Grandes valores.

GRANDES VALORES
Cuando me amé de verdad
comprendí que en cualquier circunstancia,
yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta,
y en el momento exacto, y entonces, pude relajarme.
Hoy sé que eso tiene un nombre …”Autoestima”
Cuando me amé de verdad,
pude percibir que mi angustia,
y mi sufrimiento emocional, no es sino una señal
de que voy contra mis propias verdades.
Hoy sé que eso es …”Autenticidad”
Cuando me amé de verdad,
dejé de desear que mi vida fuera diferente,
y comencé a ver todo lo que acontece,
y que contribuye a mi crecimiento.
Hoy eso se llama …”Madurez”
Cuando me amé de verdad,
comencé a percibir
como es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona,
solo para realizar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento,
o la persona no está preparada, inclusive yo mismo.
Hoy sé que el nombre de eso es …”Respeto”
Cuando me amé de verdad,
comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable …,
personas, situaciones, todo, y cualquier cosa
que me empujara hacia abajo.
De inicio mi razón llamó esa actitud egoísmo.
Hoy se llama …”Amor Propio”
Cuando me amé de verdad,
dejé de temer al tiempo libre
y desistí de hacer grandes planes,
abandoné los mega-proyectos de futuro.
Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta,
cuando quiero, y a mi propio ritmo.
Hoy sé que eso es …”Simplicidad y Sencillez”
Cuando me amé de verdad,
desistí de querer tener siempre la razón,
y con eso, erré menos veces.
Hoy descubrí que eso es la …”Humildad”
Cuando me amé de verdad,
desistí de quedar reviviendo el pasado.
(Charles Chaplin)

Filosofando…

“Es fabuloso el tiempo que transcurre desde que la mierda te llega al cuello, hasta que realmente la catas…”

Con lo cuál -salvando lo escatológico del razonamiento-, quiero decir que no hay que desesperarse ante los problemas diarios? La mayoría de las cuitas se resuelven solas? O no?

Pocas situaciones… nos deberían sumir en tristeza?

(tal vez la muerte anticipada de un hijo, como ejemplo cercano por antinatural, o la de un perro, por el sentimiento inigualable de lealtad demostrada, o el desarraigo de un árbol de nuestro jardín, que hemos visto crecer día a día, estación tras estación)

Ojo!! No quiero comparar hijos con animales o plantas, no se me malinterprete. Sin embargo…

Ahora hace cinco años sufrí un accidente en mi mano izquierda, un atrapamiento de tres dedos en un engranaje metálico. Los tres centrales. El índice fue reconstruido tras la infame amputación, los otros  ¿sólo? recosidos. Dos operaciones, una con micro-cirugía. Setenta y dos puntos en total. Volver a aprender a utilizarlos..

No creo que haya nada que nos predisponga hacia una implacable realidad nunca imaginada, el fallecimiento de alguien muy cercano, -quiero pensar-, debe ser comparable al arrebato de un miembro. Uno de verdad, no como en mi caso, que tuve bastante suerte dadas las circunstancias.

Por qué escribo sobre esto?

Estoy leyendo un libro en donde el protagonista -un narcotraficante confeso-, comienza a plantearse sobre las consecuencias de su trabajo (los daños colaterales que tan prosaicamente acostumbramos a escuchar en los Noticiarios y que nunca, parece que tomemos en serio en toda su terrorífica extensión). Tras un fallo en “su trabajo”, al perder un cargamento y ante la imposibilidad de restituirlo o pagarlo, el delincuente parece darse cuenta por primera vez en su vida las posibles consecuencias represivas y, para dar ejemplo de las que va a ser objeto.

Se imagina a si mismo maniatado, molido a golpes, y obligado a asistir al deplorable espectáculo de la violación de su esposa y desmembramiento de una hija. El sujeto se formula -mentalmente-, a la última reflexión:

  • Los golpes que recibiese a continuación sólo podrían ser un bálsamo que le calmase el dolor.

Terrible.

Cuánto dolor estamos permitiendo continuamente?

Miseria. Hambre. Trata. Refugiados. Corrupción. Paraísos Fiscales. Ablación. Xenofobia. Violencia machista. (el etc. es tan largo que no merece la pena insistir)

Volvamos al principio.

“Es fabuloso el tiempo que transcurre desde que la mierda te llega al cuello, hasta que realmente la catas…”

Y seguiremos, absortos, fielmente atentos, puntuales y sin hacer nada.

 

 

 

 

 

Consejos…

El otro día -durante la cena de Nochebuena- el paternalismo de mi cuñado hizo gala de manera estrepitosa cuando, dirigiéndose hacia uno de mis sobrinos en edad de…   le increpó por la contestación a su abuela, dada que la misma no pareció (por su inusual sencillez abrumadora) agradar en el coloquio formal de dicha cena.

La abuela, tras ofrecerle cincuenta euros, de navideño regalo, le recordó entre susurros:
– Toma hijo, para que lo gastes -sin que lo sepa tu padre- en llevar a tu novia al cine…
– Nada de eso abuela. Lo gastaré en condones.

La abuela -mi madre. Con setenta y nueve años a cuestas, medio riñón funcional, problemas de respiración y un largo etcétera de esposas (mías) y maridos (de mis tres hermanas) en el saco del olvido-, pareció coger aire antes de contestar:
– Así me gusta hijo. Que no salgas gilipollas como mis cuatro hijos.

El padre de la criatura, meditando si mediar palabra -entre abroncar al hijo por su perorata o vitorearle ante la épica contestación- vio frustrados sus consejos cuando la abuela terció:
– Tu, mejor te callas. No vaya a ser que mi hija decida cambiarte por otro. Que ya estoy harta de conocer gente de paso en esta casa.

El silencio -incómodo- (para qué os voy a engañar), se resolvió con un brindis por la ocurrencia del niño.

Supongo que el año que viene, el hermano del primogénito, se preparará un discurso antes de cenar.