Al cuarto timbrazo.

Qué asco le tengo a la gente que cuelga al cuarto timbrazo!!
Esa gente, -que por lo visto-, cree que todos estamos esperando a que nos llamen por teléfono.
Esa gente, incapaz de comprender que la mayoría no estamos perdiendo el tiempo, viendo tal vez Tele5 o similar.. Esperando, aburridos en un sofá, sú llamada.
Esa gente, que es incapaz de -por lo visto-, comprender, que cuando escuchamos el primer timbrazo, RING..!!, ese ruido nos sorprende con un:
– Ha sonado el teléfono?
RING..!!
(segundo timbrazo)
Te levantas, dejas lo que estás haciendo, (te secas las manos, cierras un libro..)
RING…!!
Corres por el pasillo, la mayoría de las veces pensando que tan sólo será uno de “esos” que cuelgan al cuar… RING..!! ..to..
DIGA? Consigues contestar mientras descuelgas y tropiezas con alguna cosa, justo antes de escuchar el chasquido del TU.., TU.., TU.., TU… TUUUUUUUU..!!!!
Y darte cuenta de que era otro subnormal de esos.

Que mal llevamos lo de la vergüenza ajena!

Ayer, camino del curre, observé una actitud reprobable. No pude ni morderme la lengua, ni mucho menos replicar… el gesto.

Dada mi posición, a lomos de la moto, desde detrás de un vehículo de alta gama, vi como una mano ensortijada de señora, -de estas que aparecen tan sólo los fines de semana-, tras abrir el cristal de la ventanilla del copiloto del conductor, tiraba el envoltorio del caramelo que, imagino, acababa de engullir.

Como sea que fuere el papelillo fue revoloteando hasta detenerse junto a la visera del casco y, parado como estaba esperando la luz verde, con rápido y hábil movimiento el goloso rectángulo de papel de color azul, recogí al vuelo.

Raudo, y dado que el reprís de la moto me lo permite, aproveché la parada en el siguiente semáforo para, situándome junto a su ventana -por suerte aun abierta-, comentarle a la dama.

  • Señora..!! Se le han caído unos papeles antes.

La mujer, con evidentes síntomas de tener la dentadura sujeta por el Súgus, balbuceó algo parecido a esto:

  • A mi? No. Debe de estar vd. equivocado.
  • Se-Ño-Ra. -Me permití recalcar sílaba a sílaba-. Que la acabo de ver…
  • Qué dice vd? -Agregó el conductor del vehículo, mientras trataba de escamotear el rectangular paquete del hueco formado por ambos relojes de kilometraje…

Me decidí por lo más rápido, echar el papelillo por la rendija del ventanuco cual si fuere un buzón para remitir la prueba de la vergüenza.

El hombre debió de asustarse, -ignoro cuánto de culpa debía estar acostumbrado a sufrir por la dama ensortijada-, aceleró en ámbar  y salió poco menos que derrapando.

Tal vez si me hubiese presentado por su lado, con el papel del Súgus de piña, decorando mi visera del casco, me hubiera prestado algo más de atención?

Intentaré otro día ser más hábil…

Miseria en las calles.

Ahora que ya parece que la economía se mueve (un poco al menos), recuerdo una conversación que mantuve con mi esposa, ahora hace ya tres o cuatro años, cuando el principio de La Crisis.

La Crisis. Terribles palabras que ya denotan por si solas toda una etapa. Por eso las escribo -ambas palabras-, con mayúsculas.

  • MISERIA EN LAS CALLES.

(un breve, aunque agrio, ejemplo sobre una conversación con mi esposa)

 

La mujer volvía a quejarse,  su jefe le había vuelto a ponerle inventario de noche -ella tenía turno de mañanas-.
– Cómo es posible, que si el sábado salgo de trabajar a las 14h. hasta el lunes, tenga que ir el mismo sábado a las 21:30h. para hacer inventario? -Se lamentaba al marido!!-.
El marido, la contempla.. “distraído”.
– Todos los finales de mes son iguales, siempre te toca a ti ir a inventariar? Tu jefa no se da cuenta..? No es posible que el inventario lo haga la que salga del turno de tarde? -añade-.
La mujer renegaba un mes tras otro.
– He de ir a hablar con el encargado.. Estoy harta. Me faltan horas.. He de hablar con Recursos Humanos..
El marido, -divertido-, continuaba observándola.
– Si quieres voy yo.. le invito a un café y le pregunto: ¿Cómo “organizas” un fin de semana si cada fin de mes me haces la misma historia?
La mujer reía (sin ganas), la ocurrencia, mientras le decía:
– Calla, calla. Hoy he ido a hablar con él. Me lo encontré en el pasillo de perfumería. Sostenía entre las manos un cartón vacío. Le hablaba a un señor mayor -un viejito, que hubiéramos dicho en otras circunstancias-. El encargado, con su traje bien planchado, la corbata con el logotipo de la empresa bordado, los ojos serios, la mirada baja.. le decía:
– Por favor, entrégueme la colonia y váyase. No comprende que si no me la da, tengo que llamar a la policía. ?
La mujer, avergonzada, giraba por otro pasillo.
– (Mañana le reclamaré mis horas), total, yo si tengo trabajo.
El viejito serio, mudo, cabizbajo.. -seguro recordaba mejores tiempos, plenitud, energía, guerra civil, nietos..- En silencio lloraba.
El marido ya no ríe las injusticias para con su mujer..

(el marido sólo deja constancia escrita de estos tiempos de miseria en las calles)
– Y más que vendrían, (pienso en voz alta)