Comienza la temporada de verano…

Bajo al Super.
Cojo la barra de pan. Doy un rulo por las neveras de Ofertas (mi mujer me tiene enseñadísimo), y tras no ver nada apetecible, me pongo en una cola para pagar.

Me atiende un chico nuevo. De esos que contratan para el verano. Más simpático él…
Veintinueve -me dice-.
Tiene tarjeta cliente? -continúa como un autómata..
– Si. Toma, -y tras la tarjeta le ofrezco dos monedas de veinte y una de uno..
Me mira. Y me dice:
– No. No señor, (primera puñalada), con el descuento son veintiséis.
Sin abrir mi boca de los truenos, insisto con mis cuarenta y un céntimos tendidos y, susurro:
– Así me devuelves quince, mejor. No?
Me mira. Insiste..
– Se equivoca señor, (segunda puñalada) son veintiséis. Le sobra.
Sonríe con su ortodoncia perfecta y le muerdo la yugular con un:
– Dale, dale a la maquinita. Marca lo que te doy según el protocolo.. ya verás, ya.

Coge mis tres monedas y me devuelve otras dos.
– Gracias señor. (última puñalada)

 

Me alejo de allí pensando (renegando que diría mi mujer), en que claro, como les obligan a tener estudios, experiencia, etc, etc..

 

Los perros, formales, se levantan al unísono al verme salir con la barra de pan.

4000 GIN-TÓNIC´S.

4000 GIN-TÓNIC´S.

(Responso. Duro, pero responso al fin y al cabo)

No seré yo quien te pase cuentas.

Hace algo más de once años, me hacía una raya sobre el auricular de un teléfono público de la planta del Clínico dónde estabas ingresado.

(la idea me subyugó divertida)

Como cuando el primo me habló de lo de Los Siete Magnificos el día del entierro de su hermano (tu ahijado).

“En la escena, uno de los ‘magníficos’ descabalgaba sobre unos cactus. Cuando le interpelaban sobre el hecho contestaba que en un primer momento le había parecido buena idea”.

Tengo a mamá en casa ésta temporada.

Lleva toda la tarde mirando tv. Ora un partido de tenis..

Ahora uno de Fútbol (sala).

Qué se le habrá perdido con el fútbol sala!!

 

Se ha hecho tan viejica…

La veo despertarse por las mañanas. Quitarse el respirador. Arrastrar los pies hasta el comedor y somnolienta, aunque con voz dulce, reclamar sus pastillas.

Suerte de mi mujer, que me alienta entre sonrisas y reniegos sobre la carga sobre-llevada. Jamás nos abandonará. Es una campeona. Pasamos juntos lo de su padre. Nos tocará repetir. Lo sabe. Lo sabemos. Aguanta, firme al cañón. Es una gran mujer.

Sabes?

Siento una mezcla de lástima, pena, e incluso desprecio por mi.

Por cómo se desenvuelven los acontecimientos.

La hemos arrancado de su casa, de su vida por su bien. Eso nos repetimos. La realidad es que es el nuestro (nuestro acomodado para-bien de no molestarnos entre los cuatro)

 No te voy a engañar. Creo que hará falta mucho esfuerzo para seguir (juntos) tras su viaje. Se palpa.

 Si las circunstancias hubieran sido otras, os estaríais cuidando como los abuelos de los cuentos que nos contabais de niños.

Ya sabes… mesa camilla, chimenea, sopas de ajo…

 

Once años viejo. Parece que fue ayer.

Así es la vida viejo. Todos tenemos reproches absurdos que hacernos.

Día del Padre. (recogiendo del suelo)

No hace mucho –últimamente con periodicidad recurrente-, escuché en un programa de radio sobre la huella virtual que dejaremos tras nuestra muerte.

El “debate”, si se le puede denominar tal, estaba en preparar la configuración de los distintos espacios en redes y/o espacios sociales para que tras el fallecimiento éstas puedan permanecer o desaparecer. Para la primera opción no hay mucha complicación, con no “hacer nada”… ya está. La segunda opción es más complicada. Necesitas delegar (a modo de herencia) en alguien que asuma tales opciones.

¡Ojo! Esto, que parece una perogrullada, no lo es en realidad. Si tan sólo pasaste por la red social jugando al póker virtual tal vez no te importe (o precisamente por eso si) que tus hijos o bisnietos, dentro de un siglo, puedan comprobar a qué te dedicabas. Por otra parte si el legado contiene pensamientos, escritos, valores, actitudes de compromiso… tal vez sea la mejor opción de herencia.

En cualquier caso, prever lo que será de mi imagen virtual dentro de… décadas? Se me antoja ciertamente vanidoso. Personalmente no me importa mucho (aunque como en otras ocasiones, supongo puedo cambiar de opinión o actitud. La maldita madurez, que ya sabéis lo que tiene)

Dicho esto:

 

Es curioso.
Yo acostumbro a “matar” a mis amistades facebookeras tras observar la letanía que el aburrimiento hace de ellas. Siempre es amable recuperar una amistad de antaño -sin embargo, con demasiada frecuencia.. decepcionan-, motivo por el cual los desecho…
Ahora bien, fingir la propia muerte! Que tremendo reto!!

