Infancia versus achaques.

No se si algun@ conoce o habrá jugado con Madelman´s. Eran unos muñecos articulados ataviados con uniformes militares, aventureros, deportes… “muñecos de acción” creo que rezaba la publicidad de la época.

Bien, dicho esto. Recuerdo que las articulaciones de codos y rodillas estaban confeccionadas de manera simple aunque efectiva con un sencillo mecanismo, un engranaje a bola metido a presión.

Generalmente, la mínima tensión forzada en el juego por chiquillos no cuidadosos, rompía el frágil plástico de las rodillas y/o codos. Un trozo de cello apretado servía para restablecer la “operación traumatológica” a efecto..

Pues bien, hace unos pocos años que me siento así.

Mis rodillas -en especial la izquierda- me produce la misma sensación. Un dolor insuperable -ni con fármacos- me recuerda cuan frágil puedo llegar a ser recordándome que mis fechorías de crio se han transmutado tras mi mala vida.

Morimos sin aviso.

Yo vivo en un núcleo de población de costa que no excede los veinte mil habitantes en invierno. Estamos , además, a escasa hora y media de la segunda gran ciudad española, motivo por el cual cuando llega el verano triplica, incluso cuadruplica, sus habitantes.

Un infierno.

Junto a mi casa, hay un polideportivo. En él, el único helipuerto de una amplia zona. En el pueblo de al lado -apenas a doce kms- está el hospital comarcal de referencia.

En invierno, apenas nos damos cuenta del paso de una ambulancia. Incluso, cuando excepcionalmente, se utiliza el helipuerto, la algarabía que se forma es comentada por los vecinos durante días.

Dicho esto..

Tumbado en la cama. Apurando los minutos antes de levantarme, durante los intempestivos horarios a los que mi trabajo me obliga, escucho:

NI-na ni-na ni-na!!

– Ahí va de nuevo otra ambulancia. -medito en voz alta-. luego callo.

Se darán cuenta, -pienso- todas estas gentes que vienen y van, con sus prisas, con la ilusión del merecido descanso, con la alegría de poder ofrecer a sus hijos unas vacaciones, que muchos no volverán? Se darán cuenta, de que, -aunque tal vez ellos estén acostumbrados al ruido de ciudad, a ese guirigay de sonidos que comprenden, entre otros, todos los que conllevan la muerte asociada a sus sirenas..-, que nosotros no lo escuchamos en nuestro día a día?

Qué duro es saber, incluso reconocer qué actitudes adopta el gentío que perderá su vida o la de algún miembro de sus familias por conducirse bajo criterios que también se traen de vacaciones..!!

I (15) La rumana

Recuerdo otra anécdota acaecida con I.

Cuando vivía en mi apartamento de soltero, al trabajar en el bar, no paraba mucho en casa. Además, como vivía de noche y dormía de día -como cualquier vampiro que se precie-, tenía una chica rumana que venía un par de horas un par de días a la semana a arreglar, limpiar, etc en casa. Tampoco había mucho que hacer.. pero dado el ritmo de vida que entonces yo llevaba, ya me parecía bien tener a alguien que pusiera freno al desastre..

Cuando conocí a I, era ella una hippie exponencial de “marcados” criterios. Y por consiguiente actuaba como tal en los mínimos detalles hasta exagerar. Recuerdo que cuando periódicamente venía a casa en vacaciones,-el primer año mantuvimos la relación con mil doscientos kms por medio durante un año-, le fastidiaba que yo emplease a la rumana (y me lo hacía sentir cada vez que surgía la ocasión), en algo parecido a un servicio de hogar.

Siempre que pudo, intentó que la chica se sintiera incómoda para intentar conseguir que no viniera. Era una actitud absurda. A ella le venía bien hacer esas pocas horas, a mi no me importaba pagárselas, aunque a menudo fuera limpiar sobre limpio haciendo inútil su trabajo.

Recuerdo una vez que ella estaba aun atareada por casa, I me cogió de la mano y me llevó desde el sofá donde mirábamos televisión, a la habitación, para follar. Si bien no me negué de plano, si que me pareció hacerle un feo a la rumana. Más que nada porque parecía una provocación ya que podíamos esperar unos pocos minutos más hasta que se fuera.

I montó en cólera cuando intenté explicarle que aquello parecía una chiquillada. Abrió la puerta -desnuda- y salió con alguna absurda excusa a buscar Dios sabe qué y exhibirse en el paseo por el pequeño apartamento. La escuche intercambiar algún saludo con la chica y volvió a la habitación. A los pocos minutos, a través de la puerta cerrada, se escuchó la voz de la rumana, me decía que ya había terminado y que se iba, que no me preocupara, que ya le pagaría el próximo día.

Aquella familiaridad también le molestó a I, volvió a recriminarme sobre lo de mantener a una trabajadora que no necesitaba. Me increpó sobre la afinidad que mantenía con ella. Le hice ver que andaba equivocada. Que sólo mantenía una actitud cordial entre trabajadores, -al fin y al cabo, yo hacía lo mismo en el bar-. Al final volvimos en silencio al sofá, desnudos como estábamos, cada cual en un rincón, con la mirada extraviada sin atender al televisor. Poco a poco la cordialidad volvió a unirnos y nos dispusimos a continuar el polvo en el sofá.

