Más sobre vecinos y tristezas.

Vuelvo del médico, eso ya lo contaré otro rato.
Entro en la portería, recojo la publi del buzón y mientras espero al ascensor, llega otro vecino.
– Hola vecino.
– Buenos días, te espero..
– Vale. Espera, que cojo una carta.. cuánta publicidad!! La cantidad de dinero que gastan y que va directamente a la basura..
– Pues si, la verdad..
La conversación inútil se alarga lo que tarda en abrirse la puerta corredera.
– Has vuelto a currar? -Le pregunto, sin apenas interés, por llenar el tiempo de silencio incomodo que dura el trayecto mínimo-.
– Si. Este martes justo hará dos meses que empecé…
En realidad ni le escucho, sólo asiento con la mirada perdida en el reflejo que me aporta el espejo. -me estoy quedando sin pelo en la coronilla- pienso, mientras vuelvo a la realidad cuando me tiende su propaganda para que la coja.

-Coño! Tírala tu en tu basura. Medito si contestarle? Y, observando mi cara de acelga urge añadir:
– Perdona. La puedes tirar tu? Es que anuncian sofás. Mi mujer está empeñada en cambiarlo desde hace meses y así me ahorro una bronca.
– Por supuesto. -contesto mientras recojo el tríptico-.
– Ah! Mi piso. Gracias vecino.
– Hasta luego. Suerte.
Salgo unos segundos después. Todavia puedo escuchar el alboroto de los ecos de las voces de sus mellizos..
– Hola papá.
– Hola papi, qué nos has traido…?

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