Cuando dormimos? Venga.. no me jodas!!

– Tranquilo, te lo voy a argumentar: No crees que cabe la posibilidad que ayer, que nos pegamos la paliza de cortar todo el césped del recinto de fábrica – algo más de como dos campos de fútbol-, con esa mierda de desbrozadora que alquilas, y luego nos fuimos a comer al buffet, donde no me dejaste comer normal, te metiste tres segundos platos de carne con guarniciones varias y casi toda la botella de vino tinto.. repito, no crees que es bastante probable que nos diera ese sopor y te durmieras? Yo pienso que hasta hubiese sido normal que nos hubiésemos quedado roques toda la tarde..

– Qué te he dicho de que cuentes nuestras interioridades?

– A mi me lo dices? Tu? Que llevas seis capítulos sobre I para llegar a la conclusión de cómo le comías el chirri!! Vamos hombre.. hazte ya mayor!

– …

– No me has llevado a la revisión médica de este año. Debes bajar peso. Ya. Las rodillas no nos van a aguantar. Has visto que agujetas de ayer. Con decirte que mi hemisferio seguía durmiendo esta tarde mientras tu te levantabas para orinar!!

– Por eso casi me meo fuera? Cabrón!! A ver si dejas de discutir conmigo. Vivir contigo es peor que cuando vivía con ellas.

– Te das cuenta de lo que estás diciendo? Al final pensaré -también yo- que estamos locos. No puedes seguir escribiendo historias sobre nuestros dos hemisferios. Los vas a volver majaras a todos.

– He de reconocer que tienes razón. Pero.. es que hay tanto inútil ahí afuera. Como me cansa hablar con la gente. Todos te cuentan lo mismo. Política, fútbol, paro..

– Pues lo normal. Has de comprender que con cada edad, los valores que existen van cambiando de lugar en la lista de preferencias. La gente está preocupada básicamente por dos cosas. Dinero, para poder conciliar lo importante (familia, hijos, casa) y sexo, para conciliar la no amargura y poder dedicarse a los anteriores. Si trabajas y follas, todo funciona bien.

– Yo me refiero a leer un libro -por ejemplo- y poder disfrutar de contarle a alguien lo que se ha sentido. Las sensaciones que te han producido. En lo que te ha enriquecido como persona. Valores.

– Ya no hay de eso. Ahora todo es virtual. Si le quieres dar un beso a tu mujer y decirle cuánto la quieres, le firmas con un emoticono que vomita corazones y ella ya entiende que la quieres. Viva el Whatsap!!  Si de verdad la quieres, te levantas a la misma hora que ella, friegas los platos del día anterior, pones y tiendes la colada. Pasas la fregona. Haces los baños. Así durante toda la vida. Ah!! y sin esperar follártela “como recompensa” por lo realizado. Comprendes? Todos echamos la culpa a las nuevas tecnologías -nos separan, decimos- pero seguimos sin comprender lo obvio..

– Hace años que ayudo y…

– Yo. Yo ayudo. Mi hemisferio es el que nos obliga a los dos a hacer cosas. El tuyo, sigue con aquella mentalidad de, yo ya trabajo fuera, pago la casa, le doy para los gastos, etc.. Si consiguiera que tu hemisferio trabajara al mismo tanto por ciento que el mío -por supuesto cada cual con sus virtudes- nos iría mejor. Además está eso de que “ayudas”, deberías pensar como yo, no “ayudamos”, “hacemos”. Comprendes la diferencia?

– ….

– Ayudar en casa confiere un gesto como de patrón. Como si cedieses un espacio intangible que piensas que sólo es tuyo. En cambio, cuando hacemos algo, -lo que sea- estamos contribuyendo a la construcción de algo nuestro. Ya se que ella, muchas veces, hace como tu. No da su otro cien por cien. Pero.. es que eso nos importa? No sabemos ya que somos mejores? A ella la queremos y ya. Ya sabemos por qué. Pues hay que demostrarlo cada vez, cada día, cada momento. No por mostrar cuán mejores somos. Si no porque dando, -una y otra vez y otra- nos convertimos en lo que queremos ser. Esa es la esencia. Cuando lees un libro y te enfrascas en la trama, en los personajes, y.. estos te enseñan -no es eso lo que decías antes?- No necesitas expresar lo aprendido? Pues hazlo.

– Eres listo. Ayer llamó la vieja. En lugar de llamarla -no sabía qué contarle- le enviaste una postal. Una foto nuestra, -con el perro- en ella nos parecemos a  papá. La vieja me lo recordó al teléfono. Sabías que la vieja vería el parecido con su hermano. Y que ella recordaría que la semana que viene hará diez años de su muerte..

– Ves…? Tu sólo te reprochabas por no llamarla. Has de mover las fichas.

– Papá no movía las fichas.

– Tu no eres papá. Y yo, desde luego, menos.

A veces me duermo

A veces.. -más últimamente- me quedo dormido durante breves espacios de tiempo. Ocho, trece minutos.. son pequeñas siestas que el cansancio acumulado por puntuales actividades físicas, tienen como efecto breves desconexiones de la realidad permitiéndome “dormir” lo que me parece un largo periodo de tiempo sin serlo.

