Al cuarto timbrazo.

Qué asco le tengo a la gente que cuelga al cuarto timbrazo!!
Esa gente, -que por lo visto-, cree que todos estamos esperando a que nos llamen por teléfono.
Esa gente, incapaz de comprender que la mayoría no estamos perdiendo el tiempo, viendo tal vez Tele5 o similar.. Esperando, aburridos en un sofá, sú llamada.
Esa gente, que es incapaz de -por lo visto-, comprender, que cuando escuchamos el primer timbrazo, RING..!!, ese ruido nos sorprende con un:
– Ha sonado el teléfono?
RING..!!
(segundo timbrazo)
Te levantas, dejas lo que estás haciendo, (te secas las manos, cierras un libro..)
RING…!!
Corres por el pasillo, la mayoría de las veces pensando que tan sólo será uno de “esos” que cuelgan al cuar… RING..!! ..to..
DIGA? Consigues contestar mientras descuelgas y tropiezas con alguna cosa, justo antes de escuchar el chasquido del TU.., TU.., TU.., TU… TUUUUUUUU..!!!!
Y darte cuenta de que era otro subnormal de esos.

Abducido.

Hace un par de días soñé que un platillo volante -iba a escribir OVNI-, pero me resulta tan absurdo! Es que alguien es capaz de dejar de identificar algo parecido a una nave que, al filo del alfeizar de tu ventana y, quedándose suspendida a unos catorce metros sobre el parking del supermercado de abajo que…

En fin… Que por cojones son identificados. Obvio, no?

Además, es que tenía pinta de platillo, ligeramente azulado, pero redondo y achatado como los de la tortilla de patata con cebolla y pimientos que hay en el bar de debajo de mi casa.

En mi sueño, me asomaba a la ventana, -por pura casualidad-, dado que había llovido y luego había calado cierta niebla, mi esposa, -que es la que ahorra en casa-, baja dos grados el termostato de la cale y como está en la pared del comedor, salir de debajo del edredón implicaba asumir la humedad de la noche y, seamos realistas, hacer el gilipollas, a partir de determinada edad, sólo se puede hacer en sueños.

En fin… Una vez arrodillado en la cama, asomado y escudriñando a través de las pequeñas rendijas de la persiana cerrada, me topé con unos ojillos rojos que desde el otro lado del cristal me observaban con el mismo interés que un pez te observa en mutuo desprecio cuando miramos una pecera con palmera de plástico y tortuga..

Joder!! Que susto. -Exclamé-. Y mi mujer me dio un codazo en los riñones al grito de:

  • Ya estás otra vez? No se puede dormir nunca en esta casa? No tuviste bastante con lo de la virgen?

https://montxomon61.com/2015/03/01/se-me-aparece-la-virgen/

Cuando me repuse del codazo y me volví a asomar, ahí estaba un minúsculo extraterrestre, sentado en el filo del vierteaguas y agarrado a una maceta con un aloe que crece y echa hijos sin parar.

Comenzó una cháchara ininteligible que sonaba a metálico dulzón, como cuando untas pan en la bechamel de unos canalones emplatados en bandeja de aluminio de mala calidad.. Ese regusto raro, me seguís, verdad? O soy el único que percibe esas cosas?

Como no le entendía nada le contesté en catalán, que sin ser mi lengua materna, por lo menos puedo hablarla con cierta corrección. El bicho me miró como si hubiera visto a la virgen, seguramente a la hippie que se me apareció la última vez (ver el enlace anterior), y tras parecer comprender, al final con signos -como no podía ser de otra manera-, le invité a entrar por la puerta del balcón del comedor y le tendí una lata de cerveza a medias que sobre la mesa de la tv había olvidado antes de acostarme.

La cháchara parecía fructificar, (cosa que agradecí, ya imaginaba el guión de lo que ahora estoy escribiendo), pero pronto y tras eructar -tras el trago del amarillento líquido elemento-, decidió ponerse pesado y exigirme que le llevase ante mi líder.

Le dije que especificase su criterio en cuanto a “LIDER”, pues si bien ya tenía una idea de a qué tipo de liderazgo él debía referirse, intenté explicarle que algunos de mis líderes podían ser músicos de la talla de Dylan, Richards o incluso un dibujo animado como el Pájaro Loco. Al final, como me temía, optó por exigirme le llevara ante el líder que gobierna en este país.

