Placeres voyeur.

Me encuentro sentado en la terraza de una cafetería.

Los perros a los píes.

  •  Los perros?
  • Pero.. Dejame en paz. Te digo yo cómo has de contar tú tus cosas?
  • Les engañas, pues?
  • No. Bueno, es que es irrelevante tanto detalle. Eres un purista absurdo.
  • …?

El perro a los pies. Estamos esperando mientras la perra está en la peluquería. Siempre la traigo en julio. Por el calor.

  • Porque es una guarra…
  • Eh! Es una perra de caza. Por instinto no les gusta su olor. Se revuelca para camuflarse.
  • En estiércol?
  • En lo que pilla. Hablamos de ti? Les contamos tus obsesiones?
  • No viene a cuento.
  • Seguro? Iba a contar sobre el sentirse voyeur.
  • Eres un borde.
  • Que sea la última vez que le faltas el respeto a los perros. Son tan parte de ésta familia como puedas serlo tú.

Os hablaba de cómo desde sentado en una terraza -tenemos una alpargateria a la derecha-. Podemos”disfrutar” de cómo las turistas hacen equilibrios para probarse calzado. Y, desde mi posición, el sobrevuelo de faldas al viento, permite ensoñaciones más venéreas que castas.

  • Corre. Mira. La mora esa tan tapada, casi se cae sobre la mesa.
  • Te das cuenta de que determinados comentarios pueden caer en lo xenófobo?
  • Ve a cagar. Los dos sabemos que no lo somos. Importa, -además-, la religión en esto? Te recuerdo que estás mirando bragas robadas al descuido mientras se prueban sandalias..
  • Tienes razón. Debe de ser la influencia mediática.Igual vas pidiendo la cuenta y tal..
  • Tienes prisa? No nos han llamado aún de la peluquería.
  • Ya. Pero.. vas por la tercera birra y son las once de la mañana.
  • Hemos comido!
  • Ya. Diselo al perro, que se ha inflado de pan untado en huevo. Igual te crees que no te he visto.
  • Le gusta..

Lola.

Lola (Comentando a Valeria…)

A veces, los recuerdos -insanos o no- aparecen sin más.

  • Insanos?
  • Vaa… No asomes, precisamente hoy, con el calor que hace, no estabas pintando?
  • Por qué insanos?
  • Ya sabes por qué. Y a ésta gente que nos lee -ese dato- no les interesa.
  • Tu crees? Fue tu hemisferio el que se encoñó con Lola. Cuando fuimos a su casa, fue para colocar aquellos enlucidos de madera para proteger de la humedad.
  • Vivía en un bajo.
  • Ya se que vivía en un bajo. Lola estaba loca, como una cabra. Aun recuerdo aquella noche de la lluvia de estrellas que casi acaba en lluvia dorada. Se meo encima. Mientras estaba sentada en un sillón de una terraza. Que guarra!!
  • No se meo. Se c… descubrimos con ella el punto G. Tu le hablabas de arreglarle los bajos (de su casa) a su subconsciente. Yo hablaba con ella. Bajo la mesa nuestras manos jugaban. Fue algo incómodo (para que no nos vieran).
  • Que te crees tu eso. Da gracias que era de noche..
  • …!
  • Siempre nos han atraído las descerebradas, recuerdas?
  • Claro. Así nos fue durante tanto tiempo.
  • Lola fue especial. Fue la primera, la que nos sacó del tedio del matrimonio con..
  • Chist!! Los nombres chitón. O te encierro.
  • No te atreverás! La última vez ya sabes que estuvimos sin hablarnos un mes.
  • (que descanso)
  • Eh!! Que te he oído. Estoy en tu cabeza. Lo recuerdas?
  • Pues claro…No te dará una apoplejía un día, no…
  • …!!
  • Un ictus? Cortito?
  • Eres un imbécil. Me voy. Voy a seguir pintando. Me hubiese gustado ofrecer mi visión de la relación con Lola. Después de todo YO soy el artista, tu sólo eres el sieso que escribe… Qué ibas a escribir si no? De qué experiencias contarías? Ya me llamarás, ya.
  • Si. Para comer. Recuerda que un artista es un payaso. (también)
  • Imbécil…

(¡¡Portazo!!)

En fin, perdonad -una vez más- el inciso. Estaba en que tras comentar en el Blog http://loslabiosdevaleria.wordpress.com/ ha surgido un fantasma del pasado.

  • Otro. Otro fantasma!!
  • Te juro que un día….