No podría hacerlo. Demasiado dolor ocasionaría.

No os pasa que a veces se os cuela -en la imaginación- la posibilidad de un accidente u óbito de una amistad? Tal vez -incluso- la de un familiar muy querido?

Yo lo soluciono dándome dos imperceptibles toques con los nudillos de la mano diestra en el parietal derecho al tiempo que con el pensamiento me repruebo con un:
– No. Eso no ha de pasar.
Y ya está. Solucionado. Dejo de pensar en ello.

Me recuerda a cuando niños, cuando se nos caía un pedazo de comida al suelo, tal vez un trozo de pan y dándole un beso -milagroso “antiséptico” curalotodo- lo engullíamos sin asco.

 

SAN VALENTÍN

Catorce de febrero. SAN VALENTÍN.

¿Feliz? día de San Valentín..
Vamos, a mis ojos, el día de la cursilería hecha institución.

Realmente, -salvo tal vez para El Corte Inglés- alguien no ha sentido vergüenza ajena, rubor en las mejillas y, esa sonrisa de burla y mofa cuando vemos a un congénere -tal vez en un parque público- arrodillad@ junto a otra persona, entregándole algún objeto en forma de corazón con profusión de lazos multicolores?
A quién, de los que reciben el “regalo”, no se le escapa una sonrisa emocionada -mientras la huidiza mirada hace un barrido de cámara hacia ambos lados- y recoge el presente con lágrimas ¿invisibles? al tiempo que musita:

– Cariño (léase: cabrón). por qué me haces esto? Qué vergüenza!!!

………….

Por ampliar un poco mi perogrullada, parafrasearé a Cervantes:

A la hora de describir a uno de los personajes femeninos de la literatura española, Dulcinea del Toboso, la amada de don Quijote, Cervantes echó mano de todos los tópicos renacentistas y los resumió todos a la hora de confeccionar el retrato de Dulcinea. Recordemos que esta era existía solo en la mente del hidalgo, que había tomado como referente a una burda campesina del Toboso y que, a la hora de idealizarla, tuvo que recurrir a las damas a las que habían cantado poetas de toda Europa. He aquí la batería de metáforas utilizada a lo largo de los siglos XVI y XVII en la literatura española a imitación de los poetas italianos.

“Su nombre es Dulcinea, su patria el Toboso[…]su hermosura sobrehumana pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son de oro, su frente campos Elíseos, sus cejas arcos del cielo , sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que solo la discreta consideración puede encarecerlas y no compararlas”.

Una más sobre entierros…

Hace un par de días ha fallecido Juan. (86) Metástasis…

Juan es, -era- el abuelo materno de mi hija.

Con diferencia, Juan fue su familiar predilecto. También el mío. Aunque como me separé de su hija cundo la mía contaba ocho años (ahora ya es treintañera),lo de la empatía por los sentimientos me queda ya lejana.

(he de volver sobre esto de los muertos y enterrados, no lo hice -aun- con el mío, tengo pendiente también el de, “también Juan” -el padre de mi esposa actual-, y me parece injusto hablar sobre unos, sin el debido respeto sobre cierta cronología…)

Aun así. Quiero dejar constancia sobre este episodio en particular.

Mi hija, firme a sus ideologías, bregada de sus propias convicciones…

(me deja fuera de lugar ahora que yo ya me he aburguesado -la edad, que no perdona-.)

… respecto de lo de mantener los ideales y las posturas con respecto de las creencias -o la carencia de las mismas-, no ha entrado a la iglesia. Me lo ha explicado vía Whatssap. Yo no he asistido. Dos provincias y un trabajo me lo impiden.
– Y los perros!!

– No te metas en esto. Por favor. Si. Y los perros.. todos los que poseemos mascotas sabemos sobre la incomodidad que promueven para la “vida social”, pero ahora eso es irrelevante..

– Vale.. vale.

La verdad es que no pintaba nada allí.

El entierro de mi primer suegro!!

Ex-suegro? Qué más da.. lo cierto es que salvo en unas esporádicas cuatro o siete fotos no volví a verle nunca más.
Estaba. Si. Juan siempre estuvo ahí. Padre, madre, tío, tía, abuelo, amigo y compañero de mi hija. Un lazo difícil de deshacer (ni intención de hacerlo). Un lazo sólido. Aportó (le aportó) unos consolidados valores que todavía eran quimeras en mi interior. Cuánta envidia sana le he profesado a ese hombre..

Esta mañana mi hija me ha llamado. He entendido que debía de ser, ese, el momento elegido para poder comentar conmigo a espaldas de su madre. Hay cicatrices que siempre permanecen enquistadas.. me contaba entre hipadas risas histéricas y frustrados lloros (hasta me he asustado por el cariz que la conversación iba tomando. Las emanaciones de la tensión que producen los sentimientos a veces conducen a males mayores… luego, poco a poco, se ha ido tranquilizando), de cómo desde su posición – a las puertas del templo- ha asistido a la incongruencia de los tiempos.