Me gusta denominarlos espacios muertos.

Me quedo pensando en algo y de repente PUFF!! Despierto.

Acostumbro a sobresaltarme, pues me da la sensación de haber estado desconectado durante horas, -incluso me siento descansado como si tales horas hubieran pasado- Raudo, compruebo el reloj y, perplejo.. me doy cuenta de que sólo han transcurrido ocho, a lo sumo diez minutos.

Son como micro muertes.

I (6)

A estas alturas del relato -tras seis entregas en tres días, más los nueve años que hace que no la veo- no esperaréis que I siga abierta de piernas para concluir el acto.

(caso de que lo esté, seguro es con otro..)

En cualquier caso, siempre perdurará en mis recuerdos con las facciones de la cara crispadas, con los dedos de sus manos tensos, aferrándose a la sábana, el estómago prieto, la curva de su espalda arqueada hacia afuera, los pezones duros, de punta -uno más que otro, el izquierdo parecía “mordido” en dos-. Sudorosa, ebria de lujuria, sedienta de sexo, expuesta y aparentemente frágil. Implorante.. suplicando:

– Más!! Méteme más dedos.

– Ya te he met..

– Pues más. Méteme tres. Cuatro. En el culo, méteme otro más en el culo…

– …

Mi relación con I degeneró mucho con el mutuo consumo de drogas. Si bien al principio era divertido probar, experimentar, o jugar, con múltiples accesorios.. al final, todos se volvían en contra. Ni yo podía -físicamente- competir, ni ella podía -al final- concluir.

Lo que pareció en un principio divertido y estimulante, la utilización de diversos dildos, o espolvorear con coca sus pezones y clítoris, tras humedecerlos previamente -cosa que permitía su endurecimiento e hipersensibilidad respectivamente, haciéndole conseguir decenas de seguidos orgasmos, al tiempo que retrasaba interminablemente la eyaculación- acabó por insensibilizarla hasta no conseguir el efecto deseado y convirtiendo el juego en frustración.

En una jornada se podían dar los siguientes pasos. Fumarse un porro tras otro, ella -para sentir lo indecible-, meterme un par de rayas yo, para aguantar el ritmo. Permanecer -no es exageración- más de dos horas arrodillado, lamiendo/succionando jugos de aquella locura de sexo que dominaba mis sentidos.. -parar tan sólo en mi empeño, los mínimos segundos de preparar y esnifar más coca o beber algún trago de cerveza para remediar la sequedad de boca- y volver al ataque. Una locura.

Si bien al principio -como os digo- todo era miel.. I se pavoneaba con alguna intima de cómo su nueva pareja era capaz de arrancarle trece, quince orgasmos por sesión {*}, con el tiempo.. cuando apenas era capaz de alcanzar uno -breve, cortito, minúsculo, insignificante..- tras desesperantes horas de intentarlo, la relación fue convirtiéndose en mierda. Volvieron a salir los viejos fantasmas, volvió a salir María. Con ella, los reproches. Que por qué ella si era capaz de dilatar para complacerte.. que si a qué esperaba para hacerle sentir los orgasmos que aquella zorra le había asegurado que yo le proporcionaba cuando ella -la novia oficial– se marchaba.. todo un despropósito.

{*} Abro este corchete para hacer un inciso. Lejos de sentirme halagado cuando una mujer presume de qué y/o, sobre todo, cuánto placer eres capaz de dar, la realidad, es que dejas de ser tal o cual, para convertirte en una especie de trofeo a batir.

Generalmente, la mujer que da con un sujeto que le proporciona placer de determinada manera, se lo guarda para ella.

En el caso de que, digamos, se comparta la información, -estoy hablando, además, de unas experiencias exacerbadas por el continuo consumo de estimulantes entre un grupo reducido -o no- de sujetos que se conocen- existe el problema de cuánta paranoia se genera ante las expectativas que crea dicha información-. Esto es:

– Seguro que ya estás pensando en comérselo también a tal tal. Seguro que ya lo has hecho. No mientas, por qué si no mi amiga iba a estar distante conmigo si no..

Y, así una larga retahíla de miedos infundados -en este caso, no ya con la experiencia de cómo nos conocimos-.

En fin..  aquella relación acabó. Recuerdo mucho de aquellos años. También anécdotas con cariño. Ya he contado alguna..

https://montxomon61.wordpress.com/2015/03/14/frases-celebres-1/

Recuerdo su sabor.

De sabores hablo otro día..

I (5)

No siempre depilada en exceso, recuerdo su pubis poblado unas veces de ensortijados caracolillos que caprichosamente se introducían en la hambrienta grieta.

De esta manera, para poder acceder con mi lengua glotona sin tironear y romper el hechizo, me deleitaba sorbiendo de uno en uno cada caracolillo, al tiempo que con mimo, lengüeteaba de dentro hacia afuera cada pliegue rosado peinándoselo con permanente destreza. -vamos, que mi gata no lo hubiera hecho mejor en su aseo diario-.