Tras comentar -repito-, he sentido la necesidad de recordar el episodio con Lola.

Una vez, salí con una pintora, (eso decía ella) pusimos una gran sábana a modo de improvisado lienzo, sobre un sofá. Para protegerlo del polvo.

  • Qué polvo? Quién es el fantasma ahora? Eh!!
  • El de la sierra. Fuimos a lo de las maderas. Ves como no pillas?

Le gustaban los colores morados, pintar atardeceres.
Disfruté al principio, -para qué negarlo, por la novedad- perfilando con un pincel las aureolas de sus pechos. Ella hizo lo propio conmigo. La pericia de mis trazos degeneró bastante.
Las risas, los besos, los escarceos íntimos, las mezclas de óleos y acrílicos, la técnica de empastar…
Nos reímos mucho. Menos después, a la hora de lavarse.

No la volví a ver durante años.
Dos décadas después, tras una breve visita a su ciudad -fui a un entierro acompañado de mi hermana pequeña-, nos cruzamos por la calle. Ella iba con marido. Dos niños pequeños.
Saludos, efusivas muestras de cariño, ¿De nostalgia? Nos invitaron a su casa. A tomar café, charlar. Una visita cordial.

Entrando en la casa. Pasillo al fondo. Cuando crucé el comedor y vi la gran sábana extendida en una pared, el corazón me dio un vuelco.
Vi las huellas de los excesos de hace años sobre una pared.
Instintivamente bajé la mirada al suelo, saludé a los niños y cuando la volví a levantar, el tal Javier le preguntaba a mi hermana si le gustaba el cuadro.

Lola, -la amiga pintora-, me lanzó un imperceptible guiño que no pasó desapercibido por mi hermana, que después, ya en la calle, me increpó:

– Ésta tía te ha guiñado un ojo con su marido al lado? Anda.. Vamos, que estamos de entierro!!

Sublime…

SUBLIME.

– Recién hemos vuelto de unas breves vacaciones. Todo parece seguir igual. Sublime!

– Esto… qué quiere decir “sublime”?

– Pero mira que eres lerdo. Por qué no lo miras en San Google en lugar de hacerme parecer estúpido cada vez?

– Joder, no hago nada bien nunca?

– No digas tacos. Espera, lo busco:

Sublime:

Adj. Excelente, admirable, lo más elevado en su género:

– El reflejo de la luz en sus obras es sublime.

– Comprendes?

– Si. Creo que si.

– Pon un ejemplo.

– A ver, lo hago en una conversación, vale?

– Si eso te hace feliz…

– Que soso eres, joder!

+ A esta gente -los políticos-, no hay quién les entienda.
* Y no paran de hablar…
+ Si. Pero, qué dicen?
* Ni ellos mismos lo saben.
+ Pues yo ya empiezo a estar harto.
* Pues a mi, me da igual.
+ Ah! Y te parece bien que ni digan ni hagan nada?
* Lo encuentro sublime.

– Bien visto!! (por fin haces algo que vale la pena)

Hostias!!

