Nos hemos convertido en nuestros padres. (Otoño)

Esta pasada semana mi Blog ha cumplido un año.

Creo fue el pasado veintiséis, el lunes.

Cómo pasa el tiempo..

La verdad es que no.

Lo deseaba.

Al menos con el pueril deseo de que por fin se consolidase como tal y tener un mínimo de lectores fijos.

Ya sabéis, ese narciso deseo de gustar a alguien ajeno.

Puro egoísmo, vamos.

Hasta me hice un recordatorio hace meses…

Lo dejé en “borradores”.

Preparado. Latente. Retocado decenas de veces…

-una frase, una coma, un acento-,

… listo para que el día del primer aniversario, poder deslumbrar.

En su lugar,

pocos días antes,

me fui de vacaciones. Sin portátil. Sin Internet.

Nada fresco y relajante, no. Me las he tirado pintando.

-Heredamos hace unos pocos años un piso, en otra provincia, que se cae a pedazos-.

Pretendemos se convierta en osera tras la jubilación.

Algo de turismo inicial, sin lujos. Y al pueblo. A limpiar, pintar, quitar mierda, pintar..

Y tras el sofoco de la primera noche en blanco en la casa materna,

no pude reprimir el escribir unas notas en el móvil.

NOS HEMOS CONVERTIDO EN NUESTROS PADRES.

(poema otoñal)

Cada vez que bajo a la casa “paterna”…

(Cómo me cuesta llamarla paterna cuando hace diez años que sólo es materna).

…el declive emocional me ciega conforme sobre las expectativas que no logré a ojos de mis padres.

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Observar cada libro, cada cuadro, un retrato,

incluso el azucarero o un plato,

me conlleva a la autocrítica.

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Tiempo invertido.

No siempre aprovechado.

Nostalgia y sensación de pesadumbre.

Otoño.

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Siempre es otoño cuando reparo en el devenir del tiempo pasado. Aun así, es mi estación preferida.

Innecesaria Sensación de Ligue. (poema)

Barra de bar.

Señorita -mojito en mano- absorta en partida de ajedrez.

Jugando contra si misma.

Un pellizco de sonrisa -en realidad hacia mis canes- hace que por un instante me permita soñar con situaciones anteriormente vividas.

Efecto nostalgia.

El estuche del juego -una joya en arabescos de marquetería no más grande que un plato de postre-, no me permite enfocar la estratégica situación de las fichas.

Dudo, si intervenir -como adalid itinerante-.

En su lugar, sonrío como lobo desdentado, ante el amable cruce de miradas…ante la absurda espera.

A pesar de sus marcados ibéricos rasgos,

un fluido inglés surca sus labios en lo que parece un saludo hacia…

… otra ninfa -de similar edad indefinida- que surge por mi espalda.

Lástima!!

El saludo -íntimo- entre ambas,

me invita a especular a no hacer el ridículo.

Mientras la bienvenida se permite refrescar los labios con la copa ajena,

el camarero sirve dos nuevas.

Una pequeña brizna de hierba-buena en el labio de la recién llegada,

es motivo para la aclaración definitiva.

En gesto rápido -y sensual- con un dedo, la primera,

le quita e introduce en la boca la ínfima y verde partícula.

El sugerente gesto…

(tan rápido como íntimo)

me ha provocado un atisbo de erección.

Menos mal que siempre fui mal jugador de ajedrez.

Mi estrategia hubiera decepcionado.

Nadar y guardar la ropa.

Hoy me he comido una Gallega.

(tampoco flipéis)

La tortilla de papas -prefabricada- … como las casas ídem.

El viento de Tramontana permitió que el pan permaneciera crujiente.

Morder la corteza y observar el deambular de las migas -Muchas, y que limpie otro..- por la mesa del comedor del curre, me inspiró este artículo.

Dicho esto… me lo guardaré para mi.

Saboreando la nostalgia.

De las tres moscas que jodían mi gastronómico receso, tan sólo una consiguió remontar vuelo.

Que se jodan!

Haber sido más hábiles…

Pan y tortilla

Enfrascarse en la lectura

Os pasa?
Que a veces, os enfrascáis tanto en una lectura que se llega a percibir miedo al volver?

Muchas veces -me temo- me quedo concentrado en la lectura de un buen libro, metiéndome en el personaje o la situación.

Ojo, también me ocurre con el móvil. rebuscando entre las distintas aplicaciones, pantallas, menús, etc. La concentración para ir de una a otra se hace máxima, (para no perderse).

Unas veces ante la barra de un bar, otras tumbado en la cama o hasta sentado en el trono de un inodoro.

Cuando levanto la vista y, vuelvo del submundo en que me hallaba, llego a escandalizarme del tiempo invertido. De los minutos empleados.

Es como volver de un viaje en el cual nos hallábamos muertos.