Tengo una amiga… -de esas metepatas-, que…

Unos con más edad, otros con menos.

Unos con los niños emancipados, otros con ellos a cuestas.

En conjunto, en el cuadro de amistades que forman la panda que somos, siempre procuramos juntarnos por lo menos un par de veces al año. Intentamos alquilar alguna casa rural donde poder pasar unos pocos días de “descanso”.

Cada vez es más complicado quedar. Los hijos, las nuevas parejas, los hijos de otras parejas. Las mascotas, l@s ex.. Los trabajos de unos u otros. En fin, la lista de peros es larga.

Este año, por junio, conseguimos juntarnos siete parejas. veintitrés entre adultos -solteros y casados- y menores. Más cinco perros.

En cuanto nos sentamos por primera vez a la mesa, mi mujer me mira, me sonríe, y al oído me dice:

  • Vigila lo que haces. Tengamos la fiesta en paz.
  • … Perdona?
  •  Te das cuenta de que menos con tu hermana, has tenido líos con todas las tías de esta mesa?

Algo ruborizado -lo admito- me vuelvo hacia ella y miento:

  • Buehh… Hace tanto de eso.. Ni me acordaba ya.

La comida se desarrolla tranquila. A los postres les siguen los cafés y, las copas. Entrada ya bien la tarde, nadie parece quererse levantar. los niños corren por los campos. La algarabía de pelotas y bicicletas promete una nueva generación de amistad. Lo comentamos entre todos. La cosa nos hace gracia y entre la segunda y tercera ronda de licores, el rule del hachís, las nostalgias, los compromisos, las confidencias, van acomodándose alrededor de la mesa.

En un momento dado, Alicia se pone a discutir con su pareja. Las voces airadas nos sumen al resto en un silencio incómodo y Javier -su nuevo marido-, sale a pasear  al calor de la tarde.

Ante la insistencia de las miradas del grupo, sobre todo de las de su género, Alicia explica que su marido no quería venir. Que se sentía incómodo porque ella le había contado que en nuestro grupo, en nuestra época hippie, la mayoría habíamos salido unos con otros.

Javier es nuevo en el grupo, se casó con Alicia hace un par de años. Tan sólo lo conocían algunos de otra quedada de grupo. A esa no asistimos nosotros. Parece buen chaval.. -hay que tenerlos bien puestos para manejar a esa mujer, recuerdo y callo-.

La confidencia vuelve a llevarnos hacia nostálgicos recuerdos de juventud. Sin querer, empezamos a hacer cábalas…

Al final, Alicia explota en carcajadas. Los ojos le estallan en lágrimas. Las burbujas del sorbo de Gin-Tonic le asoman por la nariz.. y confiesa:

  • Me parece que yo soy la única que se ha acostado con todos los tíos de esta mesa!!

Desde el office de la cocina, mi hermana y mi cuñado cruzan una mirada intensa con mi esposa. Ésta se ruboriza y comienza a reír.

Alicia me mira y con un gesto, enarcando sus cejas, parece contrastar un:

  • -Lo sabe?

Vuelta a las carcajadas. Ahora mi cuñado, mi hermana, mi esposa, Alicia y yo, al unísono.

Algunas caras nuevas se suman mientras otras se tornan de póker.

El momento ha pasado.

Un brindis copa en alto. Por la amistad!!

Javier, acompañado por varios de los críos aparece por la puerta.

  • Por qué brindáis?

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