Onomatopeyas plurilingüísticas.

Sentado en un banco del parque.

Observaba a unos críos jugar con la arena, cuando una teutona se ha sentado a nuestro lado. Curiosamente el bebé que arrastraba era de rasgos orientales. El niño -apuntando con su manecita hacia mis perros-, se llenaba la boca para pronunciar:

  • Guaguau.

La rubia teutona le ha dirigido unas dulces palabras -la voz tierna hacia el bebé contrastaba con el abrupto idioma alemán-, que por su mirada he comprendido como cariñosas. Nada nuevo hasta aquí.

  • Guaguau. – Ha insistido el bebito-.

Tras limpiarle la baba y mediar conmigo incomprensibles palabras -que no gesto-, le he contestado en “hispano-deutch” que no había problema si el niño quería tocar al husky. Que no le haría nada.

  • Guaguau. Guaguau. – Ha repetido el bebito tras acariciar -no sin cierto recelo- el suave lomo del perro.

Tras marcharse, me he quedado pensativo. Este niño chino? Japonés? Filipino? Al que hablan en alemán se ha referido al perro de igual manera que los niños de aquí. Un guaguau.

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