Estaba escuchando la radio cua…

  • Estabas? Estábamos, no?
  • No sabía que ya habías vuelto.
  • Ayer. Mientras dormías. Pensé que era mejor no despertarte. Para qué? Siempre te enfadas…
  • Qué quieres?
  • He… Pensado?
  • Sigue…
  • Nada. He pensado pasar a saludarte y de paso comentar -contigo- lo que les vas a contar de la radio.
  • Vamos… A chafarme la historia.
  • Si lo planteas así? Luego me reprochas que no hacemos nada juntos…
  • No me llores… Va, empieza…
  • Me dejas? Eh!!  Me deja. Oíd! Me deja…
  • (Estoy cansado de discutir y hará lo que le de la gana igual)
  • Te he oído!!
  • Vaaa!!
  • Hemos escuchado por radio, ésta tarde pasada, una noticia que parecía de esas del Rockambol News… Si no llego a escucharla en directo, no me lo hubiera creído caso de que me lo hubieran contado. -Lo hago bien?
  • Hasta ahora no ibas mal. Pa qué preguntas?
  • Bueno… Les han hecho una entrevista a unas monjas de esas de Clausura que hacen pastas, dulces y demás glotonerías ricas..
  • En colesterol.
  • No me interrumpas, luego dices de mí.
  • Sigue…
  • El caso es que la entrevistadora ha dado con una monja menos… Cómo te diría? Menos “clausurada”?
  • Ya sabes que no me gusta que inventes palabras, pero si, para escribir lo que vas a escribir te lo voy a aceptar. Tampoco te acostumbres.
  • Como decía, la monja, -muy parlanchina ella-…
  • (Igual también elabora licores…)
  • Te he vuelto a oír. joder!
  • Perdoooooón…
  • El caso es que la vieja, -perdón, la monja-, se ha puesto a largar más de la cuenta. Parecía haber conectado con la periodista y se ha soltado bien, para despacharse a gusto. Se ve que como en todos sitios, a los conventos también llegó la Crisis -y por ende-, la Globalización. La monja ha estado explicando con una suerte de detalles de cómo estaban de hartas al ver cómo los curas que antes les compraban las obleas para hostias a ellas, ahora lo hacen en tiendas de los chinos. También las compran al por mayor on-line con descuentos de hasta el cuarenta por ciento, lo cual, obviamente, estaba dando al traste con una gran parte de los beneficios que las monjitas recababan.
  • Pues lo normal.., No? Mientras no exijan -los curas-, una limosna por cada Comunión…
  • No les des ideas. A la locuaz monjita, en un momento dado, parece habérsele ido la olla y otra (monja), ha decidido recuperar el micrófono mientras la periodista se disculpaba (en directo) con los oyentes. La susodicha ha contestado algo parecido a: -Para qué querrán los chinos los recortes de hostias?
  • No lo estás explicando bien. La periodista ha replicado algo parecido a que todo el mundo tenía derecho a ganarse la vida, -aunque con ello mermaran los beneficios del convento-, y la monja locuaz se ha exaltado e interpelado a la periodista con un:   -Vd de que parte está? A lo que, -lógicamente-, la entrevistadora ha intentado hacerle comprender -sin éxito ninguno-, que ella no se pronunciaba a favor de una parte u otra, que sólo cubría esa parte de la entrevista por lo curioso de la misma.
  • Al final se ha montado un circo que pa qué!
  • Algo de razón llevas. Ha sido bastante penoso. Todos, -al parecer-, tenemos una idea pre-concebida de cómo viven, de cómo trabajan, de cómo se comunican -¿o no?- las religiosas confinadas en conventos donde la norma es precisamente eso. La austeridad comunicativa. Lo que ha ocurrido, -bastante penoso, repito-, es que la entrevistada ha hablado (nunca mejor dicho), más de la cuenta. Ha dicho que no existían en “esos sitios”, refiriéndose despectivamente a las tiendas orientales, medidas controlables de higiene y/o sanidad.
  • Yo pensaba lo mismo sobre el convento. A saber cómo lo tienen ellas aprovechando que no se puede visitar.
  • No hagas leña… Entonces, la periodista ha intentado re-dirigir la entrevista preguntándole a la monja sobre cómo realizaban ellas las obleas. La entrevistada se ha puesto a explicar de qué manera preparaban las obleas y como las cortaban con unas planchas con cuchillas moldeadas para tal fin. De ahí se ha saltado el protocolo con una indiscreción, relatando cómo a menudo consumían las propias religiosas el material sobrante, los recortes de las futuras hostias. Y, ante la indiscreción, la monja además ha soltado el exabrupto al que tu te referías: -Para qué querrán los chinos los recortes de hostias?
  • Ya está? Así lo dejas?
  • Quieres añadir tú algo más?
  • No… No?
  • Pues ya está. Que saquen -cada cual- sus conclusiones. Yo me voy a dormir.
  • He de ir al lavab…
  • Pues vaaa!!

El otro día…

El otro día..

– Fue hace un par de meses.

– Vaya. Ya estás aquí de nuevo. Que tal las vacaciones?

– Bien. He estad..

– Déjalo. Era una pregunta retórica. En realidad no me importa. Cuánto más tardas en aparecer -sin duda- más feliz creo que me siento.

– Pues vaya. No podrás librarte de mi. No? Mejor harías haciéndote a la idea..

– Qué quieres?

– Nada. Apuntaba que lo que ibas a explicar no fue el otro día, fue antes de Navidad. Mucho antes, de hecho..

– Ya. Vale.. Puedo seguir?

– Por mi no te… (ah!! Vale. Era otra pregunta retóric…) Me callo.

– Decía, que el otro día.. escuché en un programa de radio, que una gente había hecho un proyecto que consistía en..

– Se dice Emprender. Emprendedores..

– Brghrr!!

– Perdona. Me voy a currar. Sigue..

