Facilidad para perder amistades?

FACILIDAD PARA PERDER AMISTADES?

(escrito reflexivo)

 

Esta mañana, cuando volvía del curre con mis perros -paseandito tan ricamente-, me he topado con una mujer que empujaba el carrito del que (imagino) debía ser su retoño.

El niño, -como todos- ha admirado la silueta de mi husky al pasar con un:

 

– Mami. Lobo.

 

La madre ha girado la cara en despreciativo gesto y le ha indicado a su crío que se dejara de perros, siguiendo su camino calle arriba.

 

Si bien al principio el gesto me ha extrañado. -No son pocas las veces que Kas (mi perro), despierta sonrisas y admirados gestos a su paso.

Más hoy inclusive, dado que el fuerte viento de tramontana que nos azota estos días, crepaba el largo pelo del perro, aportándole una estampa -además de épica- de inmejorable aspecto recordando a un sobrio pariente de lobo estepario.

Como digo, si bien me ha parecido, incongruente, el gesto de la moza para con su hijo, pronto he recordado otra imagen de ella. Los inequívocos rasgos equinos de sus facciones me han retrotraído la vergüenza que pasé hace unas semanas con mi madre en la consulta del médico de la Seguridad Social.

Andábamos esperando turno para unas pruebas del SIMTROM cuando mi madre -sentada a mi lado en su silla de ruedas contigua a la fila de butacas de la Sala de espera-, y.. tapándose mínimamente la boca con una mano aunque sin bajar el tono de voz, me espetó:

 

– Esa mujer es tan fea como las bambas que lleva.

 

Instantáneamente levanté la mirada -al tiempo que la hacía callar- y me topé con una moza rubia no muy agraciada en sus encantos faciales.

Como la hilera donde la chica estaba sentada distaba apenas un metro de la nuestra, no dudo que debió escuchar el desafortunado comentario y, sin romper el bullicio de la concurrida presencia de enfermos, opté por mirar hacia otro lado -evitando así el bochorno de encontrarme con la mirada dura de la mujer.

 

No había vuelto a pensar en ello.

Miento, tan sólo en “petit comitè” se me había ocurrido explicar la mordaz ocurrencia de mi madre en uno de los grupos del Whatssap familiar, abordando el tema y explayándome en él con profusión de emoticonos que ofrecieran gestualidad a la vergüenza pasada.

 

No había vuelto a reparar en la mujer en cuestión hasta esta mañana.

Comprendo -ahora ya de manera inevitable- que seguro que escuchó el comentario dándose por aludida.

 

Mi reflexión de hoy va dirigida hacia cuántas veces : aunque involuntariamente- conseguimos estropear una situación, una conversación, una posible amistad.

 

Porque ésta (aunque desconocida), ya es irrecuperable.

Lástima.

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