Metas de vida.

A veces sueño con que ya he vivido bastante.

Por lo tanto, me recreo pensando en otra vida. Después. Lejos de ésta.

El miedo a nacer o a morir.. es debido al camino pendiente por recorrer?

Es por eso, que aun comprendiendo que sólo tenemos la vida que vivimos, a menudo pienso en volver a empezar. No tras ésta. No otra. Es como lo de repetir Casas del Karma. Una vez conseguida una etapa.. hay que lanzarse a por otra.

Energía para crecer.

He estado leyendo La casa de los Espíritus, de Isabel Allende, hace pocas semanas.

Clara, una de los personajes protagonistas, hace gala de unos extraños poderes paranormales a lo largo de toda su vida en la novela. En vísperas a su muerte, hace la siguiente reflexión:

– Me he dado cuenta de que el hecho de comprender cómo comunicarme con las almas del Más Allá me facilitará, luego, poder comunicarme con las del Más Acá.

Lejos de parecer una perogrullada, la frase me ha hecho reflexionar mucho estos días.

Evidentemente, hay que sentar la premisa de creer.

(Creer con mayúsculas)

Bien creer en la resurrección de los muertos. De que haya otra vida, llamémosla Cielo o Infierno, tanto da. Creer que cuando morimos, aunque dejemos el cuerpo,  éste no es más que el envoltorio de algo llamado “Alma” que permanece -o no?- en algún sitio.. Creer, ya digo, en el Más Allá.

Yo personalmente no creo en nada que no vea. Aunque hoy en día, -tomemos los ejemplos de medicina o magos, por ejemplo- incluso en lo que no vea o no entienda. (aunque esto son cosas distintas). Yo siempre me quedé con la banal y sencilla idea de que somos energía. Ya sabéis..

– La Energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Con esta frase, resumo yo todas mis preguntas sobre el tema religioso.

Supongo que cada cual puede ponerle un nombre a la Energía.

I (14) 30 Centímetros

Ya os he hablado de I mucho en este sitio, fue mi tercera esposa.

Hoy quiero contar sobre una anécdota que ocurrió pocas semanas tras nuestra separación.

Antes debo explicar sobre la “recurrente obsesión” a la que se refiere el escrito.

Durante mi relación con I no fueron pocas las veces en que la morbosa fantasía de follar con un “negro” y, que tuviera un gran pollón además, tuvieron cabida en nuestras conversaciones. También, recuerdo, de cómo hacía gala de la misma fantasía con alguna de sus compañeras de trabajo. Con una en concreto, creo que fue la que la cautivó en el deseo de probar, entabló, en más de una ocasión, el tema de conversación a propósito.

Esta compañera suya, había mantenido una relación con un haitiano, del que no guardaba demasiado buen recuerdo, pues en una ocasión -le había confesado a I y ésta a su vez a mi- le había fisurado el ano, en un intento a toda prisa por mantener un coito en el lavabo de un bar, mientras su marido la esperaba en la barra. Dicho esto, el interrogante sobre cómo sería mantener esa relación nunca debió desaparecer de su cabecita.

No os negaré que a mi siempre me pareció el capricho de una mujer burguesa. Si bien no lo era, –I siempre fue una hippie irredenta- con la edad y el estatus que produce el puesto de trabajo, los hijos, etc.. si parecía haber convertido en burguesa su vida de cara a la sociedad en la que vivía.

Como ya comenté en los primeros capítulos de I, hay que añadir el detalle de que su primer marido, Jota, le puso muchos cuernos con amigas y prostitutas a lo largo de su vida en común. Supongo que esta circunstancia también toma cierto valor en el desenlace de esta historia.

Sea como fuere, recuerdo la siguiente conversación como una de las últimas mantenidas con ella tras encontrarnos por casualidad tomando un café en un céntrico bar de nuestra localidad, tres semanas después de separarnos.

Ella: – Por cierto.. ya cumplí mi fantasía.

Yo: – Perdona? A qué te refieres?

Ella: – Ya sabes.. lo de follar con un negro.

Yo: -…?

Ella. – Le medía treinta centímetros.

Yo: – Y, te entretuviste en medirle la polla? No me lo creo.

Ella: – Que si. Te lo digo de verdad. Un polvazo!! Ya me conoces. Y pagando eh!!

Aquí, me quedé sobrecogido. Yo ya mantenía una relación con otra mujer. Por lo cuál, el tema de celos no funcionaba. Recuerdo le dije que no me lo creía. Que si su intención era hacerme daño, no tenía ningún sentido, pues ya estaba yo con otra persona, ella lo sabía y por lo tanto, ya nada podía unirnos como para dañarnos sentimentalmente. También recuerdo que me reí de ella imaginándomela ante la situación.

– Me quieres decir que te buscas un puto. Que además debía de ser negro. Le pagas!! Y en un momento dado, sacas de algún sitio una cinta métrica para medirle la tranca? Dónde queda tu dignidad? No te creo.

No pareció muy enfurecida tras mis palabras, le dije que ya le pagaba yo el café y desapareció por la puerta.

Olvidé este tema durante meses. Luego, sin más. Apareció de nuevo, en mis pensamientos. Qué lleva a una persona a rebajarse para cometer esta serie de actos? Era necesario, dado que ya estábamos separados, contarme este episodio? Era necesario (para ella) concluir el tema prostitución, tal vez para mitigar el dolor o los fantasmas de su primer marido? Era necesario recalcarme que lo había pagado? Tal era la rabia con la que pretendía cicatrizar las heridas de su corazón? Me sorprendió mucho esta confesión “fuera de tiempo”.  Durante una temporada estuve pensando que tal vez ya había calmado sus apetitos vengadores algún tiempo antes de separarse de mi. Aprovechando alguna salida. No se.. Luego desestimé la idea. Tampoco importaba ya.

La vida sigue…

Hormigas.

Me fascina ver trabajar a las hormigas en verano.

Mientras recorro campos con mis perros.

Observar las idas y venidas de hileras de hormigas portando sin descanso semillas de trigo es un pasatiempo para mi.

Me paro a cada paso -para desesperación de mis canes, que no comprenden mis retrasos y tienen que volver a buscarme una y otra vez- y me entretengo en observar a las hormigas en su ir y venir. Nada las detiene.

Me fascina comprobar -sin poder ver- cómo nunca se estorban en la entrada al hormiguero. Unas entran cargadas, otras salen de vacío, sin dilación. Nunca sufren atascos.

A veces, -cual crío mal-intencionado- les pongo trabas. Una piedrecita taponando la abertura del hormiguero. Un palo cruzado en su interminable convoy. El mínimo atasco es acometido por unas cuantas que parecen organizar rutas alternativas sin permitir descanso a las demás.

Y nosotros, con todo ese derroche de tecnologías no somos capaces de salir de vacaciones de una ciudad.