Reflexionando.

Todo archivo reproduce el orden mental de quien lo mantiene.

Yo me hago copias y copias. Fotos, escritos, vídeos, audios.
Por fechas, por meses, por años… luego hago copias de las copias…
Siempre pensando que que el día de mañana, cuando sea viejto, (si llego)* podré recordar lo que fue mi vida. la infancia y juventud de las hijas, la familia, las mascotas -cuya longevidad acostumbra a ser inferior a la nuestra-.

* Con frecuencia medito que aun a pesar de que llegue, tal vez no recuerde el orden en que fueron archivados.

Así nos va.

reflexionando[1]

Semana Santa, Religión, Alimentación, Metafísica y otras neuras…

Vegetarianos, veganos, sentimientos de culpa cuando se comen un pollo de esos alimentado en producción…
No me hagan reír..!!
Todos los seres vivos sienten..??

Los tomates, los pimientos. ?
Tienen alma?

Es correcto que el cura no te deje entrar en “su” templo con un perro??
Son memos cristianos los animales?

Carecen de alma?

Y, si no aceptamos la pregunta, cómo pueden afirmar que un feto tenga alma y su madre no puede abortar?

Curiosa la vida del ser humano no?
Siempre sujeta a trivialidades para justificar sus actuaciones…

(quédense con el detalle en la segunda viñeta, donde el empírico dedo índice estirado que junto a la paternalista caída de ojos, parece darle fuerza al discurso de su dueño)

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Día del Padre. (recogiendo del suelo)

No hace mucho –últimamente con periodicidad recurrente-, escuché en un programa de radio sobre la huella virtual que dejaremos tras nuestra muerte.

El “debate”, si se le puede denominar tal, estaba en preparar la configuración de los distintos espacios en redes y/o espacios sociales para que tras el fallecimiento éstas puedan permanecer o desaparecer. Para la primera opción no hay mucha complicación, con no “hacer nada”… ya está. La segunda opción es más complicada. Necesitas delegar (a modo de herencia) en alguien que asuma tales opciones.

¡Ojo! Esto, que parece una perogrullada, no lo es en realidad. Si tan sólo pasaste por la red social jugando al póker virtual tal vez no te importe (o precisamente por eso si) que tus hijos o bisnietos, dentro de un siglo, puedan comprobar a qué te dedicabas. Por otra parte si el legado contiene pensamientos, escritos, valores, actitudes de compromiso… tal vez sea la mejor opción de herencia.

En cualquier caso, prever lo que será de mi imagen virtual dentro de… décadas? Se me antoja ciertamente vanidoso. Personalmente no me importa mucho (aunque como en otras ocasiones, supongo puedo cambiar de opinión o actitud. La maldita madurez, que ya sabéis lo que tiene)

Dicho esto:

 

Es curioso.
Yo acostumbro a “matar” a mis amistades facebookeras tras observar la letanía que el aburrimiento hace de ellas. Siempre es amable recuperar una amistad de antaño -sin embargo, con demasiada frecuencia.. decepcionan-, motivo por el cual los desecho…
Ahora bien, fingir la propia muerte! Que tremendo reto!!

No podría hacerlo. Demasiado dolor ocasionaría.

No os pasa que a veces se os cuela -en la imaginación- la posibilidad de un accidente u óbito de una amistad? Tal vez -incluso- la de un familiar muy querido?

Yo lo soluciono dándome dos imperceptibles toques con los nudillos de la mano diestra en el parietal derecho al tiempo que con el pensamiento me repruebo con un:
– No. Eso no ha de pasar.
Y ya está. Solucionado. Dejo de pensar en ello.

Me recuerda a cuando niños, cuando se nos caía un pedazo de comida al suelo, tal vez un trozo de pan y dándole un beso -milagroso “antiséptico” curalotodo- lo engullíamos sin asco.

 

Ayer fue el Día Internacional de la Mujer.

