La mirada de un ser querido. 

La perra me mira fija.

Su semblante muta de “cara de pena” cuando el camarero trajo la cerveza y la ración de patatas bravas,  a la mirada de fastidio conforme su olfato le advierte  sobre cómo van desapareciendo las mismas del plato.

Tras el vaciado del mismo y ante la perpleja nueva mirada de requerimiento, (de nuevo se lo muestro  en repetido ritual aprendido), para que comprenda,  también visualmente, que ya puede dejar de pedir. 

Es entonces,  y solo entonces,  cuando se sienta,  gira el hocico y me ofrece esa curiosa caída de ojos que parece denotar condescendencia. Sus ojos destilan un brillo húmedo. Su hocico tiembla imperceptiblemente hasta conseguir hacerme sentir culpable con su indiferencia. 

Intento razonar con ella en plan:

– Si hubieras nacido en el seno de la familia de un jeque árabe,  tal vez estuvieras ladrándole al cocinero que se pasó con la sal al salmón. 

Aquiescente,  parece comprender cada palabra hasta que concluyo con un:

– Aunque tal vez te hubiera comido un cocodrilo.. 

Y es entonces,  de nuevo sólo entonces, cuando parece haberse olvidado de que hubo patatas..

Un comentario sobre “La mirada de un ser querido. 

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