Apolo.

Hoy quiero contar una historia tan amable en su principio como surrealista en el final. Apolo es el nombre de un dálmata que…
Mejor empiezo por el principio:

El pasado uno de enero, sobre las ocho de la mañana, desperté ante la algarabía de unos ladridos que parecían sonar dentro de mi cabeza. Medio dormido aun, pensé: -Empezamos bien el año, joder!-. Abrí un ojo y, si. Ahí, en la puerta del dormitorio, un joven dálmata me miraba con interés mientras mis otros dos perros competían con él por llamar mi atención.

Perplejo, y semi-incorporado, procedí al intento de quitarme las legañas de la alucinación mientras mi esposa terciaba:

  • Has visto que perro más majo nos hemos encontrado?

Yo, todavía incrédulo, sentándome en la cama y buscando las zapatillas, repuse algo parecido a:

  • Pero… De dónde? Cómo…? De quién… Cuándo?
  • Lo hemos encontrado perdido cuando he bajado a que los perros hicieran pis. Se le ve bien cuidado. Has visto? Se le marcan un poco las costillas, pero no creo que sea de hambre. Está limpio. No debe llev…

Perdido (realmente yo) entre mi sorpresa y mis pensamientos acerca de lo escuchado “pues claro que se le marcan las costillas, se le ve joven, es una raza acostumbrada a correr… No como los nuestros, (a los que jocosamente denominamos el ladrillo y el jabalí) que están tan hermosos como… Como yo”.

La voz de mi esposa -desapareciendo por el pasillo-, aun audible, concluía:

  • Cuida tú a los perros, que voy con éste a ver si veo a sus dueños..

A los cinco o diez minutos, vuelve a subir. Ya sin el can.

Contento por el bicho, afirmo:

  • Jo. Si que has encontrado pronto a sus dueños.
  • No. No he encontrado a nadie. Lo he dejado abajo.
  • Abajo? Dónde abajo?
  • En el rellano. Por fuera. Se ha quedado quieto, como si conociese el barrio..
  • Pero, qué dices!! Pobre perro. Vamos a organizar cómo encontrar a sus dueños vía Face.. o avisando a la Guardia…

Mientras me abrochaba los pantalones y calzaba las botas ya había bajado y subido -toda contenta ante mi entusiasmo-, con el dálmata a casa otra vez.

Avisar por teléfono a mi hija para crear una búsqueda, hacerle cuatro fotos para ilustrar los pasquines con los que ya pensaba inundar las farolas y postes del barrio y, el hijo puta del perro mearse -para “marcar”- en el árbol de Navidad fue todo uno. Mi husky que me mira, con su cara de lobo cuando cambia las orejas hacia atrás, saca a relucir los colmillos y achica los ojos.. Vamos, el tiempo justo de sacarlo a regañadientes al balcón. Para separar a los dos machos con la ficticia barrera de cristal que separa éste del comedor.

Feliz Año nuevo, me recuerdo mentalmente…

Y ahí que comenzamos el periplo de realizar una búsqueda. En media hora Facebook ya contaba con la información en nuestras tres cuentas. Más majo estaba en las fotos que la impresora escupía ya sin pausa..

Primera llamada: A la perrera municipal. Hoy es festivo -me contesta una metálica voz pre-grabada-, que a su vez me explica que si quiero, puedo llevarlo y dejarlo en unas jaulas que hay ya preparadas con pienso, agua y demás, a la entrada del recinto…

Segunda llamada: A la Guardia Urbana. Datos, teléfono de contacto, conversación pre-grabada (también), e información y números de teléfono sobre el anterior servicio citado para dejar a los canes en la perrera.

Mientras mi esposa y yo nos miramos, coincidiendo en que bajo ningún concepto la opción de abandonarlo en una jaula va a ser llevada a cabo… -Todo ello transcurre ante la mirada atenta de los ojos del lobo desde el otro lado del cristal y los bufidos de la gata cada vez que el invitado se le acerca, diez, veinte minutos a lo sumo… Suena el teléfono. La Guardia Urbana. Ahora ya con voz humana. Joder!! Qué rapidez! -Pienso para mi-.

  • Sr. Tal Tal.. Tenemos aquí a una señora mayor que pregunta por un perro perdido que coincide con la descripción que usted ha dejado en el contestador. Le pasamos.

Efectivamente, una señora mayor (por la voz compungida), reclama el chucho. Le damos la dirección, y convenimos en que en breves minutos vendrá a buscarlo.

Pasan los interminables minutos. Mi esposa acaricia y consuela al dálmata mientras mi lobito me mira en plan: Que lo toque ella tiene un pase. Pero como lo toques tú… Atravieso el ventanal.

A la media hora larga llaman a la puerta. Una mujer con apariencia de abuela franquea la puerta (porta entre las manos un paquete relativamente mal envuelto), -pobre mujer, pienso para mi-, menudo susto se habrá llevado. No le cogeré el detalle. Faltaría más..

