Los Cuentos que me contaban cuando era crio.

Estaba escuchando por radio, una de esas historias con más moralina que moraleja.

Trataba sobre un hermano que -al morir su padre-, había heredado la casa, los establos, el ganado, las tierras…

Mientras que, el hijo pequeño tan sólo heredaba una barraca en un extremo de la tierra de su hermano, una barraca rodeada de un barrizal.

El hermano afortunado se reía del pequeño, se burla de su suerte y lo deja en el Cementerio, sin tan siquiera acercarlo al chamizo.

A la semana siguiente, cuando el hermano afortunado decide dar una vuelta por sus posesiones, a lomo del recién heredado caballo de su padre, se encuentra que sobre los barrizales que lindan con su propiedad, su hermano había construido un hermoso puente, con la madera obtenida tras haber desmontado la barraca que heredó, con sus pasamanos bien pálidos y todo.

<<Una obra bien hecha>>

No pudo por menos, que pensar para sus adentros.

Sorprendido, se apea de su montura y dirigiéndose a su hermano le pregunta:

– Cómo es que con lo mal que me he portado contigo has construido éste puente tan fantástico?

El hermano pequeño le contesta que es una forma de acercarse a él y que ahora que ya lo ha conseguido, es hora de partir e irse..

Avergonzado por su actitud, -pero consciente de las habilidades de su hermano-, se dirige hacia él y le dice:

– Perdóname, no te vayas. Piensa en todas las cosas que podemos hacer juntos..

Y el pequeño le contesta:

– Lo siento, no puedo. Tengo muchos puentes que construir..

 

Éste tipo de historia me recuerda a una que me contaban de pequeño, no recuerdo bien quién.

Había un hombre que gemía y se lamentaba junto a un río, se le aparecía un hada buena del bosque y le preguntaba sobre el por qué de su desdicha.

El hombre le explicaba que se le había caído su hacha al río y que estaba muy afligido porque ahora no podría talar árboles y sería incapaz de sacar a su familia adelante.

El hada le sacaba un hacha de oro del río, el leñador le decía que esa no era la suya…

Luego sacaba una de plata.. La misma cantinela, hasta que por fin la hada sacaba un hacha cochambrosa y vieja del río y el hombrecillo se ponía muy contento porque esa si era su hacha..

El hada buena del bosque ante la honradez de este leñador, le regalaba también las dos primeras como recompensa.

La moraleja que este cuento nos enseña es evidente. Y yo, ya lo pillaba a la primera desde mi primera infancia.

Sin embargo.. Siempre me planteó extraños, por no decir complejos problemas..

1 – Cómo coño se le cayó el hacha al río?

2 – Por qué no se metía él en el río para buscarla y cogerla?

3 – Por qué le decían hombrecillo?

Comprendo perfectamente que podía referirse al estado lastimero que ofrecía frente al hada, pero en cualquier caso, un leñador, de los de antes, camisa de cuadros y pelos como escarpias sobresaliendo de sus brazos remangados (yo los imaginaba así viéndolos en los cuentos troquelados de mi época), podía ser cualquier cosa menos hombrecillo..

4 – Si ya lo del hada cantaba.. Imaginaos que tuviera además la suerte de que fuera un hada buena.. (esto era de lo que más me hacía bailar la cabeza, pues es lógico pensar que si el leñador hubiera cogido la primera hacha que le sacó el hada, la de oro (con la cual podría quitarle el hambre a su familia mucho mejor), lo más lógico es pensar que el hada buena se transformase en una fiera gorrupia que por mentiroso lo cogía y lo tiraba a él al río por lo menos!!

5 – Para qué ostias sirve un hacha de oro, de plata o de lo que fuera.. si no servía para cortar al ser éstos metales blandos?

6 – Quienes eran lo suficientemente necios, no sólo para tener unas inútiles hachas de metales preciosos, si no para además perderlas de forma tan absurda en el fondo del río y, largarse sin estirarse de los pelos ante su malísima suerte… Etc, etc…

Éstas son las preguntas más evidentes que corrían por mi cerebro de niño mientras mi picardía sólo maquinaba estrategias para llevarme todas las hachas y engañar al hada. (Aunque no fuera buena)

 

Tan valiente era el hermano pequeño, como para darle semejante lección a su hermano?

Me cuesta mucho imaginarlo…

Madre (2 o tres…)

Esta mañana, de camino al curre,
escuchaba por radio un programa de música.
“Al filo de lo imposible”, de RNE.
(se emite los sábados de cuatro a cinco de la mañana)
Sobre las cuatro y media sonaba Chopin,
cruzar los campos, con mis perrícos alrededor,
revoloteando cada cual con su punto de luz..
(ella en blanco parpadeante, él igual en rojo vivo)

El incipiente amanecer clareando las tierras del este,
el crujir sincopado de la hierba paso a paso,
el latigazo mínimo y húmedo de los anises en mis piernas desnudas..

me retrotrajo a las mañanas de hace cinco décadas.
Mañanas de sábado.
Mamá ponía discos de música clásica en nuestro toca-discos de maleta.
No siempre nos parecía bien..
aquellas melodías, a veces tediosas, otras veces no.

Tampoco teníamos muchos discos. cinco, tal vez ocho, no se.
Las cuatro estaciones, predominaba.
Aportaban luz al invierno barcelonés, alegría en sus primaveras.

Wagner, potente, parecía dejarte sin respiración.
Tchaikovsky (mi preferido), me llevó hacia el heavy metal.
No se explicar por qué.
La abrumadora potencia de sus notas, supongo, me permitía no pensar.
Sentir sin pensar. Bálsamo para las voces de mi cerebro.

En cualquier caso, el paseo de ésta mañana me llevó a pensar en mi madre.
Gracias mamá.
Te quiero.