Le vas a mover la moto a tu puta madre

Hoy quiero contaros sobre una crítica.

Yo para moverme por el pueblo y alrededores utilizo un pequeño scooter de 50cc. Más en verano por temas calor, movilidad, maniobrabilidad o estacionamiento.

A este último me quiero referir.

Parece existir una generalizada forma de actuar en la que, cualquier prepotente que necesite aparcar con urgencia -Pienso que tal vez se esté meando o le van a quitar su sitio en la arena de la playa o necesita quedar bien con su suegra o…- y ve un pequeño scooter, se ve en la obligación de arrastrarlo y moverlo a su conveniencia. Claro!! Como no pesa..

Si en la maniobra le daña la dirección bloqueada, le rompe o lastima el caballete al arrastrarlo, etc.. no parece que ocurra nada malo. Total.. como no lo volverá a ver.

Ya siempre, para evitar problemas, casi siempre aparco junto a algún contenedor de reciclado. Es raro que en fin de semana vengan a vaciarlos y ofrecen un “cobijo” natural.

EL QUÉ:

Me bajo a la playa con mi mujer, los dos como dos novios en nuestro pequeño sccoter, agarraícos. Aparco. En donde siempre. No quiero líos. -me gusta poco la playa, voy por ella, como para ir con el morro torcido-. Miro alrededor y satisfecho observo el verde y redondo contenedor de vidrio a unos treinta centímetros de mi moto y a escasos cuarenta, por la derecha una furgoneta blanca. El sitio es el ideal. El resto del parking está lleno a rebosar. Nos vamos.

Adjunto al parking hay un pequeño Súper, compramos bebidas frescas, salimos, cinco minutos después me advierte de que se ha dejado las gafas de sol junto al casco.

– Voy yo, toma la toalla. Coge sitio. Iré más rápido si voy sólo. -y vuelvo sobre mis pasos a desandar lo andado-. Al rato, percibo una furgoneta parecida a la que vi cuando aparqué. Sigo caminando. Antes de llegar al límite de la acera donde se ubican los contenedores, observo la maniobra que un tipo hace con mi vehículo. Mientras -imaginando lo peor- aprieto el paso, me oigo rugir:

– EH!!! Qué coño haces con mi moto?

El tipo se para. Intenta poner -sin éxito- el caballete, sin poder soltar el manillar del scooter, motivo por el cual es pillado in-fraganti. No tiene excusa. Le aparto mientras grito:

– Quién coño te crees que eres para mover mi moto? Y si me has roto la dirección? Y si se te cae en el intento?

Con la mirada rápida, extraigo una imagen general de la situación. Tres metros detrás un deportivo rojo, descapotable, una -podría ser su hija- sonriente tetona bajo un top amarillo parece pensar:

– Te han pillado chaval.

El mastuerzo insiste en su exculpatoria explicación y me cuenta:

– Perdona, no quería molestar.. he pensado que si la ponía detrás…

– Si la ponías detrás.. los que vengan a echar botellas? -interrumpo con mi mejor cara de perro- Las echarán por dónde? Por encima de mi moto? Y..?? Que te parecería si yo, cuando venga con el camión -miento, yo ni tengo ni he manejado un camión en mi vida- con el que trabajo, para aparcar, empujara un poco tu deportivo?

– Hombre!! No es lo mismo.. -parece defenderse-.

– Por qué? Por qué no es lo mismo? Vamos a llamar a la Guardia Urbana. A ver qué piensan?

– No, no.. es igual. Ya nos vamos.

– No. Espera. Vamos a ver si me has hecho algún desperfecto..

– No. No. La moto está bien. Mira. No le pasa nada.. -contesta, con un hilo de voz-.

Se mete en el coche y se van. Yo me quedo renegando en voz alta un rato más. A los pocos minutos -la ola de calor achicharra en ese descampado y no tengo más ganas de nada-. Cojo las gafas de sol y vuelvo a la playa.

Al rato, tras explicarle a mi mujer mi aventura, me meto en el agua. Mi primer baño de esta temporada. El agua todavía está helada a pesar del calor exterior. Se me congelan las pelotas. Siento cómo se me enfría la tripa. -A partir de los cuarenta no te mojes la barriga, escucho resonar la voz de mi madre en el eco de mi cerebro-.

