Politiqueando…

PARECE QUE YA TENEMOS PACTO (político)

“…Que difícil es hoy en día posicionarse con “los buenos o con los malos”.

Cuando era crio y jugábamos a polis y ladrones, indios y vaqueros, etc… Estaba mejor definido.

Aunque claro, al jugar en la calle, siempre preferí estar en el bando de los cacos.
Incluso cuando jugaba con mis soldaditos en casa, los míos eran una alianza permanente de indios y vaqueros frente a los de los uniformes azules de caballería…”

El impresionante culo de la camarera.

Ante todo pido disculpas por las connotaciones machistas que algunas de las frases de este escrito puedan molestar. Si bien es cierto que los hechos obligan a centrarme en la desvergonzada apuesta por fijarme en el culo de la camarera, pronto descubriréis que en realidad lo que pretendo es hacer una crítica social.

Espero.

Yo frecuento un garito en el cual hay una camarera de origen sudamericano, no sé bien de qué país es. Tampoco suelo preguntar. Ella es morena, menuda, delgada, debe rondar la veintena a la baja, agradable en el trato, humilde en las formas y en líneas generales correcta y educada en las maneras. Sus mejillas, tienen esa mezcla de azabaches latinos mezclados con la nostalgia gris de unos ojos oscuros e intuitivos. Generalmente lleva una media melena recogida en trenza, pelo negro, algo de vello perla sus brazos de un tono más aceituno del que desprende su piel, lo que indica sin equívocos que seguramente será más velluda por otras zonas que escapan a mi imaginación (podría ser mi hija). Su sonrisa cómplice permite que la clientela disfrute entregándose a la visión de una dentadura, que aun carente de una ortodoncia al uso, si parece haber constituido dos hileras de perlas albas bien definidas. Busto breve, cintura mínima y aquí es dónde debo perder la desvergüenza, es poseedora de un culo impresionante. Lo sabe. Siempre trabaja con mallas negras con un delantal color mostaza que la realza en las formas.

Aquí, abro capítulo aparte, para intentar sin insultar, describir el trasero de esta diosa. Tiene un culo perfecto, esto es… El culo perfecto es aquel que llama la atención por un pequeño detalle, solo apreciable viéndolo desde delante o de frente. Si cuando contemplamos el culo, podemos ver a través del hueco que queda entre las piernas y la zona púbica, (vulgarmente “se le ve el coño desde atrás”) estamos ante un posible culo perfecto. A este hueco lo denomino corazón. Además, el culo perfecto es tan sublime que debe ser muy exquisito para calificarlo como tal. El siguiente requisito es que los glúteos tengan forma de manzana y no otro tipo de frutas (manzana in corpore sano). El último requisito, y no por ello menos importante, es que el perfil mantenga una curva muy pronunciada pero sin cambios bruscos. Es decir, apurando la curva al máximo, hasta formar casi una semicircunferencia con centro en la cadera, y continuando con la curva hasta las piernas por un lado, o hacia la espalda por otro. Si desde esta vista no se puede definir con exactitud dónde empieza y dónde acaba el culo, sin duda estamos ante un Culo Perfecto. El de la camarera además, resulta un poco respingón. lo cual no le desmerece dada su pequeña estatura.

Dicho esto, y sin pretender babear. Sólo pretendía explayarme en la observación… Acudo raudo a exponer mi queja:

Tiene, lo que parece ser un novio (por las confianzas que se permite) de rasgos marroquíes. Sin pretender ser desconsiderado con el chaval (en realidad parecen hacer buena pareja), es zafio en los gestos. Acude a buscarla siempre cuando acaba su turno, lo cual me parece bien, no tod@s gozan de tanto romanticismo. Ahora bien, siempre, siempre, cada vez que aparece o cruza el córner de la barra pasea con deleite sus manos por aquel “su trofeo” ante la mirada del público y el gesto casto y reprobador de la dueña del mismo. No es una palmada ni un mimo. Es un gesto de conquistador. Como el del cazador que hace gala de saberse dueño de la pieza abatida. Un gesto que induce a pensar que el susodicho está demostrando al resto de feligreses quién es el propietario. Un gesto zafio -ya digo-, más propio de situarlo en privado que en público.

Sin extenderme más, mi reflexión de hoy es la siguiente:

  • Cuánto debe sufrir cada mujer en cada generación que le toque vivir!!

Olimpiadas (y dos)

OLIMPIADAS.

Olvidé contaros que el día de la inauguración de los Juegos de Brasil coincidió con el día de bajar a Barcelona a visitar a mi madre.

Tras subir al vehículo pude ver cómo por fin empezaban las “eses” en la retransmisión del desfile de Inauguración de los JJOO.

Por el televisor que el autobús portaba cerca del tambucho -que diríamos en términos naúticos-, las imágenes -en mudo- de Rafael, bandera al viento, deleitaban a los pasajeros en general. No a un servidor, que tanto deporte televisado me aporta unas enloquecidas ganas de ver el suicidio colectivo como augusta alternativa a… En fin, que me pierdo:

La primera en la boca.

No conseguí encontrar mi butaca, una preciosa señorita con amables -aunque discretas-, curvas y rasgos orientales, me indicó que se había sentado en mi asiento. Me sentí de lo más motivado para confraternizar en una épica pugna por competir con su pronunciación jeroglífica y hacerle comprender que no me importaba, que podía quedarse en el lado de la ventana y ya me quedaba yo con su plaza en el pasillo. Después de todo, mis piernas largas se lo iban a agradecer. No hubo forma!! Sus peroratas y ademanes me hicieron comprender que la medalla de oro iba a ser suya. Con la plata mal ganada en interpretación y las piernas echas un cuatro, conseguí mi primer diploma olímpico.

Dado que el viaje comenzaba con “buen pie”, decidí mantenerme exultante en entusiasmo y regocijo, para optar al frenesí de un apacible viaje al son del desfilar de las banderas.

“…Cómo mola hacerse mayor…” -Pensé para mi, y me quedé traspuesto con el coscorroneo de la sien rebotando contra el cristal…

Al despertar, mi primer pensamiento fue algo parecido a:

– Huy.., ya llego, casas, gente, maletas…A ver sí no me pierdo por Barcelona..!!!

Y de repente, horror!!

Perdón. Al apartar la mirada absorta en un tanga ajeno… Me dí cuenta de que todavía estaba por Palamós.

Once kilómetros llevaba y ya me volvería…