Trabajos de pareja.

Uno de los momentos de pareja más difíciles de sobrellevar, es aquel en el que no sabes lo que tienes que hacer..

– Me dijo que le tendiera aquella concreta pieza de ropa.. O que comprara algo preparado para comer..??

La primera pregunta encierra una doble trampa. Te enteraste realmente de qué prenda había que tender..?? O tan sólo recuerdas la frase “tiéndeme la ropa”..??

La mayoría de los tíos optamos por la segunda opción, admite muchas variantes divertidas, comprarla, hacerla uno mismo y sorprender.. El lucimiento siempre genera buen rollo.

Sin embargo, la mayor parte del tiempo en que deberíamos estar disfrutando de la comida y de su compañía, lo pasamos estrujándonos las neuronas pensando:
– Será el pantalón y lo necesitaba para trabajar..??
– Serán algunas braguitas en particular..??
(Aquí, -con frecuencia-, perdemos el norte durante algunos segundos..)
– Será algo que destiñe.. Y la cagamos..??

Yo siempre tiendo toda la colada. Enterita.
Soy raro..??

  • Raro no, precavido sí… Las consecuencias pueden ser graves… Ir a trabajar con la ropa mojada, por ejemplo…
  • Si cariño. Pero también sabemos que ellas son precavidas y tienen además alternativas de “último momento” que nos puedan hacen pensar:
    – Ya has vuelto a picar..
    (porque a mi no me importa jugar con ella al juego de las lavadoras), siempre y cuando me diga siempre qué programa he de poner.. comprendes..??
    Sólo así se consigue paz.

El relojero.

Lo mejor de las tiendas de los chinos,
(a pesar de saber que son malas para nuestra economía)
es cuando vas a buscar unas pilas de esas que ni sabías que existían, y las tienen.
Además a precios irrisorios.

Recuerdo en Barcelona, al relojero del barrio, tan majo y elegante él. A veces te conseguía las pilas botón de una semana para otra..
Y había que agradecerle la sonrisa junto a unos precios..
Vamos, que destrempaban.
Pero era el relojero. el relojero del barrio..

 

 

Antes de ayer, comulgué…

Antes de ayer comulgué.
(mi espiritualidad me guió a hacerlo)

El entierro de un familiar, me llevó a lejanas tierras, donde, fiel al refrán:
“Allá dónde fueres, haz lo que vieres”

Me dejé llevar por la relevancia del momento sin desentonar mucho en pleitesías!!

Por cierto, en la rehabilitación del retablo de la Iglesia de San Pedro, en Huesca, falta un querubín.

  • Si quieres te mando una foto mía en porretas con alitas y una corona de neón, ya sabes que me gusta colaborar.
  • Joder.  No sé si podré borrar la imagen el resto de mi vida, otra vez al psicólogo.
    Que vida más dura.

….No recordaba cómo se hacía. Cogí el pedazo de Hostia con la mano e hice una especie de gesto como de: “A tu salud…” Mirando a donde se supone debería de estar el Dios.
Mastiqué la oblea sin devoción, como quien come algo que espera esté rancio. No lo estaba. Observé cada una de las Hostias que recibían los fieles (mayoritariamente viejos), me deleité sin hipócritas complejos al comprobar que mi trozo, -el segundo que ofreció el cura-, era sensiblemente más grande que el de los demás.
Bien por la puntualidad. Ésto debe ser lo de “..a quién madruga, Dios le ayuda..”

Ayer, entre otras delicias, le conté a mi mujer el episodio. Me miró con cara como de: VADE RETRO SATANÁS..
(ni siquiera omitió el gesto)
Hasta creo que musitó algo ininteligible parecido a:
– Qué te han hecho..??

No pude por menos que relamerme, luego, cuando me deleitaba con los juegos própios de pareja.
Ésta noche he pensado mucho en ello.

Tan suave y tan goloso..

  • UFFFFFF, ten cuidado socio, así se empieza.