Como ya me temía esa respuesta y ante la vergüenza que me iba suponer, -que tras indicarle el camino hacia La Moncloa-, se topara con el susodicho actual inquilino, opté como mejor idea presentarle al presidente de mi comunidad de propietarios, y a algún vocal que otro.. Así -cuando menos-, no sentiría la inevitable carcajada, befa y mofa alienígena.

Recordando a Buko (y 2)

CLASE

Cuento por Charles Bukowski

Dedicado a esa persona.

No estoy muy seguro del lugar. Algún sitio al Noroeste de California. Hemingway acababa de terminar una novela, había llegado de Europa o de no sé dónde, y ahora estaba en el ring pegándose con un tipo. Había periodistas, críticos, escritores -bueno, toda esa tribu- y también algunas jóvenes damas sentadas entre las filas de butacas. Me senté en la última fila. La mayor parte de la gente no estaba mirando a Hem. Sólo hablaban entre sí y se reían.
El sol estaba alto. Era a primera hora de la tarde. Yo observaba a Ernie. Tenía atrapado a su hombre, y estaba jugando con él. Se le cruzaba, bailaba, le daba vueltas, lo mareaba. Entonces lo tumbó. La gente miró. Su oponente logró levantarse al contar ocho. Hem se le acercó, se paró delante de él, escupió su protector bucal, soltó una carcajada, y volteó a su oponente de un puñetazo. Era como un asesinato. Ernie se fue hacia su rincón, se sentó. Inclinó la cabeza hacia atrás y alguien vertió agua sobre su boca.
Yo me levanté de mi asiento y bajé caminando despacio por el pasillo central. Llegué al ring, extendí la mano y le di unos golpecitos a Hemingway en el hombro.
-¿Señor Hemingway?
-¿Sí, qué pasa?
-Me gustaría cruzar los guantes con usted.
-¿Tienes alguna experiencia en boxeo?
-No.
-Vete y vuelve cuando hayas aprendido algo.
-Mire, estoy aquí para romperle el culo.
Ernie se rió estrepitosamente. Le dijo al tipo que estaba en el rincón:
-Ponle al chico unos calzones y unos guantes.
El tipo saltó fuera del ring y yo lo seguí hasta los vestuarios.
-¿Estás loco, chico? -me preguntó.
-No sé. Creo que no.
-Toma. Pruébate estos calzones.
-Bueno.
-Oh, oh… Son demasiado grandes.
-A la mierda. Están bien.
-Bueno, deja que te vende las manos.
-Nada de vendas.
-¿Nada de vendas?
-Nada de vendas.
-¿Y qué tal un protector para la boca?
-Nada de protectores.
-¿Y vas a pelear en zapatos?
-Voy a pelear en zapatos.
Encendí un puro y salimos afuera. Bajé tranquilamente hacia el ring fumando mi puro. Hemingway volvió a subir al ring y ellos le colocaron los guantes.
No había nadie en mi rincón. Finalmente alguien vino y me puso unos guantes. Nos llamaron al centro del ring para darnos las instrucciones.
-Ahora, cuando caigas a la lona -me dijo el árbitro- yo…
-No me voy a caer -le dije al árbitro.
Siguieron otras instrucciones.
-Muy bien, vuelvan a sus rincones; y cuando suene la campana, salgan a pelear. Que gane el mejor. Y -se dirigió hacia mí- será mejor que te quites ese puro de la boca.
Cuando sonó la campana salí al centro del ring con el puro todavía en la boca. Me chupé toda una bocanada de humo y se la eché en la cara a Hemingway. La gente rió.
Hem se vino hacia mí, me lanzó dos ganchos cortos, y falló ambos golpes. Mis pies eran rápidos. Bailaba en un continuo vaivén, me movía, entraba, salía, a pequeños saltos, tap tap tap tap tap, cinco veloces golpes de izquierda en la nariz de Papá. Divisé a una chica en la fila frontal de butacas, una cosa muy bonita, me quedé mirándola y entonces Hem me lanzó un directo de derecha que me aplastó el cigarro en la boca. Sentí cómo me quemaba los labios y la mejilla; me sacudí la ceniza, escupí los restos del puro y le pegué un gancho en el estómago a Ernie. Él respondió con un derechazo corto, y me pegó con la izquierda en la oreja. Esquivó mi derecha y con una fuerte volea me lanzó contra las cuerdas. Justo al tiempo de sonar la campana me tumbó son un sólido derechazo a la barbilla. Me levanté y me fui hasta mi rincón.
Un tipo vino con una toalla.
-El señor Hemingway quiere saber si todavía deseas seguir otro asalto.
-Dile al señor Hemingway que tuvo suerte. El humo se me metió en los ojos. Un asalto más es todo lo que necesito para finalizar el asunto.
El tipo con la toalla volvió al otro extremo y pude ver a Hemingway riéndose.