Me fastidia bastante que haya un Día Internacional de la Mujer pues entiendo que como el día internacional del SIDA, o el del Vino, o el de la Cultura (con todos mis respeto a los distintos colectivos), no dejan de ser más que meros acercamientos puntuales.
Considero que no debería de haber “Un día de…” sino concluir que todos los días son -por derecho-, de ella. Y de él.

Cómo vamos a pretender igualdad, paridad.. Si no hacemos más que crear continuas barreras que saltar?

Dicho esto…
Ayer, me encontraba de paseo con mis canes por el pueblo, aprovechando que aun no había caído el sol y, caminar era una delicia. Como nos demoramos en el paseo, extendiéndolo además, creí conveniente premiar a mis chuchos con una puntual golosina.

Aprovechamos el camino de vuelta para pasar por la Cooperativa (donde compro el pienso, las pipetas, etc…) Entramos.

Estaba ya yo eligiendo de entre los múltiples y sugerentes premios para mascotas cuando David -un simpático y extrovertido (gay sin pluma) dependiente- nos saludó efusivamente mientras atendía desde detrás del mostrador a una treintañera clienta que sujetaba a un mastín.

Tras acabar de atenderla y ayudándola -amable- con sus compras hasta la salida del local, y al cruzarse con nosotros, no pudo por menos que ofrecerle a mis nenes una golosina de esas que lleva siempre en el bolsillo del delantal.
– Primero al grande. -refiriéndose al Husky-. Luego a la pequeña.

Mi perro (el husky) se demoró impasible y solemne unos instantes de más en recoger el regalo. (hijo mío, que soso eres). la perra, -tras la inútil espera-, literalmente se abalanzó sobre David para reclamar su ración.

Y, entonces se produjo la siguiente conversación:

David: Pero no me muerdas, PUTA!!! ANSIOsa, que eres una ansiosa!!

Mientras yo le increpaba a la perra y me disculpaba para con él la clienta rompió a reír a carcajadas.

David: De qué te ríes cariño? Casi me arranca los dedos…

(Ante esta sutil “exageración” si recordé el poco de pluma que le sale cuando se pone estupenda… Y sonreí para mis adentros)

La clienta: Es que le has dicho lo mismo que me dice mi marido cuando le como la polla.

David: Pero nena!! Que lo diga yo que soy gay!! Pero tú…?

 

Tras arrancarme a salir de la incómoda situación -dejándolos con su conversación-, me fui hacia el mostrador en busca de cualquier otro dependiente, pagar y salir de allí.

De camino para casa, no pude por menos que reírme de la anécdota vivida. También, -recordando el día que era-, estuve reflexionando sobre que tal vez sea necesario desterrar de nuestro lenguaje diario ciertos micro-machismos. Si no… Va a ser difícil encauzar actitudes.

Hostias!!