– Gracias. Unos EM-PREN-DE-DO-RES habían tenido la idea de diseñar y construir unas cajas de lata para regalar a los hijos, a los seres queridos o similar, introduciendo en ellas los recuerdos que (los padres, o el que regala la lata), quiere incluir, como recuerdos obtenidos a lo largo de una vida. Luego -por ejemplo, a la mayoría de edad- la regalaban. La idea había encajado (perdón por la redundancia) bien y estaban ganando dinero.

– Seguro que era esto lo que querías contar?

– No. Ya lo sabes. Deja de escudriñar mis pensamientos. De hecho, podías salir de mi hemisferio? Gracias.

– …¿?

– Nos dio .. (ves? ya no se ni lo que digo) ME, Me dio  que pensar. Se me ocurrió que tal vez en lugar de guardar los recuerdos de una vida para tener una sorpresa el día de mañana, qué pasaría si la utilizásemos para guardar lo perdido durante toda una vida.

Qué contendría?

El tiempo perdido?

Ahora expongo mi duda:

Emplearía tiempo en abrirla y revisarla? No sería incongruente seguir “perdiendo” tiempo en repasar lo que no vivimos?

Emplear tiempo en revisar el tiempo perdido!!

Menuda paradoja.

El verano entre dos. (rutinas)

– Martes (ni te cases ni te embarques)
– No. Borra.- Martes (medio día), bueno.. las 16:03 h.
– Y sin comer..
– No te callas nunca?
– Ni debajo del agua, ya sabes que..
– Era una pregunta retórica.
– … vale, perdona.

– Martes (cuatro de la tarde con sólo un tazón de cereales en la tripa)

– Desde que hablo conmigo mismo en público, estoy ganando audiencia. Paradójico?

– Ya está? Para eso tanto boato?
– Qué querias? Me duele la espalda. La nena y la mamá se fueron a la playa con los perros. Es un dia genial, algo nublado además, para no hacer nada.
– Coño. Que te levantes y vayamos a desatascar el fregadero. Lo prometiste el viernes.
– Estuve currando..
– Estuvimos. Querrás decir!! Te invité al café de las cuatro. Recuerdas que estabas enganchado al ordenador y conseguí sacarte justo cuando iba a sonar la alarma de la caldera?
– Rencoroso. Para una vez que pagas algo..
– Levántate.
– Qué haremos de comer?
– Nada. Hasta que no se puedan fregar los platos, no cocinamos nada. Espabila.
– Que tortura. En cuanto te vayas a mear, me escapo al super a ver qué pillo..

Autoengaños?

Hace unos meses, puede que un par de años, vengo observando cierto comportamiento en mi mismo.  Al principio, no le di mucha importancia.

– No engañes. Te ponías cabezón. Cogíamos cosas, las echábamos al carro, luego las devolvías a la estantería. Te recriminabas.. Las volvías a coger…

– Fue como una catarsis. Me dejas que lo explique..?

– Claro. Lo harás igual..

Lo que contaba: A veces, con sólo tocar un producto en el supermercado me doy por satisfecho. Como si lo hubiera comprado. La crema de chocolate es un claro ejemplo.

– Ja, ja, ja.. Te recuerdo. Te quedabas con el vaso en la mano. Sopesándolo. Mirando al vacío.. dubitativo.

– Eres idiota. Si por ti fuera seguiríamos con el colesterol a doscientos y más.. Eran momentos místicos. De reprobación. De verdadera introspección. En breves segundos podía saborearla mentalmente. Y con ese instante me daba por satisfecho.

– Jajajajaa!! Místicos dice! Os lo juro, se quedaba parao, en babia. -su hemisferio. Yo me quería morir. Que vergüenza me hacía pasar-. Se quedaba parao, igual delante de un estante lleno de chocolates, como de uno de licores o uno de productos del cerdo. Estático. Parecía entrar en trance. Con el producto en una mano y quieto durante unos minutos.. parecía Hamlet declamando el “to be or not to be”. Que vergüenza, de verdad. Le cambiaba la cara. Como si hubiera sentido un orgasmo tántrico. Luego devolvía el producto al estante y se largaba pensando en lo grande que era. Una vez me tuvo dos años sin beber alcohol.

– Y lo bien que nos vino? Para depurar..

– Calla. No me lo recuerdes. Comenzaste en un verano de esos calurosos. Ni una caña me dejaste catar. Pensé que me moría ese verano. Hasta tu mujer te dijo que así no se hacían las cosas. -Y mira que ella no bebe-.

– Nos vino muy bien. Y me estás jodiendo el escrito.

– Perdone vd. Que rarito te estás volviendo con la edad.