Salgo, tirito y me envuelvo en la toalla. Mi mujer se ríe de mi. Parece divertida, la visión de sus pechos, sueltos y desnudos, saltando con las carcajadas, me devuelven en dajavù, la imagen de los de la chavala del descapotable. Sin querer establezco comparaciones. No soy envidioso. Tengo la vida que me he labrado. Somos currantes, cincuentones.. la edad no perdona. Somos felices. Escucharla reir es suficiente para mi. El del descapotable vuelve a mi cerebro. Tuerzo el morro.

– Voy a comprar un helado. Quieres uno? Así entro en calor..

– De chocolate, -la escucho contestar mientras apuro mis pasos para no quemarme las plantas de los pies con la arena ardiente-.

Nada más llegar al Súper, un sexto sentido me advierte de que algo no está en su sitio. Es como una inspiración.. instintivamente mis ojos se dirigen al parking. La moto no está a la vista. En su lugar, el flamante deportivo rojo, aparece desafiante junto al contenedor de vidrio. Me acerco. Conforme cruzo la calle, ya aprecio mi scooter aparcado por la parte trasera del contenedor. Estorbando para el correcto uso del mismo. Junto a la acera. Rujo. Rechino los dientes.. cómo me gustaría ver al de la tetona bajo el top amarillo en este momento.

No me lo pienso dos veces, me acerco, saco el casco, me lo pongo y con la llave de contacto le garabateo el título de este post en el capó. Meto la llave, arranco, y me voy. Llego a casa. Aparco en el parking y vuelvo con nuestro otro vehículo. Aparco en otra calle.

Compro helados y con una extraña sonrisa vuelvo a la playa.

– Cuánto has tardado!! -Me replica mi mujer-

Le explico. Me abronca, -con razón-. Pero parece que el karma, por lo menos hoy, está nivelado.

Infancia versus achaques.

No se si algun@ conoce o habrá jugado con Madelman´s. Eran unos muñecos articulados ataviados con uniformes militares, aventureros, deportes… “muñecos de acción” creo que rezaba la publicidad de la época.

Bien, dicho esto. Recuerdo que las articulaciones de codos y rodillas estaban confeccionadas de manera simple aunque efectiva con un sencillo mecanismo, un engranaje a bola metido a presión.

Generalmente, la mínima tensión forzada en el juego por chiquillos no cuidadosos, rompía el frágil plástico de las rodillas y/o codos. Un trozo de cello apretado servía para restablecer la “operación traumatológica” a efecto..

Pues bien, hace unos pocos años que me siento así.

Mis rodillas -en especial la izquierda- me produce la misma sensación. Un dolor insuperable -ni con fármacos- me recuerda cuan frágil puedo llegar a ser recordándome que mis fechorías de crio se han transmutado tras mi mala vida.

Morimos sin aviso.

Yo vivo en un núcleo de población de costa que no excede los veinte mil habitantes en invierno. Estamos , además, a escasa hora y media de la segunda gran ciudad española, motivo por el cual cuando llega el verano triplica, incluso cuadruplica, sus habitantes.

Un infierno.

Junto a mi casa, hay un polideportivo. En él, el único helipuerto de una amplia zona. En el pueblo de al lado -apenas a doce kms- está el hospital comarcal de referencia.

En invierno, apenas nos damos cuenta del paso de una ambulancia. Incluso, cuando excepcionalmente, se utiliza el helipuerto, la algarabía que se forma es comentada por los vecinos durante días.

Dicho esto..

Tumbado en la cama. Apurando los minutos antes de levantarme, durante los intempestivos horarios a los que mi trabajo me obliga, escucho:

NI-na ni-na ni-na!!

– Ahí va de nuevo otra ambulancia. -medito en voz alta-. luego callo.

Se darán cuenta, -pienso- todas estas gentes que vienen y van, con sus prisas, con la ilusión del merecido descanso, con la alegría de poder ofrecer a sus hijos unas vacaciones, que muchos no volverán? Se darán cuenta, de que, -aunque tal vez ellos estén acostumbrados al ruido de ciudad, a ese guirigay de sonidos que comprenden, entre otros, todos los que conllevan la muerte asociada a sus sirenas..-, que nosotros no lo escuchamos en nuestro día a día?

