En mayo, Comuniones.

Escuchaba el otro día unas frases a un vecino, al padre del vecino citado en cuestión, que en modo sarcástico definía “La Primera Comunión” de su nieto:

  • Veinte años sin pisar una iglesia y te gastas tres mil Euros en la Comunión de tu hijo, que no pisará una iglesia en otros veinte.

Aquellas palabras, dichas con cierta sorna, pues escondían (también) la frustración de quien pagaba en realidad el evento, me catapultaron a otro momento de mi vida.

Recuerdo en la comunión de una de mis hermanas, el comentario -tras reprobar a sus hijos por el escándalo que hacían-, que:

Una Comunión, no era una fiesta para niños”


Aquellas palabras me sobrecogieron.

“Cómo que no era una fiesta para críos? Cual, mejor que ésa lo iba a ser si no?”

(fueron mis pensamientos)


Con los años comprendí que el susodicho era el menos hipócrita de todos los amigos de mis padres.

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