De la incomodidad del sofá pasamos al suelo y cuando ya estaba a punto de correrme, se las ingenió para arrastrarme hasta la alfombra. Allí se separó de mi en el último momento y abrazándome y clavando sus uñas en mi espalda con saña, me dijo al oído:

– Quiero que te corras sobre la alfombra. Seguro que la zorra de tu criada se pone cachonda el próximo día que te venga a limpiar.

Por supuesto me corrí en la alfombra. Me las ingenié para que la rumana no viniera durante el resto de las vacaciones en que I permaneció conmigo -gesto que pareció aplacar a la fiera- y no volvimos a hablar del asunto. Una vez que mi futura mujer concluyó sus vacaciones y se volvió a su ciudad, cogí la alfombra y la llevé a la tintorería. Tampoco era lo que se notaba.. pero como no se limpió durante los días que tardó en marcharse, -parecía evitar la limpieza como si de una marca de loba se tratara..- luego ya era tarde.

Entierros.

Es macabro pensar en a que entierros asistiré y a cuales no?

Qué conceptos prevalecen para hacer esa distinción?

Lejanía?

Gastos?

Afectos?

Comodidad?

A veces, caigo en la cuenta de los familiares que “todavía” viven. “Comparo” bajo criterios meramente especulativos “lógicos”, en qué orden vamos a irnos.

Bajo esta especulación, intento intuir, de entre los elegidos -siempre ascendentes míos- a cuales acudiré para el paripé social del último adiós. Muchas veces me sorprendo sobre mis decisiones. No siempre de los motivos de las mismas.

Es trágico asistir a ver cómo se deshacen los hilos que forman el entretejido familiar.

Soledad/frustración.

Recuerdo una etapa de frustración durante las fechas previas a las vacaciones de Navidad de cuando cursé 7º de EGB, debía contar entre doce y trece años. No explicaré ahora las razones. Siguen escondidas en alguna cueva remota de mi cerebro. Las dejé marchitar ahí ya hace años. Muchos.

Si recuerdo cómo rompí los lápices de colores, uno a uno, de mi estuche. Fue una decisión rabiosa. Una forma de sacar la ira, de canalizarla más bien.

Inmediatamente me arrepentí. Era un (él) estuche que me había regalado mi madre. -no recuerdo cómo más tarde justifiqué el acto- La comprensión del resultado de mi acto me hizo llorar. Llorar en silencio. Lágrimas ocultas. Nunca me perdoné esa acción (a pesar de que a lo largo de mi vida rompí muchas otras cosas). Aquel era el estuche con que mi madre me había hecho cómplice acerca de una afición mutua.

Dicho esto:

Miro a mi alrededor. Observo los pequeños objetos con que me puedo rodear. Pequeñas baratijas con las que, de cuando en cuando, amanso a la fiera consumista que habita en mi interior, calmando su sed de placer inmediato, entorpeciendo valores contradictorios. Encuentro una pequeña caja de madera a la que doy un absurdo uso cotidiano. -Ojo!! no es un tesoro, la compré en un chino-.

Y.. mientras la observo, pienso en mi estuche de colegial. Mi primer estuche de valor. Con valor. Con un intrínseco valor sentimental.. y comienzo mi verso:

SIENTO FASCINACIÓN SOBRE LAS COSAS QUE SE PUEDEN ROMPER.

VALORO SU FRAGILIDAD.

UN ESTUCHE DE MADERA,

BIEN CUIDADO,

PUEDE DURAR TODA UNA VIDA.

DE LA MISMA MANERA,

SI FUERZO SUS GOZNES

SI QUIEBRO SU FRAGIL EXTRUCTURA

PUEDO DESTRUIRLO SIN MÁS.

HAY QUE APRENDER A CUIDAR.

Y vuelvo a mirarme en el espejo del ascensor.

Ojalá existiera un botón para bajar al infierno, más abajo del parking. Donde purgar mi dolor..

Sobre el poder de la sumisión.

Recuerdo..

Paulatinamente, cada x años, el recuerdo de una escena de la película “Historia de O”, una pseudo entrega sobre el sado-maso que hizo furor en los 80´s, impulsando -a mi juicio encasillando- a la actriz Corín Cleri en ese género, vuelve a mi memoria como el fantasma de algo comprendido, asimilado.. pero completamente inaceptable para mi forma de comprender la vida.

La escena en cuestión es la que se da cuando la protagonista se encuentra con uno de sus amos/carceleros/instructores en las enseñanzas masoquistas para doblegar la voluntad de la instruida, casualmente durante un paseo. El encuentro entre ellos denota el cariño que entre esas personas se había llegado a forjar a través de la dominación y el sexo.

Ante las insinuaciones “veladas” de él, ella le dice que espere. Ha de pedir permiso a su dueño/marido.

Le llama por teléfono. Le explica. El interlocutor tan sólo le pregunta si a ella le apetece? Ella contesta que si. Él le niega y la hace volver a casa de inmediato. Ella le dice al carcelero que no puede ser y se marcha hacia casa, donde sabe de antemano que será fustigada como castigo, que aceptará voluntariamente.

Ese poder!!

Esa sumisión aprendida, aceptada. Incluso convertida en orgullo para ella.

Posiblemente una de las situaciones que estando hábilmente relatadas en el film, despierta periódicamente sentimientos dolorosos en mi cerebro.