Una más sobre entierros…

Hace un par de días ha fallecido Juan. (86) Metástasis…

Juan es, -era- el abuelo materno de mi hija.

Con diferencia, Juan fue su familiar predilecto. También el mío. Aunque como me separé de su hija cundo la mía contaba ocho años (ahora ya es treintañera),lo de la empatía por los sentimientos me queda ya lejana.

(he de volver sobre esto de los muertos y enterrados, no lo hice -aun- con el mío, tengo pendiente también el de, “también Juan” -el padre de mi esposa actual-, y me parece injusto hablar sobre unos, sin el debido respeto sobre cierta cronología…)

Aun así. Quiero dejar constancia sobre este episodio en particular.

Mi hija, firme a sus ideologías, bregada de sus propias convicciones…

(me deja fuera de lugar ahora que yo ya me he aburguesado -la edad, que no perdona-.)

… respecto de lo de mantener los ideales y las posturas con respecto de las creencias -o la carencia de las mismas-, no ha entrado a la iglesia. Me lo ha explicado vía Whatssap. Yo no he asistido. Dos provincias y un trabajo me lo impiden.
– Y los perros!!

– No te metas en esto. Por favor. Si. Y los perros.. todos los que poseemos mascotas sabemos sobre la incomodidad que promueven para la “vida social”, pero ahora eso es irrelevante..

– Vale.. vale.

La verdad es que no pintaba nada allí.

El entierro de mi primer suegro!!

Ex-suegro? Qué más da.. lo cierto es que salvo en unas esporádicas cuatro o siete fotos no volví a verle nunca más.
Estaba. Si. Juan siempre estuvo ahí. Padre, madre, tío, tía, abuelo, amigo y compañero de mi hija. Un lazo difícil de deshacer (ni intención de hacerlo). Un lazo sólido. Aportó (le aportó) unos consolidados valores que todavía eran quimeras en mi interior. Cuánta envidia sana le he profesado a ese hombre..

Esta mañana mi hija me ha llamado. He entendido que debía de ser, ese, el momento elegido para poder comentar conmigo a espaldas de su madre. Hay cicatrices que siempre permanecen enquistadas.. me contaba entre hipadas risas histéricas y frustrados lloros (hasta me he asustado por el cariz que la conversación iba tomando. Las emanaciones de la tensión que producen los sentimientos a veces conducen a males mayores… luego, poco a poco, se ha ido tranquilizando), de cómo desde su posición – a las puertas del templo- ha asistido a la incongruencia de los tiempos.

El coche fúnebre ha llegado tarde. El tráfico. Estamos en Carnaval. El estacionamiento del mismo se ha convertido en un periplo dado que la estrecha calle entre la Iglesia y el Mercado Municipal no permitía demasiadas maniobras un sábado al medio día. Cuando las torpes zarpas del pobre chófer iban a dar al traste con un olivo cercano, mi hija a intervenido en socorridas indicaciones.

Dentro, la ignorancia sobre los acontecimientos exteriores, -imagino- transformaba la espera en tedio nostálgico. Tampoco la educada espera ha requerido protestar la tardanza. Los acontecimientos han permanecido inadvertidos…

  • Hasta un vídeo he grabado papá. -Me ha comentado entre hipos-.

Supongo, que en los tiempos que corren, el recuerdo -sea cual sea- nos ayuda en posteriores purgas nostálgicas.

Horas más tarde he recibido una muestra del vídeo referido. Junto a él, una breve y significativa palabra: Kafkiano.

En el vídeo -que no os mostraré- se veían las fachadas enfrentadas del Mercado y la Iglesia. El olivo indultado junto al negro monovolumen. Y una algarabía de músicas y coloridas comparsas desfilando por la estrecha calle.

Se diría que no pudo elegir mejor desfile para partir.