Sueños vergonzosos.

Sueños vergonzosos dentro de mi sección “Me entiende mi perro?”, es un sueño que tuve ayer por la tarde durante una breve siesta con el sol dándome en la cabeza. Un horror. Lo he titulado así dado el sentimiento de culpa que percibí al despertar.

El sueño era una serie de indicaciones, miradas y conversaciones con mis canes. Si bien cuando estoy despierto ya lo hago (hablar con ellos), en el sueño no me pareció tan amable la conversación transcurrida.

 * Enseñar, a que (mi perra) vaya a pagar la cuenta en los bares en que me paro con ellos.
Va con el platillo con la nota. Se contonea. Los habituales le tiran monedas.
(mi perro) se la mira de reojo como pensando:


– De lo que eres capaz por un recorte de chorizo.


Cuando -ella- parece darse cuenta, me mira de reojo en plan:


– Tú crees que hago el ridículo?


Generalmente, la ignoro. La experiencia me reconforta a dejarla hacer. Así consigue que le den para pagar otra birra.
Luego, cuando sumisa y cabizbaja vuelve, no dejo de despreciarla con un:
* Pide aceitunas. Son gratis y a mí no me gustan.

 

23 de abril

A los que no sepan:

El veintitrés de abril, día internacional del libro, es además, uno de los patrones de la comunidad donde yo vivo. Cataluña. (España)

Quiero decir, explicar más bien, que el veintitrés de abril es Sant Jordi. Además para los catalanes tiene el mismo significado -supongo que por hacérnoslo nuestro- que el catorce de febrero. Es nuestro particular día de los enamorados. Ellos regalan rosas rojas a ellas, ellas regalan libros a ellos.

Cada cual que lo entienda como quiera.

Os dejo mi escrito de hoy, mi 23 de abril.

A mi, -que dicho sea de paso,- soy muy rarito, me gusta entretenerme en pensar en cada persona a la hora de hacerle un regalo.

Si se trata de un libro..

(porque hoy es ese día, en que si naciste mujer, te corresponde rosa, y si los genes de tu padre se impusieron a los de tu madre, te toca libro)

.. si se trata de un libro, todavía más tiempo si cabe, creo que se debe invertir.

Si coges uno grueso a la ligera, es muy posible que lo acaben usando para levantar la pantalla del ordenador.

En fin, estaba yo esta mañana curioseando por el mercadillo de libros de Sant Jordi, esperando a que volviera Alberto. Alberto vende rosas. Luego si acaso ya os hablaré de él.

Cuando se me han acercado dos chiquillas de esas de entre dieci..siete? Y venti..tres? Muy monas ellas, muy sonrientes ellas..

(A pesar de la crisis, y es de agradecer, esta generación se subió al tren de las ortodoncias)

..muy..

No, no es eso, olían a chicle de fresa.

– Señor.!!

(Cómo me gusta/disgusta que me llamen así)

– Señor,  vd que parece entendido en libros..

(Si el señor me puede, el vd, me mata),

– Qué libro me recomienda para regalarle a mi novio?

(mientras intento digerir el vd sin morderle, a la par que le dedico una sonrisa de lobo desdentado.. me escucho decirle yendome por las ramas, aquello de..)

– ..no se cariño,  esto es muy personal,  necesitaría saber cómo es tu novio.. esto ha de ser como si le comprases una camisa.. has de saber qué estilo le gusta, qué colores le sientan mejor..

Me miran como si fuese de otro planeta, -a la amiga ya la tengo en el bote, me dice mi conciencia maligna-.

– Has de pensar qué tipo es tu novio, qué le gusta hacer? Deportes, aventurero?

El dependiente del puesto, mucho más joven que yo, intenta salvarme sin saberlo, cosa que le agradezco..

(no veo a los perros entre el tumulto y lo único que me falta es que alguna anciana se enrede entre las correas de éstos y caiga..)