Mientras nos explica que el perro es de su hijo que vive en Alemania, aunque justo hoy está en Barcelona, riñe amorosamente al dálmata diciéndole que ya es la segunda vez en dos días que le da el mismo susto, tiende el paquete hacia mi esposa -que lo recoge antes de que yo pueda reaccionar-. Intercambiamos los números (ahora que el perro sabe a dónde acudir y tras conocer que ha repetido escapada) no vaya a ser que se pierda de nuevo…

Despedidas. Agradecimientos. ..

Mi esposa, contenta, abre el paquete y vemos con agrado un Pannetone de marca. No uno de esos de pega.. Uno con un pintón que lo flipas. Con sus pasas, sus trocitos (generosos) de fruta confitada. Vamos, que ya tenemos postre.

Olvidando lo mal envuelto que estaba el presente (las prisas.. pobre mujer, aun recuerdo), desecho los envoltorios para reciclar en la caja para el contenedor azul.

Bueno, parece que si. Que el Año Nuevo ha comenzado bien.


Y hasta aquí, la buena acción.

A partir de ahora la historia surrealista:

Tras comer, tarde, -tuve que ir a echar un ojo a la fábrica, una alarma había saltado…-, y comenzar a degustar el bizcocho cosechado por nuestra buena acción, suena el teléfono.

La vieja de nuevo.

Antes de que le pregunte por si Apolo ha vuelto a fugarse y con voz temerosa, la mujer me explica:

  • Verá. Le llamo… Porque resulta que me ha visitado una amiga, alemana también como yo, y me ha preguntado que si me había gustado el regalo que me había hecho? Vera usted, el regalo de esta mujer, lo confieso, era el Pannetone que gustosamente les he regalado a ustedes.., lo que ocurre es que ante la insistencia de mi amiga, a la que yo le he contestado que todavía no lo había abierto y que ya le diría… Hasta que no se ha ido, comprende? No le je podido llamar. Me puede decir si debajo del bizcocho había algo? Alguna joya tal vez? Algún detalle…?

Yo, flipando por el cariz que la conversación derivaba y ante la sonrisa cómplice de mi esposa -que con los dos carrillos llenos, me inquiría sobre si tal vez quería que le devolviésemos el bollo…-, le he contestado:

  • No. Sólo.. Un Pannetone, muy bueno, por cierto, (no se le fuese a ocurrir preguntar…)
  • Y..? Debajo? Debajo del envoltorio…
  • No sé. Lo eché a reciclar. Un momento.. Que miro. -Musito, sonriendo, con los ojos hacia mi esposa, para que sea ella quien vaya hacia la caja de cartón que contiene los restos de papel-.

Mi esposa vuelve, aguantando la risa con la mano que no sujeta el envoltorio que extiende para que yo compruebe el interior.

  • Señora! Hay dinero. Cincuenta euros. Dos billetes de veinte y uno de diez.
  • Ay. Muchas gracias. El Pannetone pueden quedárselo, pero el dinero… Es que no quiero que esa señora me pague por un favor que le hice desinteresadamente.. Si no les parece mal, pasaré luego a buscarlo, para devolvérselo.

Otra media hora más tarde, de vuelta en el zaguán de mi casa, mi perro se encara con el suyo. Vuelta a separarlos. Vuelta a las explicaciones.

  • Es que como usted comprenderá, no le podía decir a aquella amiga cómo agradecerle el regalo sin saber de qué se trataba… Comprende? Ahora la llamaré y le explicaré que no hacía falta que me pagara nada. Que con el bizcocho ya era suficiente.

Una vez más, trae entre sus manos sendas bolsas de chuches para mascotas, que de nuevo mi esposa recoge, (también de una marca alemana) y nos despedimos de nuevo.

  • Adios. Adios.
  • Adios…

(Por fin), parece contestar mi perro.

Y ahí nos quedamos, tras cerrarse la puerta, riendo a carcajadas mi esposa y yo, como dos adolescentes…

  • Pero… Cómo se le ocurre regalar algo sin abrirlo primero?

Me pregunta mi esposa entre hipos.

Mientras yo me quedo pensando sobre que buena historia tengo para escribir, no dejo de hacerme preguntas sin respuesta:

  • Y, se marchó la amiga de la casa con el desplante de no saber si la vieja había abierto el regalo?
  • O se lo pensó mejor la “nuestra” cuando comprendió cual era el regalo?
  • Y… Si llegamos a haberlos gastado, si los hubiéramos visto?
  • Y… Qué desfachatez! Nos dice que “nos lo podemos quedar” (el Pannetone) en la misma frase que nos dice “que no quiero que esa señora me pague por un favor que le hice desinteresadamente”.

En fin…  Feliz Año Nuevo!!

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12 comentarios sobre “Apolo.

  1. La realidad siempre supera a la ficción. Yo también tengo una sobre unos macarrones, macarrones sueltos sin cocer, que me regalaron pensando, quien me lo regalo, que era otra cosa. Algún día quizás la cuente 🙂

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