Hormigas.

Me fascina ver trabajar a las hormigas en verano.

Mientras recorro campos con mis perros.

Observar las idas y venidas de hileras de hormigas portando sin descanso semillas de trigo es un pasatiempo para mi.

Me paro a cada paso -para desesperación de mis canes, que no comprenden mis retrasos y tienen que volver a buscarme una y otra vez- y me entretengo en observar a las hormigas en su ir y venir. Nada las detiene.

Me fascina comprobar -sin poder ver- cómo nunca se estorban en la entrada al hormiguero. Unas entran cargadas, otras salen de vacío, sin dilación. Nunca sufren atascos.

A veces, -cual crío mal-intencionado- les pongo trabas. Una piedrecita taponando la abertura del hormiguero. Un palo cruzado en su interminable convoy. El mínimo atasco es acometido por unas cuantas que parecen organizar rutas alternativas sin permitir descanso a las demás.

Y nosotros, con todo ese derroche de tecnologías no somos capaces de salir de vacaciones de una ciudad.

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