Sonó la campana y salí derecho. Empecé a atacar, no muy fuerte, pero con buenas combinaciones. Ernie retrocedía, fallando sus golpes. Por primera vez pude ver la duda en sus ojos.
¿Quién es este chico?, estaría pensando. Mis golpes eran más rápidos, le pegué más duro. Atacaba con todo mi aliento. Cabeza y cuerpo. Una variedad mixta. Boxeaba como Sugar Ray y pegaba como Dempsey.
Llevé a Hemingway contra las cuerdas. No podía caerse. Cada vez que empezaba a caerse, yo lo enderezaba con un nuevo golpe. Era un asesinato. Muerte en la tarde.
Me eché hacia atrás y el señor Hemingway cayó hacia adelante, sin sentido y ya frío.
Desaté mis guantes con los dientes, me los saqué, y salté fuera del ring. Caminé hacia mi vestuario; es decir, el vestuario del señor Hemingway, y me di una ducha. Bebí una botella de cerveza, encendí un puro y me senté en el borde de la mesa de masajes. Entraron a Ernie y lo tendieron en otra mesa. Seguía sin sentido. Yo estaba allí, sentado, desnudo, observando cómo se preocupaban por Ernie. Había algunas mujeres en la habitación, pero no les presté la menor atención. Entonces se me acercó un tipo.
-¿Quién eres? -me preguntó-. ¿Cómo te llamas?
-Henry Chinaski.
-Nunca he oído hablar de ti -dijo.
-Ya oirás.
Toda la gente se acercó. A Ernie lo abandonaron. Pobre Ernie. Todo el mundo se puso a mi alrededor. También las mujeres. Estaba rodeado de ladrillos por todas partes menos por una. Sí, una verdadera hoguera de clase me estaba mirando de arriba a abajo. Parecía una dama de la alta sociedad, rica, educada, de todo -bonito cuerpo, bonita cara, bonitas ropas, todas esas cosas-. Y clase, verdaderos rayos de clase.
-¿Qué sueles hacer? -preguntó alguien.
-Follar y beber.
-No, no -quiero decir en qué trabajas.
-Soy friegaplatos.
-¿Friegaplatos?
-Sí.
-¿Tienes alguna afición?
-Bueno, no sé si puede llamarse una afición. Escribo.
-¿Escribes?
-Sí.
-¿El qué?
-Relatos cortos. Son bastante buenos.
-¿Has publicado algo?
-No.
-¿Por qué?
-No lo he intentado.
-¿Dónde están tus historias?
-Allá arriba -señalé una vieja maleta de cartón.
-Escucha, soy un crítico del New York Times. ¿Te importa si me llevo tus relatos a casa y los leo? Te los devolveré.
-Por mí de acuerdo, culo sucio, sólo que no sé dónde voy a estar.
La estrella de clase y alta sociedad se acercó:
-Él estará conmigo.
Luego me dijo:
-Vamos, Henry, vístete. Es un viaje largo y tenemos cosas que… hablar.
Empecé a vestirme y entonces Ernie recobró el sentido.
-¿Qué coño pasó?
-Se encontró con un buen tipo, señor Hemingway -le dijo alguien.
Acabé de vestirme y me acerqué a su mesa.
-Eres un buen tipo, Papá. Pero nadie puede vencer a todo el mundo.
-Estreché su mano -no te vueles los sesos.
Me fui con mi estrella de alta sociedad y subimos a un coche amarillo descapotado, de media manzana de largo. Condujo con el acelerador pisado a fondo, tomando las curvas derrapando y chirriando, con el rostro bello e impasible. Eso era clase. Si amaba de igual modo que conducía, iba a ser un infierno de noche.
El sitio estaba en lo alto de las colinas, apartado. Un mayordomo abrió la puerta.
-George -le dijo-. Tómate la noche libre. O, mejor pensado, tómate la semana libre.
Entramos y había un tipo enorme sentado en una silla, con un vaso de alcohol en la mano.
-Tommy -dijo ella- desaparece.
Fuimos introduciéndonos por los distintos sectores de la casa.
-¿Quién era ese grandulón?
-Thomas Wolfe -dijo ella-. Un coñazo.
Hizo una parada en la cocina para coger una botella de bourbon y dos vasos.
Entonces dijo:
-Vamos.
La seguí hasta el dormitorio.
A la mañana siguiente nos despertó el teléfono. Era para mí. Ella me alcanzó el auricular y yo me incorporé en la cama.
-¿Señor Chinaski?
-¿Sí?
-Leí sus historias. Estaba tan excitado que no he podido dormir en toda la noche. ¡Es usted seguramente el mayor genio de la década!
-¿Sólo de la década?
-Bueno, tal vez del siglo.
-Eso está mejor.
-Los editores de Harperis y Atlantic están ahora aquí conmigo. Puede que no se lo crea, pero cada uno ha aceptado cinco historias para su futura publicación.
-Me lo creo -dije.
El crítico colgó. Me tumbé. La estrella y yo hicimos otra vez el amor.

