Los zapatos de mi suegro.

Recientemente he visualizado el vídeo adjunto. Lejos de reflejar la moralina que desprende, -tan propia de éstos, nuestros días-, dónde parece que hayan de marcarnos continuamente el camino a seguir de manera didáctica, mi intención es referir una historia que me explicó mi esposa hace años.

En ella, hablaba de mi suegro (su padre) cuando niño.

El relato, aunque breve, es tan explícito que me abrumó, permitiéndome dejarlo fraguar en mi interior -como si de un tesoro íntimo se tratara-, hasta encontrar el momento justo de introspección para sacarlo a la luz.

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“… No pudiendo precisar las fechas, imagino debían correr finales de los años treinta, como hacia el ocaso de la segunda mitad de dicha década. Los familiares de los combatientes que habían sido derrotados en la Guerra Civil Española, pugnaban por llegar a Francia con la esperanza de -cuando menos-, poder conservar la vida propia como única divisa. Sin duda debieron ser tiempos muy duros .

Recuerdo cómo me sobresaltó el relato, -por boca de mi esposa-, al referirse a una conversación entre su abuela paterna para con su hijo, contando éste unos ocho años y tras ver huir ambos, a los futuros refugiados a su paso por su ciudad catalana (Berga) en malogradas reatas a través de la nieve del duro invierno.

Ante el estupefacto gesto de asombro de aquel niño -su padre-, la mujer le retiraba los zapatos a su hijo en plena calle, para ofrecérselos a otro de edad similar.

  • Él los necesita más!

En el relato, mi esposa aun podía escuchar la implorosa voz de su padre hacia su madre sin comprender…

  • Los necesita más? Yo no tengo ninguno más…”

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La lección de vida que esa mujer le ofreció a su hijo en aquel momento no puede dejar de sorprenderme.

Hartos estamos todos del consumismo en el mundo en que vivimos. Hasta los miembros de las clases menos favorecidas parecen transigir al derroche sin inmutarse o contener la respiración.

Aquella mujer, que seguro, prácticamente puedo asegurar, tampoco nada poseía, ofreció algo que lejos de comprenderse a priori por su hijo, y que le debió doler sobremanera, pudo con su gesto, ofrecer una enseñanza magistral. Seríamos capaces alguno de tal gesto hoy en día?

Yo he de admitir que no. Lo cual me sume en una gran tristeza.