Cuánto cambia la vida..

Miércoles (a media mañana, 13:37h.)
Elocubrando

Esas películas, generalmente westerns, en las que en un tiroteo, el bueno, sitiado y sin posibilidad de escape por milicianos manejando un cañón o una ametralladora de aquellas primeras con ruedas.. y, de repente, el bueno, encontraba una caja con dinamita.
(música de arpa de boca, rollo Morriconne)
(y claro, uno piensa: – Y para qué coño quiere la dinamita?)

Y justo en ese momento, dos, tres milicianos sudorosos, cambiaban la situación del arma a mucho más cerca y, desaparecían de plano.
Entonces el bueno, encendía la dinamita, generalmente con una colilla que no siempre llevaba mientras reptaba anteriormente, -los milagros del cine, ya se sabe-, y la lanzaba destruyendo el cañón de turno.

Y, tras comernos las palomitas, nos ibamos a casa tan contentos, a dormir prontito que al día siguiente había colegio.

Una década tardé en comprobar que, para asomar la jeta en una manifestación y, osar tirar algo, -generalmente lo más destructivo era un tercio de ladrillo roto- y, si alcanzabamos un objetivo (rara vez), no debia de estar a más de quince, tal vez dieciocho metros.

Luego, tras las carreras de rigor, sustituyendo palomitas por cervezas, nos ibamos a la cama prontito.
Que en la cama es donde mejor se curaban los chichones sin dar explicaciones en casa.

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