Qué duro es saber, incluso reconocer qué actitudes adopta el gentío que perderá su vida o la de algún miembro de sus familias por conducirse bajo criterios que también se traen de vacaciones..!!

I (15) La rumana

Recuerdo otra anécdota acaecida con I.

Cuando vivía en mi apartamento de soltero, al trabajar en el bar, no paraba mucho en casa. Además, como vivía de noche y dormía de día -como cualquier vampiro que se precie-, tenía una chica rumana que venía un par de horas un par de días a la semana a arreglar, limpiar, etc en casa. Tampoco había mucho que hacer.. pero dado el ritmo de vida que entonces yo llevaba, ya me parecía bien tener a alguien que pusiera freno al desastre..

Cuando conocí a I, era ella una hippie exponencial de “marcados” criterios. Y por consiguiente actuaba como tal en los mínimos detalles hasta exagerar. Recuerdo que cuando periódicamente venía a casa en vacaciones,-el primer año mantuvimos la relación con mil doscientos kms por medio durante un año-, le fastidiaba que yo emplease a la rumana (y me lo hacía sentir cada vez que surgía la ocasión), en algo parecido a un servicio de hogar.

Siempre que pudo, intentó que la chica se sintiera incómoda para intentar conseguir que no viniera. Era una actitud absurda. A ella le venía bien hacer esas pocas horas, a mi no me importaba pagárselas, aunque a menudo fuera limpiar sobre limpio haciendo inútil su trabajo.

Recuerdo una vez que ella estaba aun atareada por casa, I me cogió de la mano y me llevó desde el sofá donde mirábamos televisión, a la habitación, para follar. Si bien no me negué de plano, si que me pareció hacerle un feo a la rumana. Más que nada porque parecía una provocación ya que podíamos esperar unos pocos minutos más hasta que se fuera.

I montó en cólera cuando intenté explicarle que aquello parecía una chiquillada. Abrió la puerta -desnuda- y salió con alguna absurda excusa a buscar Dios sabe qué y exhibirse en el paseo por el pequeño apartamento. La escuche intercambiar algún saludo con la chica y volvió a la habitación. A los pocos minutos, a través de la puerta cerrada, se escuchó la voz de la rumana, me decía que ya había terminado y que se iba, que no me preocupara, que ya le pagaría el próximo día.

Aquella familiaridad también le molestó a I, volvió a recriminarme sobre lo de mantener a una trabajadora que no necesitaba. Me increpó sobre la afinidad que mantenía con ella. Le hice ver que andaba equivocada. Que sólo mantenía una actitud cordial entre trabajadores, -al fin y al cabo, yo hacía lo mismo en el bar-. Al final volvimos en silencio al sofá, desnudos como estábamos, cada cual en un rincón, con la mirada extraviada sin atender al televisor. Poco a poco la cordialidad volvió a unirnos y nos dispusimos a continuar el polvo en el sofá.

De la incomodidad del sofá pasamos al suelo y cuando ya estaba a punto de correrme, se las ingenió para arrastrarme hasta la alfombra. Allí se separó de mi en el último momento y abrazándome y clavando sus uñas en mi espalda con saña, me dijo al oído:

– Quiero que te corras sobre la alfombra. Seguro que la zorra de tu criada se pone cachonda el próximo día que te venga a limpiar.

Por supuesto me corrí en la alfombra. Me las ingenié para que la rumana no viniera durante el resto de las vacaciones en que I permaneció conmigo -gesto que pareció aplacar a la fiera- y no volvimos a hablar del asunto. Una vez que mi futura mujer concluyó sus vacaciones y se volvió a su ciudad, cogí la alfombra y la llevé a la tintorería. Tampoco era lo que se notaba.. pero como no se limpió durante los días que tardó en marcharse, -parecía evitar la limpieza como si de una marca de loba se tratara..- luego ya era tarde.

Entierros.

Es macabro pensar en a que entierros asistiré y a cuales no?

Qué conceptos prevalecen para hacer esa distinción?

Lejanía?

Gastos?

Afectos?

Comodidad?

A veces, caigo en la cuenta de los familiares que “todavía” viven. “Comparo” bajo criterios meramente especulativos “lógicos”, en qué orden vamos a irnos.

