La vieja de la muerta asesinada.

El título de este escrito es el que es. No se me ha ocurrido nada mejor.. Tampoco el desenlace va mucho más allá.

Hace un par de semanas, -volviendo una vez más con mis canes, de la fábrica donde trabajo- me sucedió una experiencia difícil de digerir.

Era ya casi noche cerrada. Finales de agosto, no recuerdo si había luna. Bochorno tras una breve lluvia de verano. Alguna nube, sin rastro de estrellas. Al llegar al pueblo me abordó una mujer, rubia, pasaba de los cuarenta. No mal parecida pero de desgarbados movimientos. los perros se plantaron en seco sin ladrar. Se me acercó lo suficiente para percibir su perfume sucio. Sudor reseco. Aparté el gesto y retrocedí un paso.

  • Esa casa de enfrente es la de aquella mujer que murió a manos de su padre?

Me espetó sin saludar.

  • No se. -conseguí articular-. No llevo apenas siete años viviendo en esta localidad… y..
  • Si. Si. Yo te conozco. Te vi hace tiempo por aquí.

Volvió a cruzar la carretera sin mirar al tráfico y desapareció. El husky aulló y la perra tironeó de la correa camino a casa.

Mientras intentaba comprender el significado de aquella afirmación, los sugerentes tañidos de la guitarra de Tomatito y Camarón me estremecieron los oídos. Me quité los auriculares y me giré en dirección a la extraña rubia. Ya no la podía ver. Sólo el contoneo bravo de sus caderas me hicieron comprender que había desaparecido tras la esquina. Volví los apenas quince metros para comprobar que no lo había soñado y un vejestorio en camiseta y calzones -que sacaba la bolsa de la basura- respondió a mi mirada.

  • No haga vd. mucho caso. Todo el barrio cree que está loca. Es una triste historia. Los antiguos del pueblo cuentan que su padre asesinó a su hermana cuando ella era pequeña. La hermana la cuidaba siendo ella un bebé. La historia nunca llegó a aclararse. Luego, el matrimonio se mudó.

Durante un rato, el rancio olor de la bolsa de basura se mezcló con el perfume de la rubia. Anduve meditabundo calle abajo rumbo a casa, nada más llegar y entrar en el bar de abajo para ahogar el recuerdo con la última refrescante cerveza con limón, una falda verde me desvió de mis pensamientos.

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