“No se te ocurra invitar a nadie en Navidad”.

La Navidad (que no en vano tiene las mismas letras que vanidad), es la época más hipócrita del año. Recuerdo una vez que llevé a un conocido recién separado y por lo tanto con su doble depre circunstancial, (previa consulta y permiso general de familiares), a la cena de Nochebuena.
El susodicho, que como digo, se enfrentaba a su primera Navidad sin hijos ni esposa, apenas puso apuro (aunque tampoco particular entusiasmo) cuando entre cerveza y cerveza en el bar de turno, le dije:

– “Tu tranquilo, esta Nochebuena la pasas conmigo. En familia.

A mi, en pleno periodo solidario, recién estrenado en la cincuentena, me pareció una solidaria y genial idea. Vamos… Mucho mejor esta acción para terminar un año que lo de “apuntarme a un gimnasio” como promesa de principio del nuevo.

No negaré que la idea de “pon un pobre en tu mesa” se me pasó lacónicamente por la sesera, aunque pronto la descarté por lo mezquino que me sentí.

Para no acudir solo a la fiesta, quedamos le iría a buscar, tomarnos unas cañas previas, para darse ánimos en el enfrentarse a mis familiares, a los que no veía desde hacía tres décadas. Llegamos tarde.

Mi esposa, más apremiante que solidaria, me convino a que me pusiera a “tocar el violín” y le llenara dos o tres platos de jamón para los aperitivos…
El invitado, lejos de integrarse en el cuorum familiar, prefirió darme cháchara mientras cortaba loncha tras loncha. Ellas, -madre y hermanas (3), desprovistas de sus respectivos conyugues-, acudieron a la novedad hacía tantos años ¿olvidada? y, en la cocina se plantaron a modo de melé festiva.
Juro que fui incapaz de llenar ni un sólo plato. Conforme cortaba, manos ávidas lo hacían desaparecer e ingerían antes de despegarse del cuchillo.
A media pata (ojalá hubiera sido paletilla, lo juro), aparecieron los cuñados, más atentos al caldo, o a las gambas a la plancha que solícitos en contribuir al orden….

El “pon un pobre a tu mesa” se bebió hasta el agua de los floreros. Hubo que llevarlo a su casa (tras quitarle las llaves del coche). Y el resto de la familia lleva seis años recordándome:
“No se te ocurra invitar a nadie en Navidad”.

3 comentarios sobre ““No se te ocurra invitar a nadie en Navidad”.

    1. Si. Tienes razón en todo. (No estás loca).
      Ando de cambios en el blog, quiero hacer otra cosa y ando borrando antiguas entradas, aunque todavía no me he definido.
      Ante la nostalgia de no publicar me saqué esto de la manga, aunque ya te anticipo será efímero en el tiempo, y… Si, te suena porque justo a ti te escribí un comentario que, desarrollado, fue la fuente de inspiración.

      Leí tus últimas tres entradas hace un par de días. Es imposible no caer rendido a los pies de tu pluma.
      Abrazo.

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      1. Renovarse o morir que se dice.
        Si es para bien me alegro. Empieza a darle vidilla que hay demasiadas bajas por el mundo blog jajaha.
        Muchas gracias por tus palabras 😊😊. Sigue pasando por mi casa cuando quieras, ya sabes que eres bienvenido 😘😘😘

        Le gusta a 2 personas

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