– Quereis éste?  Se está vendiendo muy bien este invierno.. -apunta el chaval-.

– La amiga de su amiga y la de mi conciencia maligna, la mira como diciendo:

– Escucha a éste y pasa del viejo..

El vendedor, animado, estrecha su caza..

– Es la sexta edición. Se está vendiendo muy bie…

Y la chiquilla novia del novio homenajeado rompe el soufle con un:

– Y ya lo entenderá sin haber leído los otros cinco?

Raudo, sin detenerme, apremio a mis perros para salir de ahí.. el vendedor me sonríe con cara de poker y yo le guiño un ojo.

– Igual en la tienda de video juegos encuentras algo más apropiado.

Murmuro entre dientes mientras tironeo de los perros.

Tampoco la de los dientes bonitos entiende la frase y se despide con un:

– Gracias Señor.

.. que ya no me suena tan mal.


  • Esta entrada estaba preparada para ser publicada el pasado veintitrés de abril, día de San Jordi en Cataluña. Desapareció sin más del borrador donde la tenía preparada. Hoy, actualizando apps -ayer me compré un teléfono nuevo-, ha aparecido de nuevo.

La publico Yá. No sea que desaparezca de nuevo la magia.

Turrones y visitas.

Ahora que comienza el verano, parece inevitable que quién más quien menos se marche de vacaciones.

Una semanita unos. Diez días otros. Un ¿mes? los menos…

  • Aun quedan de esos?
  • Ya estás aquí? Por qué no publicas tú tus cosas?

A dónde quiero llegar es que a lo largo del verano, se suceden todo ese tipo de obligadas visitas sociales donde, -si ya antes eran aborrecible cuando ibas a sus casas y te sacaban los innumerables álbumes de fotos-, ahora, con las nuevas tecnologías, el pestiño es obligado, pues las traen puestas en móviles, tabletas, etc…

  • Pues cuándo volvimos de Paris, bien que te gustó enseñ… Joder! No me mires así. Vale, vale. Ya me voy a dormir. Me voy a abrazar a TÚ mujer. (a ver si puedo YO presumir de algo)
  • Te he oído.

Bueno, parece que se va a la cama… Lo que os contaba, no hay nada más pesado en verano, además del calor, que el trasiego de amigos que desfilan por casa a ponernos los dientes largos con lo bien que se lo han pasado. Lo barato que les ha salido. lo fantástico que era el buffet del restaurante, lo cristalinas que estaban las aguas y un largo etc de sandeces que cualquiera diría que no han salido de la agencia de viajes.

Y claro, además, LAS FOTOS.

Y tu, que estás deseando que llegue el fin de semana, para intentar no hacer nada (dentro de unos límites, porque mi esposa curra en un súper -que aquí en Cataluña abren los fines de semana-, y cuándo le toca, le toca. Y un servidor, que sólo curra findes y festivos -menos agosto, que como hacen vacaciones, curro veintiún días seguidos a doce horas-. Y aquí que se vienen todos a pasar la depresión pos-vacacional.

  • Pues haz lo que te contó la mamá!!
  • Pues eso es lo que quiero hacer, LISTO! Qué? Te ha dao calabazas, no?
  • No me hables.. Cuando me he sentado a su lado, me ha dicho no se qué de hacerle un masaje en los pies. Te iba a llamar para darte envidia.. pero cuándo ya parecía que la cosa iba bien, se ha dormido. Cuando me he acercado a besarla se ha despertado de una mala leche que pa qué!! Y me ha recordado que le había dicho (o tu, no estoy seguro) que íbamos a recoger la cocina después de cenar.
  • Te jodes!!

Bueno, lo que contaba. Mi madre..

  • La nuestra.

Nuestra madre, de jovencitos nos explicó un “truco” infalible. Cuándo veáis  que ya no saben qué decir y echan mano del argumento:

“Vamos a ver las fotos del viaje”

Es el momento de levantarse, hacerles un cumplido e invitarles a cenar, merendar, depende del horario de pelma. Si se levanta mi mujer, se lleva a su congénere. Si me levanto yo..

