Consejos…

El otro día -durante la cena de Nochebuena- el paternalismo de mi cuñado hizo gala de manera estrepitosa cuando, dirigiéndose hacia uno de mis sobrinos en edad de…   le increpó por la contestación a su abuela, dada que la misma no pareció (por su inusual sencillez abrumadora) agradar en el coloquio formal de dicha cena.

La abuela, tras ofrecerle cincuenta euros, de navideño regalo, le recordó entre susurros:
– Toma hijo, para que lo gastes -sin que lo sepa tu padre- en llevar a tu novia al cine…
– Nada de eso abuela. Lo gastaré en condones.

La abuela -mi madre. Con setenta y nueve años a cuestas, medio riñón funcional, problemas de respiración y un largo etcétera de esposas (mías) y maridos (de mis tres hermanas) en el saco del olvido-, pareció coger aire antes de contestar:
– Así me gusta hijo. Que no salgas gilipollas como mis cuatro hijos.

El padre de la criatura, meditando si mediar palabra -entre abroncar al hijo por su perorata o vitorearle ante la épica contestación- vio frustrados sus consejos cuando la abuela terció:
– Tu, mejor te callas. No vaya a ser que mi hija decida cambiarte por otro. Que ya estoy harta de conocer gente de paso en esta casa.

El silencio -incómodo- (para qué os voy a engañar), se resolvió con un brindis por la ocurrencia del niño.

Supongo que el año que viene, el hermano del primogénito, se preparará un discurso antes de cenar.

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