Recordando a Emilio Botín.

Creo que una de las mujeres con más influencia en España es la hija de Emilio Botín.

No he podido dejar de recordar lo que a modo de epitafio, escribí a la muerte de su padre.

Escrito el diez de septiembre de dos mil catorce.

 Miércoles (reflexión)

– Ha muerto el banquero.
– Perdona, un banquero es quien construye bancos y banquetas. A los que tu te refieres, se les conoce como bancarios, usureros que se decía antes.
– Pues eso… Que a todos los cerdos les llega su San Martin..
– Marianico dice estar abatido.
– Ay, si. Y la viuda y los niños. No te jode!
– Esos? Esos ya están relamiéndose. No seas lerdo.
– Creo que le harán un funeral de estado. Tras la hipocresía del de Suarez, se ve que es la norma.
– Claro. Y aquí, todos a llorar viéndolo por televisión. Que penita más grande..
– Se ve que no ha podido llegar al 11-S. -Competir en importancia de noticia con los secesionistas-, le había jurado a don Mariano. Pobre..
– Pobre? Este no es el que gestionaba las comisiones bancarias de media España?
– Si. -Un euro de aquí, otro de allí..?-,  Dijo una vez su viuda.
– Crees que nos darán fiesta en el colegio?
– No sé. Con el Dictador dieron diez días.
– Tu es que eres ya muy mayor hermano, yo maduré más despacio.
– Si. Los piscis es lo que tenemos. Uno nada para un lado y el otro en sentido contrario. Nos movemos, si. Pero.. Nunca conseguimos avanzar mucho.
– Ves? Ya divagas otra vez. Qué harán con todas esas corbatas rojas?
– Las de la Marca España?
– Si. Esas.
– No sé. Ahorcarlo? 

 

¡¡Feliz Navidad y mejores orgasmos!!

La mayoría, con las nuevas tecnologías en auge, dejamos de escribir -y enviar-, tarjetas de Navidad para felicitar las fiestas. Primero lo hicimos por teléfono, luego con mensajes de texto, fax, e-mail´s, y un largo etc de operativos (cada vez más sofisticados e incomprensibles), hasta llegar al Whatssap y sus emoticonos, stiker´s…

Durante un tiempo, un primer tiempo, la carencia de imaginación nos indujo a escribir lo mismo que diríamos de voz. Luego las frases ocurrentes, luego los chistes -mejor o peor elaborados según la idiosincrasia de cada cual-, hasta pasar, por fin, a la chabacanería de lo, saltándose lo de “políticamente correcto” irrumpir en lo sexista (como si en un bucle volviéramos a los orígenes de lo más burdo de nuestra ¿cultura?

Hartos de frases con contenido machista, parece que “para compensar” hemos hecho lo mismo y los vapuleamos (y perdón por la connotación violenta de la palabra en si misma), a ellos en lugar de a ellas, como moda.

Para curarme en salud con respecto de uno u otro género, os voy a dejar la siguiente frase de Les Luthiers:

“…la mujer que no tiene suerte con los hombres…no sabe la suerte que tiene….”

  • (Les Luthiers)

Y… Como morderme la lengua tampoco es mi fuerte, dejo una breve conversación (recogida al azar por La Red), que da a diestro y siniestro. Que cada cual saque sus conclusiones.

Nueve mujeres se van a un retiro espiritual para mejorar sus relaciones de pareja con sus respectivos esposos. El párroco les pregunta:
– ¿Cuántas de ustedes aman a sus maridos?

Todas las mujeres levantaron la mano. Luego les preguntó:

– ¿Y cuándo fue la última vez que le dijeron a sus maridos que los amaban?

Unas respondieron hoy, otras ayer, otras ni recordaban.