  • Si nos levantamos -querrás decir?-.

Si ME levanto yo me llevo al marido (además de a éste pelma)

Luego, una vez en la cocina, mientras se platica con el/la susodicha/o, se saca una bandeja, comienzas a cortar -cuidadosamente-, trozos de turrón, polvorones, higos.. (todo aquello que sobró de Navidad y, que nadie quiso. La media tableta de mazapán de frutas, el guirlache aquel barato que trajo un cuñado, cualquier cava de esos de lote navideño cutre, ( a ser posible natural, del tiempo, -se puede argumentar, de pasada, que estáis algo acatarrados porque acaban de colocar el aire acondicionado (que previamente no has puesto en marcha), y que aun no le has cogido el punto de frío…

Es milagroso, a los breves minutos, hacen como que se han olvidado de recoger a los hijos de no se sabe bien que actividad de colonias y desaparecen.

Sexagenario!

Ayer comentaba en casa ajena, para argumentar (sin mucho acierto, dicho sea de paso), que me acercaba a formar parte de ser un sexagenario. Es falso. En la actualidad cuento cincuenta y cinco inviernos.

Así y todo, soy consciente de que abuso de ese término, de ese contexto, en lo que yo denomino -a mi favor-. A ver, no se trata de ponerse años encima, la extendida norma general es hacer lo contrario. Ell@s sabrán por qué.

Cuando explico algo…

Esas historietas de todo tipo, unas forzadas sobre cómo me afecta el día a día, otras dónde me explayo sacando a colación a mi propio y a la vez distante fruto del otro hemisferio de mi cerebro, mi hermano,  al que trato como amigo invisible en “divertidas” y controvertidas conversaciones conmigo mismo. Otras veces, relato experiencias de carácter sexual, acaecidas hace ya casi un par de décadas, de cuando poseía un bar de copas en la Costa Andaluza y no había encontrado -aun- a mi pareja de vida.  Acostumbro también a traer a colación historietas mundanas del día a día, que desde un ácido punto de vista voy acumulando en los paseos con mis canes. Tengo dos. Un husky (pobrecito mío, ya está tan renqueante como yo) y una perrita de caza (de esas de belleza distraída, que, sin embargo es toda cariño y empatía). Ahora que las hijas ya viven sus vidas, éstos son mis niños. Otras veces.. mis reflexiones (ese engendro de ideas no muy fructíferamente acompasadas que son, en realidad, el hilo conductor de este Blog).

En fin, que me pierdo…

Soy consciente de que me regocijo, cuando por ejemplo, al cruzar un paso cebra, o en un semáforo, tironeando de mis chuchos -y ellos de mi cojera-, cuando me doy cuenta de que determinados amables conductores de automóviles hacen el gesto de ralentizar su prisa diaria para cederme el paso, inconscientemente o no, fuerzo el cadencioso movimiento de la rodilla artrítica. Os juro que no es premeditado. Sale sólo. Es como un regalo que se me ofrece.

Otro ejemplo -éste algo más detestable- es cuando algún adolescente se dirige hacia mi (y puedo constatar que portar un husky es un reclamo continuo que permite muchos acercamientos diarios) con el previo vd en la boca. “Puedo tocarlo, Sr?” “Es un lobo, Sr?”.

De alguna manera me aprovecho de lo que parece que piensen los demás. Bien sea por mi aspecto, bien sea por las mermas que aparente tener.

En fin, concluyendo, cómo es que de cincuentón (que parece que sea un tipo regordete y bonachón) pasa uno a sexagenario (que suena a tener ya un pie al filo del abismo)?

No podríamos ser más amables?

Lola.

Lola (Comentando a Valeria…)

A veces, los recuerdos -insanos o no- aparecen sin más.

