El contestador. 

El otro día un compañero me explicaba sobre cuánto había odiado a su padre. 

Me explicaba sobre cómo tras su fallecimiento y para descargar su frustración sobre lo que no le había acabado de decir nunca, le dejaba,  periódicamente,  mensajes en el contestador del teléfono de la casa paterna. 

Y,  no te preocupa que tu madre escuche los mensajes?  “recuerdo le sugerí”.

Mi madre nunca cogió el teléfono. Mi padre se lo prohibía y ella le sigue siendo fiel. 

Allí dejé de conversar con él. Que familia más rara y tan extrañamente unida. 

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