Los tomates ya no están maduros. (cuento/reflexión)

En los blocs de notas del Teléfono Móvil y la Tablet, tengo anotaciones sobre ideas, sueños, recuerdos o simplemente meditaciones, clasificados en carpetas de colores.. Me sirvo de dichos blocs para mantener despierto el interés por escribir sobre cosas.. ya sabéis, los que me seguís -incluso los nuevos- esos escritos que me gusta publicar aquí.

A veces pienso, que el día que desaparezca (tampoco hay prisa), mis seres queridos se toparan con una suerte de memorias de difícil entendimiento. Me gusta deleitarme ante esta idea. Imagino, tal vez a mi mujer o a mi hija, cuando reciban los objetos personales, curiosear entre ellos y pensar, antes de abandonarlo todo en un cajón:

– Mira que estaba chocho.
Sonrío.

Tengo una pequeña historia que me corroe el seso desde hace meses. No tengo muy claro cómo abordarla, pero no quiero dejar pasar más tiempo sin sacarla a relucir.
Tan sólo la tengo empezada con un par de frases. La primera, el título. Indispensable.
(en realidad es la frase que me vino a la cabeza cuando los vi, y.. luego, la historia fue tomando cuerpo alrededor de la misma.

LOS TOMATES YA DEJARON DE ESTAR MADUROS

Así. Sin más. A que suena prometedor?
Sonrío.
Os cuento:

Este invierno he visto crecer una tomatera,
ínfima, tres tomates.
Día tras día los he visto brotar,
crecer, engordar, madurar y..
pudrirse.

Lo que al principio me hizo esbozar una sonrisa,
luego, día tras día,
me enfureció.
No tomé partido.
Nada hice por solucionarlo.

Tan pequeñicos,
como bebés colorados,
los vi un día asomar.
Un día uno, otro día otro, tres al final.

Desde el primer día comprendí
que nadie los cogería.
Asistí, imperturbable,
al fatal anunciado desenlace.

En el camí de la merda de gos
(en el camino de la mierda de perro)
como el vecindario conoce ese pequeño callejón,
donde los canes son llevados a evacuar.

Tras una verja.
Colgando,
mis tres tomates aparecieron una tarde.
como tres reyes esplendorosos,
rodeados de sus súbditos de mierda.

Lo que me sorprende de esta historia, y lo que en realidad me hace reflexionar, es sobre lo bien que vivimos en este mundo occidental.
Estoy seguro que en cualquier país tercermundista, ningún niño mal alimentado le hubiera hecho ascos a unos tomates, que bien aclarados, debían estar, seguro, la mar de sabrosos.

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