El coche fúnebre ha llegado tarde. El tráfico. Estamos en Carnaval. El estacionamiento del mismo se ha convertido en un periplo dado que la estrecha calle entre la Iglesia y el Mercado Municipal no permitía demasiadas maniobras un sábado al medio día. Cuando las torpes zarpas del pobre chófer iban a dar al traste con un olivo cercano, mi hija a intervenido en socorridas indicaciones.

Dentro, la ignorancia sobre los acontecimientos exteriores, -imagino- transformaba la espera en tedio nostálgico. Tampoco la educada espera ha requerido protestar la tardanza. Los acontecimientos han permanecido inadvertidos…

  • Hasta un vídeo he grabado papá. -Me ha comentado entre hipos-.

Supongo, que en los tiempos que corren, el recuerdo -sea cual sea- nos ayuda en posteriores purgas nostálgicas.

Horas más tarde he recibido una muestra del vídeo referido. Junto a él, una breve y significativa palabra: Kafkiano.

En el vídeo -que no os mostraré- se veían las fachadas enfrentadas del Mercado y la Iglesia. El olivo indultado junto al negro monovolumen. Y una algarabía de músicas y coloridas comparsas desfilando por la estrecha calle.

Se diría que no pudo elegir mejor desfile para partir.

Innecesaria Sensación de Ligue. (poema)

Barra de bar.

Señorita -mojito en mano- absorta en partida de ajedrez.

Jugando contra si misma.

Un pellizco de sonrisa -en realidad hacia mis canes- hace que por un instante me permita soñar con situaciones anteriormente vividas.

Efecto nostalgia.

El estuche del juego -una joya en arabescos de marquetería no más grande que un plato de postre-, no me permite enfocar la estratégica situación de las fichas.

Dudo, si intervenir -como adalid itinerante-.

En su lugar, sonrío como lobo desdentado, ante el amable cruce de miradas…ante la absurda espera.

A pesar de sus marcados ibéricos rasgos,

un fluido inglés surca sus labios en lo que parece un saludo hacia…

… otra ninfa -de similar edad indefinida- que surge por mi espalda.

Lástima!!

El saludo -íntimo- entre ambas,

me invita a especular a no hacer el ridículo.

Mientras la bienvenida se permite refrescar los labios con la copa ajena,

el camarero sirve dos nuevas.

Una pequeña brizna de hierba-buena en el labio de la recién llegada,

es motivo para la aclaración definitiva.

En gesto rápido -y sensual- con un dedo, la primera,

le quita e introduce en la boca la ínfima y verde partícula.

El sugerente gesto…

(tan rápido como íntimo)

me ha provocado un atisbo de erección.

Menos mal que siempre fui mal jugador de ajedrez.

Mi estrategia hubiera decepcionado.

Cuánto daño hace el “cambio automático” de las máquinas registradoras.

Hoy me he parado a desayunar tras salir del banco. Muy notoria era la excusa -ya lo comento otro día*-, para obligarme a pisar ese antro.

Para desquitarme del encabronamiento, ya digo, me he regalado con un buen café con leche y un cruasán.

Mientras degustaba el desayuno, otro cliente recibía el cambio de la mano de la camarera con un:

  • Disculpe, voy mal de cambio, tengo pocos billetes y ninguno es  de diez (euros)

Y le entregaba dos de cinco junto a la chatarra-.

Solícito, mientras ojeaba el periódico,  he interrumpido la conversación con un:

  • Yo voy a pagarle con uno de diez, si quiere, se lo doy ahora?

La camarera, sin parecer comprender el gesto, tan sólo ha contestado con un:

  • No. Es igual. Es lo mismo.

Mientras, le ha dirigido una mirada cómplice al cliente, que parecía revelar un gesto tipo:

<<Otro iluminado que se cree más listo>>

El cliente, lejos de comprender ambos gestos y, ante mi insistencia, ha recogido mi billete tendido y ha salido del establecimiento dejando tras de si sus dos billetes de cinco. La camarera, trayéndomelos ha insistido en su réplica.

  • Es lo mismo. Yo no gano nada.

Levantando el gesto del periódico y sin pretender parecer ni paternalista ni condescendiente, le he hecho entrever que de esta manera, -cuando yo le pague- lo haré con un billete de cinco, que guardará en su caja. Seguirá sin tener ninguno de diez pero tendrá más de cinco euros.
Como seguía en sus trece y con cara de no entender, he bajado un escalón más en mi docencia:

Si vd le da dos billetes de cinco al cliente anterior y se va con ellos en el bolsillo, luego yo le entrego uno de diez y vd  junto con la chatarra debe devolverme otro de cinco.

Si vd le da mi billete de diez al cliente anterior y se va con el en el bolsillo, luego yo le pago con uno de cinco que vd guarda en su registradora -más el que no me ha de devolver-.

Barrio Sésamo señorita, Barrio Sésamo.