Entonces les pidió que tomaran sus teléfonos y enviaran el siguiente mensaje a sus maridos:

“Cariño, te quiero mucho y valoro todo lo que haces por mi y nuestra hermosa Familia. Te amo.”

Luego les pidió que leyeran las respuestas de sus maridos. Estas fueron las respuestas:

1. ¿Qué coño te pasa…?

2. Ayyy madre mía!… No me digas que has reventado el coche otra vez!

3. No entiendo qué cojones me quieres decir con eso.

4. ¿Y ahora qué coño has hecho? ¡No te voy a perdonar esta vez!

5. ¿Qué te pasa? ¿Te has drogado?

6. Déjate de rodeos… Dime cuánto necesitas y ya.

7. ¿Estoy soñando o este mensaje es para el vecino?

8. ¡Ya te he dicho que no voy a comer este fin de semana con tu madre ni borracho!

Y LA MEJOR DE TODAS..

9. ¿Quién eres? Es que no tengo este número grabado pero me gustaría conocerte. Envíame una foto.

Lo dicho:

Feliz Navidad y mejores orgasmos.

Como dijo aquel…l(a) Operación Turrón.

Llego.
Tarde.
Tengo hambre.
Paso por el super,
y mientras pienso:
<podías ir al chino a pillar un menú barato y de paso comes alguna verdurita>
Saludo a uno u a otra aquí o allá…
(Relativas ventajas de que tu pareja trabaje en el super de debajo de casa…)
Miro verduritas congeladas-precocinadas,
miro los helados…
cojo el pan y,
tras mucho mirar y calcular les escasas ganas de cocinar que tengo, agarro un blister de panceta (ibérica) para hacerla a la plancha…
Subo a la casa,
enciendo el fuego y…
Mientras me recrimino el… “lo del colesterol”,
pongo las tiras de panceta a freír.
Un pellizco de pan..
Llaman por teléfono..
Atiendo.
-Un momento, que le doy la vuelta a lo de la sartén-,
sigo hablando.
Un pellizquito de pan.
(Otro)
jijijaja…
Otro pellizquito de pan… Más tarde. Cuelgo.
La comida se ha quemado. Que alegría!!
No me subirá el colesterol.
Sigo con hambre media barra después..
Y me pongo a escribirlo para engañar a la puta tripa.
  • Qué asco de vida..!!

Y


de postre un polvorón de la cesta de Navidad. y a la familia en Nochebuena.. ya le cantaremos:

“… una libra de clavo y un formón.
una libra de clavo.. y un formón.
L


a gata me mira como diciendo:

  • Este cada vez está más pallá. Aunque, a mi, mientras me de mi pienso.. Que cante lo que quiera.

La voz de una de mis hermanas, aun resuena en mi cabeza:

  • Ojito con los polvorones de Nochebuena hermano!!!!!

Asco de tía, oye.

Tras la “llamadica” hija…
No veas la decepción en los ojos con que contemplaba el desaguisado.
Donde antes me reconcomía con un:

<< Joder, todo es grasa. Cómo son capaces de vender ésto..?? marditos roedores>>

Ahora mi Karma satisfecho se relamía con un:

<<Veslo.. La justicia divina a obrado para desfacer entuertos>>

Gordi, ayer cuando volví del curro. Tan ufano con mi lote de Navidad, lo primero que mi mujer dijo fue:

  • Las figuritas de mazapán para mi, que no te gustan.
  • No me gustan?
  • Calla. Recuerda el año pasado… Me entró la risa con un polvoron en la boca ¡¡¡¡ Y casi estoy plantando malvas ¡¡¡ Dicen que estaba morada.
  • Si. De comer polvorones!!

Luis Tosar (Frases de actores que ayudan a reflexionar)

“Sueño que estoy en pelotas y que todo el mundo me mira”
Luis Tosar.

Yo, con frecuencia, sueño lo mismo. Y además, cagando. La sensación de no saber bien qué cara poner, es terrible.
(Con los años, el sueño es el mismo… Pero he aprendido a saber explicar que sólo es un sueño y que en realidad no me ven)
Supongo que he desarrollado una extraña capacidad de autocrítica…

Nunca me funciona.

  • Mira hermano, yo soñé esa situación (sin cagar) durante algún tiempo, la sensación de vergüenza y ridículo era angustiosa. Pero desde hace un tiempo (en el sueño) comencé a pasar de la vergüenza y el ridículo, y me paseaba por el sueño completamente desnudo sin preocuparme ni avergonzarme lo mas minimo. De momento nunca mas se ha repetido el sueño.

Igual somos demasiado previsibles, no?