En el portal de Belén…

En el portal de Belén hay estrellas, sol y luna…

Cantábamos de pequeños, después de cenar, mientras esperábamos a que mi abuela partiera los turrones y repartiera el aguinaldo, (que horas más tarde mi viejo nos requisaría), pero lo que realmente debía de haber en el Portal de Belén era un mal rollo de tres pares de cojones, porque, yo por lo menos, lo imagino así:

Tampoco debió de ser fácil para unos supuestos “reyes” con, además supuestos poderes que los convertían en “magos” de Oriente, acudir tras cruzar un desierto lleno de forajidos y siguiendo a una estrella, llegar a un apestoso establo dónde se iban a encontrar el siguiente “belén”:
Encontrarse a la María, que por entonces no tenía todavía el tratamiento de “virgen”, – y que dadas las circunstancias, sería una tipa de armas tomar… Con la bravura suficiente para haberse tirado a un extraterrestre.. (o lo que fuera el ángel, y que seguía allí, observando desde el alfeizar del portal), con los brazos en jarras, toda chula ella, tras haberle puesto los cuernos al marido, espetándole:
– Pues para ser carpintero, a menuda mierda de sitio me has traído a parir!!
A lo cual, el pobre y cornudo José, -que estaría abuchanado en un rincón, tras una sudorosa y malholiente mula y con un asno cagándose en él tras la caminata con la tía y el bombo a cuestas.. Estaría callado. Si. Pero con una mala hostia que pa qué!!
Imaginas a “los pastorcillos” partiéndose de risa y haciendo apuestas sobre con quién le puso los cuernos en realidad?
Vamos… Que de pequeños nos contaban cada cuento!!

7 comentarios sobre “En el portal de Belén…

      1. Creo que fue Premio La Sonrisa Vertical allá por el 84.
        (igual ni habías nacido, perdona)

        El caso es que fue la primera vez que escuché (leí) la palabra “cachonda” en todo su concepto y/o acepción.

        (“… me estaré poniendo cachonda? “)

        Por supuesto había escuchado “cachondeo” o “qué cachondo” en referencia -por ejemplo-, a un tipo. Pero no en femenino y dicho por la propia protagonista. Me cautivó.

        Recuerdo que el contexto iba sobre la descripción de un asiento de madera en un autobús urbano en el que la protagonista iba sentada. Hacía hincapié en la descripción del mismo. Se había fijado ¿por primera vez? en aquel tipo de asiento antiguo que tenía como un breve relieve que servía para separar los glúteos al posarlos en el asiento, de esa manera el mismo resultaba más cómodo. Ella, igual María -no recuerdo bien-, se había percatado de que si forzaba el gesto sentada a horcajadas, creo que en sentido inverso, el duro relieve de madera, podía rozarle la parte baja del sexo a través de los vaqueros, y de ahí, surgía su privada pregunta:

        – Me estaré poniendo cachonda?

        Nunca he sentido miedo por describir con detalle lo que puedo llegar a imaginar. Si me excomulgan? Mejor. Ellos se lo pierden.

        Le gusta a 1 persona

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