A estas alturas, la humedad relativa, había dejado de serlo, para imponerse un manantial floreciente acompañado de rítmicos, aunque bruscos envites de su pugnante clítoris buscando mi prominente nariz. Como pretendía -muchas veces- domar a la fiera que minutos antes había mostrado su despecho enfurecido convirtiéndome tan sólo en pelele de sus caprichos, generalmente levantaba mi apéndice -con la excusa de respirar- interrumpiendo a cosa hecha su magnifica y placentera embestida.

Aquello, recuerdo, la cabreaba aún más , enfureciéndola. Pero, siempre justo en el determinante momento en el que, calculando el instante en el que las aletas de su nariz hiperventilaban para recoger el aire necesario para protestar, volvía a hundir la lengua hasta el fondo de la cueva, para en brusco latigazo sacarla rauda friccionando el capuchón de su clítoris, dejando éste un instante al descubierto, para volverlo a cubrir apurando con la punta de la lengua contra mi labio superior al bajárselo nuevamente a besar.

Si conseguía no aullar de dolor al mantener mis cabellos frente a los tirones que me daba, volvía a concentrarme en este juego una y otra vez.

I (4)

I siempre se mostró intransigente en cuestiones de sexo.

Podíamos estar cabreadísimos.. -las etapas de drogas entre pareja unen mucho, pero, cuando desunían, el caos cabalgaba a sus anchas-.

Ahora bien, era llegar a la cama y, lejos de lo aprendido con otras parejas, donde todas parecían castigar de la misma manera. Abstinencia. I no. Ella se tumbaba de espaldas, se permitía leer en esa postura, mientras.. sus nalgas se insinuaban contra mi piel.

Muchas veces intenté abrazarla, hablarle, robarle algún beso conciliador.. su desgana se imponía. Su agravio te atravesaba como un halo helado de desprecio inerte cruzando la habitación.

Estamos de morros. Recuerdas? -parecía querer decir su silencio-

La primera vez, me giré, humillado, mudo, extrañado, compungido, sin comprender.. me giré hacia mi lado de cama, de espaldas a ella. Al poco, los movimientos medidos, inequívocos, de su trasero hacia el mío, me indicaban qué debía hacer. Volví al ataque y me volvió a despreciar.

Me volví a girar, no pretendiendo entrar en lo que me pareció un juego cruel, incluso infantil, entre pareja.. Al momento, sonando como un trueno, su voz llenó la habitación:

– Eres idiota? Cómeme. Fóllame!!

Os juro que en esa primera ocasión pensé que estaba loca.

– En qué quedamos? -Me atreví a preguntar- Cada vez que me acerco, me desprecias. Comprendo que estamos enfadados y tal vez no quieras..

– Puta manía tienes de compararme con otras zorras que hayas metido en tu cama. Pues claro que estoy cabreada!! Pero también cachonda. No quiero tus mimos. No quiero tus besos. Quiero mis orgasmos!! Y, pobre de ti que no los consiga!!

En aquella primera bronca, me enseñó el camino que debía seguir. Ojo!! Lo que a primera vista me pareció un chollo, con los años no lo fue tanto. Por supuesto, claudiqué a sus deseos.

Qué voy a contaros que no imaginéis… los besos que pretendía en sus labios, se diluyeron como baba de caracol bajando desde su nuca, dibujando extraños arabescos rituales por su espalda, lubricando el camino para que, mis colmillos, se permitieran arañar en su descenso inequívoco hacia zonas más cálidas que la que su semblante me ofrecía.

Llegado al cachete derecho, sin apartar el pulgar izquierdo de la senda del caracol, mi mano derecha se permitía la entrada, separando ligeramente sus muslos, llegar hasta su vientre convulso. La posición, obligaba a sentir el calor pegajoso de su sexo rezumante en mi antebrazo, casi en la parte contraria al codo, donde, con tan sólo doblar mínimamente la articulación, podía asirla, sin escapatoria, vuelta hacia abajo -muchas veces con los pómulos arrebujando las páginas de su libro, ahora ya desterrado-

El abrazo, me permitía moverla con precisión a la vez que con suavidad -quién no ha cogido así a su bebé después de comer para echar los gases…- Mi mano izquierda, libre a sus anchas, acostumbraba a recorrer los caminillos lubricados por la babosa intención previa, hasta permitirse el recreo de reseguirlos con las uñas enrojeciendo, por simple presión, el garabateo descendente. Los movimientos circulares de sus caderas, recuerdo, me permitían calcular el minuto previo al instante en el que, el regalo de sus labios menores encharcándose, les permitía adherirse formando ventosa con mi antebrazo..

En ese instante previo, -ya desarmada de su inicial desprecio-, pretendía girar su rostro hacia mi para que su boca glotona buscase la mía. La posición forzada por el curioso abrazo, rara vez le permitió conseguir su objetivo. Ese era el momento de soltarla y bajar a bucear a pulmón. Pues mi boca estaba destinada, únicamente, a degustar los manjares que emanaban de su fruta del mar.