La doble moral de Bertin.

Veo, atónito, el mensaje intrínseco, que el personaje llano Bertin Osborne, nos obsequia en estos últimos días.

Harto de inflarse de jamón ibérico de esa popular marca próxima a las Navidades… Sin complejo alguno durante los años en que todos hemos sufrido los rigores de “La Crisis“.

Harto de ofrecer -y regalarse-, copazos de buenos y generosos vinos en las entrevistas en Su Casa a personalidades (igual venidas a menos).

Ahora nos sale con “su novia” regañándole y animándole a rebajar el colesterol con los bebedizos de esa conocida marca de lácteos!

Bertin, hijo, es que quien bien te quiera, nunca te ofreció ensaladas o tofu?

Por favor… Muerete con clase, no?

Escrito a dos manos (allá por 2012)

Me he propuesto en esta nueva etapa contestar a todo aquel que me comente.

(harta tarea donde las haya..)

También sólo actualizar el Estado los fines de semana (en referencia a Facebook).

Hoy haré una excepción porque quiero presentaros a mi otro yo, con frecuencia aparecerá conversando conmigo en mis escritos. Supongo que como buen pisciano puedo hacer gala de mis dos personalidades -cada una dueña de un hemisferio cerebral-, sin pretender mierdas modernas de esas como la “bipolaridad”.

AUTOENGAÑOS.

Hace unos meses, puede que un par de años, vengo observando cierto comportamiento en mi mismo. Al principio, no le di mucha importancia.

– No engañes. Te ponías cabezón. Cogíamos cosas, las echábamos al carro, luego las devolvías a la estantería. Te recriminabas.. Las volvías a coger…

– Fue como una catarsis. Me dejas que lo explique..?

– Claro. Lo harás igual..

Lo que contaba: A veces, con sólo tocar un producto en el supermercado me doy por satisfecho. Como si lo hubiera comprado. La crema de chocolate es un claro ejemplo.

– Ja, ja, ja.. Te recuerdo. Te quedabas con el vaso en la mano. Sopesándolo. Mirando al vacío.. dubitativo.

– Eres idiota. Si por ti fuera seguiríamos con el colesterol a doscientos y más.. Eran momentos místicos. De reprobación. De verdadera introspección. En breves segundos podía saborearlas mentalmente. Y con ese instante me daba por satisfecho.

– Jajajajaa!! Místicos dice! Os lo juro, se quedaba parao, en babia. -su hemisferio. Yo me quería morir. Que vergüenza me hacía pasar-. Se quedaba parao, igual delante de un estante lleno de chocolates, como de uno de licores o uno de productos del cerdo. Estático. Parecía entrar en trance. Con el producto en una mano y quieto durante unos minutos.. parecía Hamlet declamando el “to be or not to be”. Que vergüenza, de verdad. Le cambiaba la cara. Como si hubiera sentido un orgasmo tántrico. Luego devolvía el producto al estante y se largaba pensando en lo grande que era. Una vez me tuvo dos años sin beber alcohol.

– Y lo bien que nos vino? Para depurar..

– Calla. No me lo recuerdes. Comenzaste en un verano de esos calurosos. Ni una caña me dejaste catar. Pensé que me moría ese verano.
– Nos vino muy bien. Y me estás jodiendo el escrito.

– Perdone vd. Que rarito te estás volviendo con la edad.

¡¡Una barra de pan más tarde!!

Hoy sopla Tramontana. Bendito aire del Pirineo que cruza (y barre) las tierras ampurdanesas, convirtiendo la aridez con que nos ha obsequiado el verano, en deshojadas laderas.

Eso sí, las últimas lluvias y esta posterior ventolera propiciarán hermosas jornadas de senderismo a la caza de setas varias.

No, no estoy loco -bueno, tal vez un poco sí-, aquí, en Cataluña, el ir a buscar bolets, -setas en catalán-, se le denomina “cazar”.

En fin, que me pierdo; ya en la panadería, dónde paré a comprar algo para almorzar, comencé a divagar (y a salivar), sobre las alternativas gastronómicas con que regalarme el día.

  • (“…no en vano hay que comer para trabajar…”)

Esa voz interior, que justifica toda aquella fechoría que mis actos (disociados del cerebro), se empeñan en perpetuar, resuena en mi interior, entre mis sienes, para subrepticiamente, asociar la oferta de dos baguets a un euro con lo crujiente que está el pan cuando el viento se lleva la humedad mediterránea..

*****

Ayer volvimos del paraíso de las tapas, del sol, del descanso.
Hoy hemos empezado a caminar, hasta Calella (tocar el mar y volver), ocho km.
Está bien, lo confieso:
Vi por el suelo un papel de huevo Kïnder y casi me tiro de cabeza para lamerlo…

Una de huracanes.

Ayer, viendo las imágenes sobre los destrozos que el huracán Irma* dejaba a su paso, también sacaron imágenes sobre la gente que abandonaba Florida tras aprovisionarse en los supermercados.

Los comentarios “en off”, del periodista, alarmaban sobre cómo el gentío aprovechaba para, como digo, ultimar compras.

Antes de cortarse la imagen (seguro el realizador de tv vio lo mismo que yo), pude observar sendos carritos de compra de futuros supervivientes, uno con dos cajas de cerveza Coronita y otro con paquetes de Heineken.

Yo, que pensaba de manera apocalíptica, que lo más seguro es que compraran lonas, cuerda, tablas, clavos y demás herramientas, sufrí una decepción intangible.

  • No dejo (también), de pensar que mi ultima ex, la que arrasó mi vida, compartía este nombre.