Estaba escuchando la radio cua…

  • Estabas? Estábamos, no?
  • No sabía que ya habías vuelto.
  • Ayer. Mientras dormías. Pensé que era mejor no despertarte. Para qué? Siempre te enfadas…
  • Qué quieres?
  • He… Pensado?
  • Sigue…
  • Nada. He pensado pasar a saludarte y de paso comentar -contigo- lo que les vas a contar de la radio.
  • Vamos… A chafarme la historia.
  • Si lo planteas así? Luego me reprochas que no hacemos nada juntos…
  • No me llores… Va, empieza…
  • Me dejas? Eh!!  Me deja. Oíd! Me deja…
  • (Estoy cansado de discutir y hará lo que le de la gana igual)
  • Te he oído!!
  • Vaaa!!
  • Hemos escuchado por radio, ésta tarde pasada, una noticia que parecía de esas del Rockambol News… Si no llego a escucharla en directo, no me lo hubiera creído caso de que me lo hubieran contado. -Lo hago bien?
  • Hasta ahora no ibas mal. Pa qué preguntas?
  • Bueno… Les han hecho una entrevista a unas monjas de esas de Clausura que hacen pastas, dulces y demás glotonerías ricas..
  • En colesterol.
  • No me interrumpas, luego dices de mí.
  • Sigue…
  • El caso es que la entrevistadora ha dado con una monja menos… Cómo te diría? Menos “clausurada”?
  • Ya sabes que no me gusta que inventes palabras, pero si, para escribir lo que vas a escribir te lo voy a aceptar. Tampoco te acostumbres.
  • Como decía, la monja, -muy parlanchina ella-…
  • (Igual también elabora licores…)
  • Te he vuelto a oír. joder!
  • Perdoooooón…
  • El caso es que la vieja, -perdón, la monja-, se ha puesto a largar más de la cuenta. Parecía haber conectado con la periodista y se ha soltado bien, para despacharse a gusto. Se ve que como en todos sitios, a los conventos también llegó la Crisis -y por ende-, la Globalización. La monja ha estado explicando con una suerte de detalles de cómo estaban de hartas al ver cómo los curas que antes les compraban las obleas para hostias a ellas, ahora lo hacen en tiendas de los chinos. También las compran al por mayor on-line con descuentos de hasta el cuarenta por ciento, lo cual, obviamente, estaba dando al traste con una gran parte de los beneficios que las monjitas recababan.
  • Pues lo normal.., No? Mientras no exijan -los curas-, una limosna por cada Comunión…
  • No les des ideas. A la locuaz monjita, en un momento dado, parece habérsele ido la olla y otra (monja), ha decidido recuperar el micrófono mientras la periodista se disculpaba (en directo) con los oyentes. La susodicha ha contestado algo parecido a: -Para qué querrán los chinos los recortes de hostias?
  • No lo estás explicando bien. La periodista ha replicado algo parecido a que todo el mundo tenía derecho a ganarse la vida, -aunque con ello mermaran los beneficios del convento-, y la monja locuaz se ha exaltado e interpelado a la periodista con un:   -Vd de que parte está? A lo que, -lógicamente-, la entrevistadora ha intentado hacerle comprender -sin éxito ninguno-, que ella no se pronunciaba a favor de una parte u otra, que sólo cubría esa parte de la entrevista por lo curioso de la misma.
  • Al final se ha montado un circo que pa qué!
  • Algo de razón llevas. Ha sido bastante penoso. Todos, -al parecer-, tenemos una idea pre-concebida de cómo viven, de cómo trabajan, de cómo se comunican -¿o no?- las religiosas confinadas en conventos donde la norma es precisamente eso. La austeridad comunicativa. Lo que ha ocurrido, -bastante penoso, repito-, es que la entrevistada ha hablado (nunca mejor dicho), más de la cuenta. Ha dicho que no existían en “esos sitios”, refiriéndose despectivamente a las tiendas orientales, medidas controlables de higiene y/o sanidad.
  • Yo pensaba lo mismo sobre el convento. A saber cómo lo tienen ellas aprovechando que no se puede visitar.
  • No hagas leña… Entonces, la periodista ha intentado re-dirigir la entrevista preguntándole a la monja sobre cómo realizaban ellas las obleas. La entrevistada se ha puesto a explicar de qué manera preparaban las obleas y como las cortaban con unas planchas con cuchillas moldeadas para tal fin. De ahí se ha saltado el protocolo con una indiscreción, relatando cómo a menudo consumían las propias religiosas el material sobrante, los recortes de las futuras hostias. Y, ante la indiscreción, la monja además ha soltado el exabrupto al que tu te referías: -Para qué querrán los chinos los recortes de hostias?
  • Ya está? Así lo dejas?
  • Quieres añadir tú algo más?
  • No… No?
  • Pues ya está. Que saquen -cada cual- sus conclusiones. Yo me voy a dormir.
  • He de ir al lavab…
  • Pues vaaa!!