  • Insanos?
  • Vaa… No asomes, precisamente hoy, con el calor que hace, no estabas pintando?
  • Por qué insanos?
  • Ya sabes por qué. Y a ésta gente que nos lee -ese dato- no les interesa.
  • Tu crees? Fue tu hemisferio el que se encoñó con Lola. Cuando fuimos a su casa, fue para colocar aquellos enlucidos de madera para proteger de la humedad.
  • Vivía en un bajo.
  • Ya se que vivía en un bajo. Lola estaba loca, como una cabra. Aun recuerdo aquella noche de la lluvia de estrellas que casi acaba en lluvia dorada. Se meo encima. Mientras estaba sentada en un sillón de una terraza. Que guarra!!
  • No se meo. Se c… descubrimos con ella el punto G. Tu le hablabas de arreglarle los bajos (de su casa) a su subconsciente. Yo hablaba con ella. Bajo la mesa nuestras manos jugaban. Fue algo incómodo (para que no nos vieran).
  • Que te crees tu eso. Da gracias que era de noche..
  • …!
  • Siempre nos han atraído las descerebradas, recuerdas?
  • Claro. Así nos fue durante tanto tiempo.
  • Lola fue especial. Fue la primera, la que nos sacó del tedio del matrimonio con..
  • Chist!! Los nombres chitón. O te encierro.
  • No te atreverás! La última vez ya sabes que estuvimos sin hablarnos un mes.
  • (que descanso)
  • Eh!! Que te he oído. Estoy en tu cabeza. Lo recuerdas?
  • Pues claro…No te dará una apoplejía un día, no…
  • …!!
  • Un ictus? Cortito?
  • Eres un imbécil. Me voy. Voy a seguir pintando. Me hubiese gustado ofrecer mi visión de la relación con Lola. Después de todo YO soy el artista, tu sólo eres el sieso que escribe… Qué ibas a escribir si no? De qué experiencias contarías? Ya me llamarás, ya.
  • Si. Para comer. Recuerda que un artista es un payaso. (también)
  • Imbécil…

(¡¡Portazo!!)

En fin, perdonad -una vez más- el inciso. Estaba en que tras comentar en el Blog http://loslabiosdevaleria.wordpress.com/ ha surgido un fantasma del pasado.

  • Otro. Otro fantasma!!
  • Te juro que un día….

Tras comentar -repito-, he sentido la necesidad de recordar el episodio con Lola.

Una vez, salí con una pintora, (eso decía ella) pusimos una gran sábana a modo de improvisado lienzo, sobre un sofá. Para protegerlo del polvo.

  • Qué polvo? Quién es el fantasma ahora? Eh!!
  • El de la sierra. Fuimos a lo de las maderas. Ves como no pillas?

Le gustaban los colores morados, pintar atardeceres.
Disfruté al principio, -para qué negarlo, por la novedad- perfilando con un pincel las aureolas de sus pechos. Ella hizo lo propio conmigo. La pericia de mis trazos degeneró bastante.
Las risas, los besos, los escarceos íntimos, las mezclas de óleos y acrílicos, la técnica de empastar…
Nos reímos mucho. Menos después, a la hora de lavarse.

No la volví a ver durante años.
Dos décadas después, tras una breve visita a su ciudad -fui a un entierro acompañado de mi hermana pequeña-, nos cruzamos por la calle. Ella iba con marido. Dos niños pequeños.
Saludos, efusivas muestras de cariño, ¿De nostalgia? Nos invitaron a su casa. A tomar café, charlar. Una visita cordial.

Entrando en la casa. Pasillo al fondo. Cuando crucé el comedor y vi la gran sábana extendida en una pared, el corazón me dio un vuelco.
Vi las huellas de los excesos de hace años sobre una pared.
Instintivamente bajé la mirada al suelo, saludé a los niños y cuando la volví a levantar, el tal Javier le preguntaba a mi hermana si le gustaba el cuadro.