Bajo esta especulación, intento intuir, de entre los elegidos -siempre ascendentes míos- a cuales acudiré para el paripé social del último adiós. Muchas veces me sorprendo sobre mis decisiones. No siempre de los motivos de las mismas.

Es trágico asistir a ver cómo se deshacen los hilos que forman el entretejido familiar.

Ayer fui al banco

Ayer fui al banco. Los que me conocen ya saben sobre mi aversión a los establecimientos bancarios.

https://montxomon61.wordpress.com/2015/04/02/bancos-puaj/

Hace unas semanas recibí un par de cartas de la Entidad Bancaria a través de la cual cobro. Una para informarme de que a partir del diez julio la tarjeta de débito pasaría a tener un coste anual de 28 euros o bien liquidar mi contrato con el Banco y otra para informarme de que me conceden una tarjeta de crédito con un límite de hasta 3000 euros. Ambas me pusieron de los nervios.

Yo hago todo lo relacionado con los bancos a través de internet. Cada vez que, puntualmente, he de acudir a una oficina bancaria, entro en una especie de catarsis de mala baba que bloquea todo mi ser. Se podría decir que prefiero ir al dentista.

A lo largo de dos semanas he ido postergando la visita de protesta -de paso he ido informándome sobre distintos otros Bancos como alternativa, no hay mucho dónde elegir-.

Por fin, ayer, tras aleccionarme yo mismo -al más puro estilo americano haciendo yo mismo de coach– me dirigí a susodicho establecimiento. Nada más llegar, tuve un bajón emocional. Justo enfrente había un mercadillo semanal de embutidos artesanos, me paré, degusté y sin querer sonreí satisfecho. Luego tuve que dar dos vueltas a la manzana para volver a darme ánimos y poner cara de perro. Cuando, de nuevo, me vi motivado, conseguí, por fin, entrar.

– Buenos días..

– Buenos días. En qué puedo atenderle?

– Quisiera ver al director.

– No está en este momento. Justo ha salido a desayunar. Es vd cliente? No recuerdo haberle visto por la oficina nunca y ya llevo tres años aquí desde la fusión..

– Intento no venir nunca. Casi prefiero ir al dentista -me escucho renegar-. Incluso caerme por la escalera, en lugar de venir a verles..

Mientras observo como su sonrisa muta a cara de haba, le escucho contestar.

– Si puedo ayudarle yo..

– Le cuento. Yo prefería algo de privacidad, lejos de ventanilla, pues vengo de mal humor..

– Le escucho…

– Bien. He recibido una carta dónde me indican que a partir del diez de julio me van a cobrar una comisión de 28 euros por tener la tarjeta de débito. Comprenderá vd, que si la Dirección de ésta entidad ha estado aleccionándonos para que utilicemos los Cajeros Automáticos en lugar de ser atendidos en ventanilla.. me parece un despropósito que a la vuelta de un año y medio quieran cobrar por la tarjeta.

– Bueno.. son Políticas de Empresa. De hecho, no sabe vd cuántas personas hacen una mala gestión en ventanilla colapsando los Servicios de Atención al Cliente..

Le escucho recitar como si un autómata se hubiera tragado una grabadora. Como en realidad no le presto atención a sus peroratas exculpatorias corporativas, simplemente le interrumpo:

– Con ese criterio que vd expone, tira por tierra toda esa publicidad con la que decoran sus ventanales, ésa en la que sale el tenista Rafa Nadal hablando de manera filosófica como si fuera Bruce Lee. En la que el mensaje a transmitir es el de que “Nuestras Oficinas Bancarias están realizando una apertura hacia la comprensión del público para mitigar la mala fama que hemos adquirido durante La Crisis”. Sabe lo que quiero decir.. verdad?

– Me deja su Documento de Identidad, Por favor.

– 350……… o necesita el documento físicamente?

– No. No es necesario. La letra..?

– W.

Silencio..

Esos segundos de silencio durante los cuales sólo se escucha el rrrrrrrrrrrr del aire acondicionado y la respiración pausada de una vieja -que desde el sillón de la sala de espera- atiende solícita al partido de tenis verbal..

– Señor.. tal tal. Veo que su Cuenta pertenece al Producto Bancario Expansión. EXENto de comisiones.

