Visita a casa de la abuela. 

Mientras acaricio la cabeza de la gata..

La imagen, me lleva al brasero de mi abuela,

naipes gastados, entre sabañones y aquel repelús que sentíamos cuando besábamos las mejillas con peludas verrugas..

(que suena muy uh!! pero era así de txungo)

Cuando salías de la “visita”.. te obsequiaban con billetes de una o.. cinco pesetas, que tu padre, TE guardaba, con la excusa de: No los vayas a perder.. y la tengamos..!!

Y el viaje de vuelta, discurría en torno a la aventura de escamotear parte de la propinilla a mi progenitor…
Que generalmente, me pillaba siempre..

Pero, lo peor, fue hacerse mayor, pues así entendíamos que, desde ese momento, las propinillas serían para los nuevos hermanos pequeños..

Esa era una triste forma de hacerse mayor.

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