Lola, -la amiga pintora-, me lanzó un imperceptible guiño que no pasó desapercibido por mi hermana, que después, ya en la calle, me increpó:

– Ésta tía te ha guiñado un ojo con su marido al lado? Anda.. Vamos, que estamos de entierro!!

Comienza la temporada de verano…

Bajo al Super.
Cojo la barra de pan. Doy un rulo por las neveras de Ofertas (mi mujer me tiene enseñadísimo), y tras no ver nada apetecible, me pongo en una cola para pagar.

Me atiende un chico nuevo. De esos que contratan para el verano. Más simpático él…
Veintinueve -me dice-.
Tiene tarjeta cliente? -continúa como un autómata..
– Si. Toma, -y tras la tarjeta le ofrezco dos monedas de veinte y una de uno..
Me mira. Y me dice:
– No. No señor, (primera puñalada), con el descuento son veintiséis.
Sin abrir mi boca de los truenos, insisto con mis cuarenta y un céntimos tendidos y, susurro:
– Así me devuelves quince, mejor. No?
Me mira. Insiste..
– Se equivoca señor, (segunda puñalada) son veintiséis. Le sobra.
Sonríe con su ortodoncia perfecta y le muerdo la yugular con un:
– Dale, dale a la maquinita. Marca lo que te doy según el protocolo.. ya verás, ya.

Coge mis tres monedas y me devuelve otras dos.
– Gracias señor. (última puñalada)

 

Me alejo de allí pensando (renegando que diría mi mujer), en que claro, como les obligan a tener estudios, experiencia, etc, etc..

 

Los perros, formales, se levantan al unísono al verme salir con la barra de pan.

Recuerdos padre.

Creo que ya lo expliqué una vez. Aunque igual fue en otro sitio, en otro soporte. Se escriben tantas cosas a lo largo de una vida…

Imaginad: Vacaciones de Navidad. Toda la familia junta. Frente al televisor. Debía rondar yo los nueve años, siete mi hermana, casi dos la siguiente, la pequeña no andaba en proyecto..

En el sofá, de derecha a izquierda: Mi padre, mi madre con la bebé al pecho, mi abuela con la segunda sobre el regazo. Yo?

Yo jugueteando sobre la alfombra a los pies de todos..
De repente, ingenuo, pregunto:

 

  • Papá, es verdad que los Reyes son los padres?
  • Pues a ti te iban a traer mierda.

 

Silencio. Silencio ¿glacial?

Comprendo que el exabrupto fue su manera de hacerme comprender que le iba a fastidiar la ilusión a mis hermanas pequeñas. Aunque con los años fui acariciando la idea de que en realidad era a él a quien le rompía la ilusión de poder seguir manteniéndolas pequeñas de inopia, pequeñas (sus nenas), aun faltaba otra por llegar -ya dije-.

Ninguna pareció coscarse. Eran muy pequeñas aun. Tal vez fuera yo más mayor y ellas en la cuidada progresión numérica citada ya supieran -mejor que yo- hablar cuando tocaba. No se… Importa?

El caso es que no recuerdo mucho más de aquella intervención.

Los recuerdos de infancia son como flashes de luz. Iluminan un segundo, dentro del cual percibimos multitud de detalles -como cuando entramos a oscuras en una habitación, encendemos una cerilla-,  y para cuando los ojos ya se han aclimatado a la penumbra, el fuego nos quema las yemas de los dedos y soltamos la misma sumiéndonos en un negror.

Recuerdo un sueño en el que en una de estas entradas a la habitación, me doy cuenta de que tan sólo poseo una cerilla, justo cuando me quemo los dedos una figura familiar se aparece en un rincón de la sala. Imposible volver a escudriñar…

Hoy he soñado con cuando mi padre llegaba del trabajo y le daba el beso de saludo de rigor.
Al recuerdo, amable, he despertado tras derramar alguna lágrima.