Como se ha permitido recalcar las primeras letras de la palabra “exento”, me permito soltar mi discurso de un tirón -después de todo, he invertido horas en prepararlo previamente, y no estoy dispuesto a dejar de pronunciarlo-.

– … observará que el saldo medio de mi cuenta es mínimamente superior a lo que, desgraciadamente, se cobra hoy en día. También que mi esposa tiene una cuenta asociada, que es a dónde van a parar nuestros pequeños ahorros, porque se habrá dado vd cuenta de que ella cobra menos que yo.. y si me cobra la comisión.. me largo con mi dinero a otro sitio. Y ella -ya se lo garantizo yo, ahora- también!!

– Ya le he dicho que su cuenta está exenta de comisiones.. señor.

Aunque me repatea lo del “señor”, sigo adelante. Cabalgando. En mi impertinente desafío..

– Ni la tendrá más adelante?

– No. Ya le digo que su cuenta está exen..

– Y para qué me envían la carta? Piensan vds que no tengo otra cosa que hacer que venir aquí para tonterías? -me atrevo a añadir.

Por dentro ya me relamo, ésto -a mi edad- es casi mejor que el sexo..

– Ha de comprender que las cartas se envían a todos los clientes que poseen Tarjetas.

– Seguro que no me cobrarán nada más adelante?

– Seguuuro.

Contesta condescendiente el empleado, cuyo rostro ha vuelto a coger color.

– Me lo puede dar por escrito? -apostillo, machacón-.

– Está escrito en el contrato. Lo puede vd consultar. Mire..

Aquí, consigue taparme la boca el tiempo suficiente para añadir:

– Ya no está vd enfadado?

– A medias. -insisto, orgulloso-.

– Dígame..

– En la otra carta, me ofrecen una Tarjeta de Crédito con un límite de 3000 euros.

– …??

– No la quiero. Además, me parece insultante que cada vez que conecto por Internet, para ver el saldo, hacer transferencias o sacar dinero en el Cajero, me llegan continuos mensajes al Móvil para que Active, Active. Active su nueva Tarjeta de Crédito. Puede vd hacer algo para que no me lleguen esos mensajes tan molestos?

– Los mensajes dejan de emitirse automáticamente cuando vd la activa o, en su defecto, al cabo de un mes de no activarla..

– Comprenderá vd, que es una política agresiva. Vds juegan con que si, por error, al abrir cualquier mensaje de este tipo, la activamos. Luego hay que venir aquí, y desandar el camino sin fin de explicarles que ha sido un error, etc.. etc.. y seguro que a final de año, algo cae!! Por intereses de apertura, utilización, o lo que sea..

Mientras su semblante a vuelto a tener un color de manzana agria, escucho comentar a la vieja del sillón..

– Eso le pasó una vez a una amiga mía. Y estuvimos dos meses para arreglarlo… con todas las molestias que eso supuso..

Como el “estuvimos” denota que tal vez le ocurrió a ella, en lugar de a una amiga, cara de haba decide concluir la conversación con un:

– Entonces? No la quiere. Seguro..

– Verá. Llevo trabajando con vds toda la vida. He visto todas las “fusiones” que el Banco ha querido tener. -iba a añadir: no sólo la última, desde que estás tu chavalín, pero me callo. Ya tengo bastante por hoy- Y en todos estos años, mientras las pasaba putas, mientras me devolvían recibos por falta de pago, o me negaban Prestamos por no tener avales o un sueldo mísero, nunca éste Banco me brindó una oportunidad. Ahora, que teniendo la suerte de haber conservado el empleo durante La Crisis, y, tener una estabilidad económica decente, me ofrecéis una Tarjeta que conlleva un préstamo (que tendría que pagar, si utilizo, por supuesto), que no necesito para nada. Vd, si se pusiera en mi lugar? Qué haría con la Tarjeta?

– No la quiere.

Cuánto les cuesta a los empleados bancarios encajar una broma. Nada de reir o confraternizar con el cliente. Cómo me gustaría conocer a los que les hacen las Campañas de Marketing, tal vez pudiera hacerles entender que la filosofía de Rafa Nadal no tiene sentido si los oídos son sordos.

– No la quiero.

– Muy bien. Adiós, buenos días.

– Buenos días.